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martes, 1 de noviembre de 2022

Noviembre 2022



Iba distraída en medio de la gente y las ofertas de la feria. El sopor del mediodía ya me estaba haciendo arrepentir del paseo (que debió ser más temprano, pero escritos), cuando una figura alta y espigada se detuvo abruptamente ante mi paso. Levanté los ojos y vi una sonrisa: era Brandom. _ ¿Cómo está mi ex alumno preferido?- pregunté en medio de un abrazo, aunque de inmediato una voz interior me dijo que preferido uno no tengo, pero él está en el top 5. A 250 por año y más de treinta de docencia no está mal ser del top 5 (ni estaría mal que yo no lo reconociera de no haber sido de los preferidos, digo, quitándome responsabilidad por tantas y tantas charlas con quién sabe qué personas anónimas que me han cruzado por la feria y otros lados). _ ¡Bien, bárbaro! - dijo el muchacho, y mientras charlábamos del librote que acababa de comprarse y de los capuchinos que yo buscaba recordé que la última vez que nos vimos fue en una Marcha de la Diversidad de hace dos años, cuando aún (algunos) andábamos de tapabocas. _ ¿Seguís estudiando? ¿En qué año estás? -pregunté esperando recibir un "primero" o "segundo", porque yo lo tuve cuando arrancó el bachillerato, hace re poco tiempo. _ Sigo, sí: casi termino cuarto. _ ¡Estás en cuarto!! _ Sí, profe, y este año empecé a dar clases en Facultad. Nos quedamos charlando unos minutos y después seguimos nuestros caminos. Cosa rara, esto de las percepciones. Salí del encuentro con el alma rejuvenecida (por los afectos y todo eso) y el cuerpo preocupado (por tempus fugit y todo eso). El sopor del mediodía daba una falsa sensación de inmovilidad, pero el tiempo no solo no se detiene sino que va cada vez más rápido. Por las dudas paré un par de puestos adelante para comprar unos vicios; no sea cosa que la vida siga avanzando y hoy sea más tarde de lo que imagino. Carpe diem, estimados. Que nunca falten los encuentros. Y en eso estamos.




Isabel era una gran aportadora al teatro. “Macbeth” fue escrita en el siglo XXVII. Fue escrita por Shakespeare como una obra de teatro pero luego otra persona la convirtió en obra literaria. Las brujas son añejas. Lady Macbeth fabrica ideas malvadas. Las brujas tienen un diálogo anónimo. Buenos días.




Estoy a punto de ponerme a corregir los escritos cuando golpean a la puerta: son mis viejos, que vienen de tirar la basura en el contenedor y paran para hacerme una visita de médico de menos de cinco minutos. Se los ve bien; la crisis del día de la mudanza parece (por ahora) haber caído en el olvido. Media hora más tarde estoy a punto de ponerme a corregir los escritos cuando alguien tantea el picaporte de mi puerta y después golpea. Voy hacia la ventana, sorprendida, y veo que es el Viejo Gómez, que vive una casa por medio. Abro. Me queda mirando en silencio con sus ojos azules transparentes y a los cuatro segundos dice: _ Me equivoqué de casa... Debe ser porque estoy viejo: ¡hoy cumplo 93 años! Le digo que es un error común y le deseo felicidades pero no creo que me oiga, porque siempre fue un poco sordo, al igual que su esposa. El Viejo Gómez se va con los mandados del almacén, y desde la cocina lo escucho decirle a otra persona: _ Hoy es mi cumpleaños: cumplo 93. Unos minutos después estoy a punto de ponerme a corregir los escritos cuando se me ocurre escribir esto. Después pasará otra cosa (la deadline es la noche del domingo). Y así estamos.






Diálogos de liceo _ Vamos a trabajar con el texto que les dejé ayer en Crea. Lo que tienen que hacer en la primera hora es solo leerlo y preguntar si hay algo que no hayan entendido. _ ¿Podemos ir afuera? _Bueno, pero en este patio. En el salón o afuera, pero no al sol, que está fuerte. .......................................... Al rato empiezo a escuchar una voz española en el teléfono de una chica. _ Fiorella, Juan, ¿qué están oyendo? _ El trabajo, profe: le pedimos a Alexa que lo lea. (Alexa: "Hola, ¿cómo estás? Sale de escena. Bien. Sonriendo...") ......................................... _ Fulana, ¿eso que tenés en el teléfono es la obra? _ No, profe, pará que ya voy. ¡Tengo una emoción! _ ¿Por? _ ¡Me sigue el Chino Recoba, profe! El Chino, ¿entendés? ........................................... _ Una pregunta... ¿Yo tengo posibilidades de llegar al 11? ........................................... _ Es que yo no tengo celular. -dice el muchacho que siempre me sorprende por su estética original y colorida, con una barbita en punta al estilo D´Artagnan. _ ¿No tenés teléfono? ¿Pasó algo? _ No, no: nunca tuve. Mi padre tampoco, dice que no le gusta. Mi vieja sí, una vez tuvo, pero a los pocos días no le gustó y lo terminó tirando. _ Qué bien, sos una especie de revolucionario... _ No sé si tanto, es solo que no me atrae. ........................................................................ Suena el timbre de salida. Sobre un banco una mochila y tres paquetes de galletitas. _ ¿Alguien sabe de quién es esto? -pregunto al verlos salir a todos. _ Sí, de Luna. _Pero Luna no es de este salón. Ni siquiera es de este piso. _Ni idea, profe... Pero es de ella. .................................................................... Y así, todo el día. Para entretener las neuronas cansadas nada como unas buenas ocho horas de clase de corrido. En noviembre. Con 28 grados. Habiendo dormido poco. Y todo eso.





Desde ayer por la tarde tengo a media cuadra a dos viejitos que aparecen por mi casa a cualquier hora, traen comida casera, juegan con los gatos de los vecinos y me pegan unos sustos tremendos. Él se desestabiliza si no tiene un espejo para peinarse con uno de esos peinecitos marrones o negros que ya eran antiguos cuando yo era chica. Ella está pendiente de que no se le escape ninguno de sus tres felinos (ni mi viejo). Ayer cuando llegó el camión de la mudanza (a la una y poco de la tarde del día más caluroso en lo que va de primavera) casi nos caemos de traste cuando vimos que uno de los tres pet carriers venía vacío: estaba la gata barcina, estaba el Gatón (en muy malas condiciones higiénicas, porque los viajes lo estresan) pero faltaba la siamesa (la que vive con ellos pero es mía de alma). El camionero es re bichero y cuando vio la jaula vacía se le fueron los colores de la cara, pero enseguida la escuchamos llorar desde un rincón, y supimos que la fugada estaba oculta, pero sana. Bajamos cajas, muebles y cachivaches. Los gatos quedaron encerrados por un rato y en seguida se treparon a los estantes más altos del armario. Mi viejo anduvo tambaleando y casi se desmaya, pero no había cómo explicarle que no tenía que hacer esfuerzo. El vecino de enfrente nos salvó la mudanza: no solo ayudó con las cajas y los paquetes sino que se las ingenió para entrar la mesa desatornillándole una pata y logró medio desarmar y armar las camas, que nosotros ya queríamos pasar a serrucho. La nueva casa es enorme y bien cuidada. El fondo tiene espacios de cemento y tierra, zonas de plantas y un galpón más grande que cualquiera de las habitaciones, tan vacío que parece pista de baile. _ Te traje una mesita para el galpón, una que era de ustedes. –comenté. _ ¿Una mesita? –preguntó mi vieja, que al verla terminó por ubicarla: -¡Ah, esa mesita! Era la única que teníamos con el Cele cuando nos casamos. La mesita y dos taburetes: éramos muy pobres, no daba para tener muebles. El Cele no recuerda nada y sale del paso preguntando dónde quedó la Guaytica, que se murió hace tres meses. Cosas que pasan. El equilibrio en el nuevo hogar es precario y complicado. Por ahora la vamos llevando de a un día a la vez, y no da para hacer planes. Estoy cansada y emocionalmente agotada, tanto por la paz en cuerda floja a media cuadra de casa como por la montaña de pruebas que desde la mesa de la cocina reclaman unas neuronas despiertas que no sé si estoy teniendo. Hoy desperté a las cinco, y llegué veinte minutos antes al liceo. Todo está un poco patas arriba. A mis viejos les encanta la nueva gata oscurita: creen que puede ser cruza con un gato montés, y mi madre dice también que por las patas enormes capaz que es gato castrado, aunque la susodicha anda evidentemente en celo y parece estar de amores con el vecino amarillo. Y en eso estamos. Resistiendo.




Digamos que la instalación de mis viejos no ha sido todo lo fácil que las fotos del mediodía permitían imaginar. Digamos que ha sido un largo día. Digamos también que algunos reencuentros le han quitado toneladas de estrés a la jornada. Y en eso estamos.




Reciclando crónicas: 2018 Venía sumergida desde hacía media hora en una intriga de crímenes y engaños que llevaba 200 páginas y ya había pasado por dos continentes y tres países. Cuando levanté los ojos vi que estaba cerca de mi parada, cerré el libro de Mankell y decidí cambiar la violencia de la ficción por la pacífica modorra del barrio a la hora de la siesta. El 405 venía medio lleno, con personas de pie. Me paré para bajar y en ese momento una camioneta gris se adelantó a toda velocidad, tocó bocina e hizo señas al chofer para que frenara. El bus se detuvo en la parada y yo descendí, al mismo tiempo que un muchacho salía de la camioneta. “Tanto lío para que un flaco pueda tomarse el 405”, pensé, pero cuando le vi las facciones desencajadas y el palo en la mano me di cuenta de que la cosa no venía por ese lado. En medio segundo dos hombres más se bajaron y corrieron hacia el 405 dejando la camioneta vacía y con las puertas abiertas, al tiempo que un nuevo vehículo gris se orillaba en Camino Maldonado y de él descendía otro hombre, que también corrió hacia el bus. Todos iban de negro, con remeras de un boliche (creo que “Nocti Bar”). _ ¡Abrime atrás, abrime atrás! – gritaba uno de ellos junto a la puerta trasera, mientras otros tres subían por la de adelante. Soy la persona menos chusma y más miedosa, así que rápidamente me dispuse a cruzar Camino Maldonado e ingresar al territorio seguro de la cooperativa, pero no pude evitar ser testigo de una escena confusa que implicaba un hombre joven bajando a toda velocidad por la puerta trasera del ómnibus, un patrullero que hacía su aparición estelar con la sirena abierta y una manada de remeras negras persiguiendo de cerca al fugitivo. El 405 reinició la marcha como si nada hubiera sucedido, en tanto cazadores y presa proseguían su lucha intensificando el peligro, porque todos cruzaron Camino Maldonado a lo loco, esquivando por milímetros a los autos, ómnibus y motos que se desplazaban en sentido contrario. Un par de policías abandonaron el patrullero y se sumaron a la persecución, hasta que entre todos atraparon al fugitivo y lo tiraron al suelo. Para ese momento ya se estaba congregando una pequeña multitud de curiosos en la vereda. Yo dejé de mirar, acomodé una bolsa de mandados en cada mano y comencé a caminar sin apuro hacia Arbolito mientras desde una de las bolsas el viejo Mankell me guiñaba un ojo como diciendo que las apariencias engañan, que la paz y la convivencia siguen siendo espejitos de colores y que nadie está a salvo.



En un escrito, sobre la escena 1 de "Macbeth": "Cuando la batalla esté ganada y perdida" parece ambiguo pero no lo es. Nadie sale absoluto ganador de una batalla, siempre perdés algo. La diferencia entre el vencedor y el perdedor es que el vencedor perdió un poco menos.





¿Qué hace una tomando un Moka a las nueve de la noche de un sábado en primavera? Una se pasó la tarde limpiando, estimados. Una lavó y enceró pisos, limpió vidrios, cortó pasto y un larguísimo etc que la ha dejado con poca movilidad y con la mirada perdida en el horizonte (el de la cafetería, que debe estar a veinte metros, pero bueh). Una post limpieza vino al shopping, compró cortinas y alfombras de baño, hizo copias de llaves y hasta adquirió un cuadrito con paisaje de bosque tapizado de verdes y amarillos. Esto no parece corresponder ni a los intereses ni a las actividades de una en las últimas décadas (o en lo que va de este siglo, por lo menos). ¿Qué edad tiene una hoy: 80? No, queridos: 82. Esto es lo que hace una con su tarde/noche sabatina cuando cierta señora octogenaria (vulgo madre) le avisa que no se va a estar volviendo en diciembre con el Cele (como parecía estar previsto) sino que esta misma semana ya se van a estar mudando. Una va a pasar de tener a los viejos a 450 km a vivir a media cuadra. [falta conectar la luz, instalar mosquiteros, comprar el calentador, botiquín, limpiar el piso del living, retirar el soporte del microondas, cambiar una persiana, pagar cuentas…] Una está un poquitito estresada pero contenta, porque los viejos se mudan a una casa preciosa (aunque una la tiene que poner en condiciones justo en medio de las pruebas, el tribunal de la practicante que falta y la marea alienante de los promedios finales). Una paladea el sabor suavemente chocolatoso del Moka con leche de almendras y respira con la regularidad que puede. Un día por vez. Y en eso estamos.



_¿Vos cuántos gatos tenés? - me preguntó alguien hoy en la coordinación del colegio.
_ Cero. 
_¿No tenés ninguno? ¿Y todos los de las fotos…?
_Hay dos o tres que vienen a comer, aunque son de los vecinos.  Sí entran a casa es por un ratito, pero duermen en otros lados y de ultima no son mi responsabilidad. Puedo viajar tranquila, porque no dependen de mi presencia.
_¡Ah, es como tener sobrinos!- acotó una compañera, y la definición me pareció de lo más acertada. 
Saludos desde Chez Rodríguez, el mejor restaurante de la zona para felinos no residentes. 
Por ahora.





Es viernes. Tu araña del fondo lo sabe, la gata de al lado lo sabe y hasta el mosquito adelantado que no salió en la foto porque su vida fue más breve de lo previsto lo sabe. Mientras tanto vos con cabeza de martes, de mayo, de siete de la mañana: cualquier cosa menos viernes de noviembre a las nueve de la noche. 
Hoy ha sido un largo día. Lindo, simpático, productivo, pero eterno. 
A toda la gente que me empezó a seguir por el posteo de la foto del carpincho les quiero decir que por estos lados lo que más hay son imágenes de gatos. Alguna que otra idea de vez en cuando, capaz, tal vez, en una de esas (pero nunca un viernes a las nueve que se empeña en parecer lo que no es). 
Necesito dormir o llamar al bar de la esquina para pedir una torta de chocolate. Lo que llegue primero. 
Buenas noches.





Hoy debía ser el último día de clases en Bachillerato (siempre a mitad de noviembre), pero aquí estamos. 
Corrigiendo pruebas que nada determinan.
Controlando asistencias que a nadie importan.
Redactando argumentos que no serán leídos.
¿Qué estamos enseñando al nivel más profundo?
Que no pasa nada si faltás o llegás tarde.
Que el esfuerzo no interesa.
Que aprender no es importante.
Que los números mandan y los profesionales no opinan.
Que mientras agaches la cabeza alguien te dará una galletita (o una promoción) de regalo.
Y así estamos. 
Hay veces que me gustaría ser un carpincho a la orilla del agua para alejarme nadando lejos, bien lejos. Tener una huerta, un par de gatos, unos cuantos libros, una estufa a leña y un vecino que me preste wifi de vez en cuando. 
Hasta entonces… resistir. Y seguir tendiendo puentes.

Una vez tocó Coldplay en La Plata: era marzo de 2016. Con una amiga decidimos que (sin ser fanáticas) bien nos podríamos dar el lujo de ir a verlos, así que sacamos las entradas, compramos pasajes a Buenos Aires por Colonia Express y reservamos lugar en un hostel de San Telmo. Íbamos a ir por tres días; nos faltaba solo confirmar el transporte hacia y desde La Plata: detalles. Pero no fuimos. A ella le surgió no sé qué tema laboral que tenía que ser sí o sí en esos días, a mí se me enfermó Roldana (que estaba viejita y le quedaba poco tiempo), y encima había pronosticada tremenda tormenta para el día del recital, así que nos rendimos a la evidencia del destino y terminamos por concluir que ese toque no era para nosotras. Cancelamos el alojamiento y perdimos la plata de entradas y de pasajes (porque no eran diferibles). Todo mal. Dos años después fui con otra amiga a ver la película que pasaron solo una vez (gratis y en simultáneo para todo el mundo) contando los 20 años de historia de la banda, pero no fue lo mismo. Esta semana me he pasado oyendo noticias de los 10 River que llenaron en Buenos Aires y me vino de vuelta la frustración de lo que no pudo ser (por ahora). Cumplo en abril. Tómenlo como quieran, pero cumplo en abril (y tengo pasaporte al día). Buenas tardes.





11 de la mañana, clase con quinto científico en dinámica grupal, trabajando un texto relacionado a Macbeth. Miro por la ventana y veo un bicho enorme posado en uno de los plátanos de la vereda. _¡Miren eso! Debe ser un halcón. - le comento a los estudiantes de la primera fila, con los que estaba conversando sobre el trabajo. _ ¡I know it! -dice uno de ellos, que habla perfecto inglés y está tan encantado con dar Shakespeare que dos por tres se nos va del castellano- Yo sabía que lo que vi la semana pasada era un ave de rapiña. ¡Era ese mismo! Nos ubicamos cerca de la ventana para verlo más de cerca y no había pasado un minuto que ya toda la clase se había parado a sacarle fotos al halcón (¿o águila?), que seguía posado de lo más tranquilo en una de las ramas superiores del plátano. _ Pero, profe, ¿qué hace un bicho de esos en Montevideo? _Y… Vive acá, como nosotros. _ Ojalá que no esté por cazar al benteveo ese de ahí arriba… O a algún gorrioncito. _Ojalá que no. ¡Miren, ahí se va! _Es precioso. _ Es. Después lo buscamos en una aplicación, admiramos la belleza de su porte grandioso y nos volvimos a meter en el universo de Macbeth, donde no hay halcones ni águilas descansando al calor del mediodía sino cuervos y búhos anunciando cosas en mitad de la noche. Y en eso estamos: pensando que también me habría gustado ser profe de Biología.





¿Vieron que a veces hablo maravillas del Intercambiador Belloni y de cómo ha mejorado la dinámica social y la comodidad para el transporte colectivo de mi zona? ¿Que he posteado fotos de espectáculos al aire libre a los que acude todo el barrio, sin contar con la escola do samba que una vez por semana ensaya en la explanada? De lo que creo que no he hablado (o no mucho) es de la Sala Lazaroff, en el piso de arriba del Intercambiador: un espacio increíble, con excelente acústica, donde a veces sin costo y otras con entradas sumamente accesibles se presentan espectáculos de música, cine o teatro. Hoy tocó Supervielle a sala llena, y fue mágico. La música, las imágenes, la iluminación, él, todo. Salí encantada. Después del show, a unos metros de la puerta de la sala, paró un bus que en tres paradas (con boleto zonal) me dejó en la cooperativa, porque era un poco tarde y no daba para caminar. ¿Entienden que es la primera vez que en mi barrio hay espectáculos de buen nivel, que nos sentimos respetados, cuidados, existentes? Llevo una vida viviendo en esta zona: nunca hubo nada a menos de media hora de mi casa. La Sala Lazaroff (como todas las instalaciones del Intercambiador, que incluyen zonas de exposiciones, espacio de milonga, oficinas, depósito de bicis, baños y jardines) es obra de la Intendencia de Montevideo. Buenas noches.





ATENCIÓN Hay personas de esta red que utilizan perfiles ajenos para postear cosas de gatos e intrascendencias varias. Si ves algo así en mi muro tienes que saber que yo no lo he publicado, porque estoy demasiado ocupada corrigiendo escritos y limpiando mi casa como para entretenerme con banalidades y postergar mis obligaciones. Soy una persona seria, caramba. Por otro lado, si apareces en un video no seré yo quien te lo haga saber, porque no me molesto en mirar el 99% de los que andan en la vuelta, y si alguien te critica desde aquí... Puedo ser yo, no sé, depende de lo que hayas hecho. Fin del comunicado. Continuamos con la postergac... eh, con el trabajo habitual. Buenas tardes.





No es no. Y si no es sí también es no. _ ¿Hay que preguntar cada cosa? (no siempre, pero si no sabés interpretar el lenguaje corporal de la otra persona entonces sí, mejor) _¿Y por qué tomó esto o consumió aquello otro? (no para estar con quien no quiere, Raúl) _ Lo hubiera impedido... (capaz que estaba aterrorizada, y no todas las presas dan pelea) _ Pero yo pensé... (pensá de nuevo) _ Pero otras veces... (cada vez es cada vez) _ Es un juego. (juega quien quiere) _ No es para tanto. (sí, es)
Y un largo etc.






Ella viene dos filas de asientos detrás de mí y todo el tiempo habla por teléfono a todo volumen: se queja de su jefe, de lo poco que se está vendiendo, de la compañera que no le pone ganas y de la otra sucursal que vende mucho más que la de ella. Dice que no le importa si la despiden, que está harta. De pronto algo del otro lado de la línea la hace cambiar bruscamente de tono. No entiende por qué el interlocutor le quiere cortar. Su voz se vuelve casi gimoteante y un poquito dulce. Ella dice que lo ama, que solo quería contarle cómo había sido su día, pero al parecer del otro lado se ha agotado el tiempo disponible de la escucha. _Bueno, chau. Silencio. Me quedo pensando dónde quedó la privacidad de las charlas personales, pero no por mucho rato, porque al minuto una nueva presa se avizora en el horizonte sonoro de mi asiento. _Hola mami. A continuación, en el mismo tono enojado de hace unos instantes, la habladora se queja de su jefe, de lo poco que se está vendiendo, de la compañera que no le pone ganas y de la otra sucursal que vende mucho más que la de ella. Dice que no le importa si la despiden, que está harta. De pronto parece que del otro lado hay un cansancio o una buena excusa, porque la charla se corta abruptamente. _ Ah, bueno, ta, ta. Sï, sí, bueno. Chau. Me quedo esperando una tercera conversación donde se cuente de su jefe, de lo poco que se está vendiendo, de la compañera que no le pone ganas y de la otra sucursal que vende mucho más que la de ella, pero llega mi parada y (por suerte) me bajo. Qué gran cosa el silencio.





En el escrito del lunes pasado (observen qué timing: escrito de "Macbeth" en Halloween) les planteé tres preguntas y di la posibilidad de formular ellos una cuarta, si les daba el tiempo. _ Pueden preguntarse algo que saben y de lo que quieren escribir pero no apareció en este escrito. -les dije. Usualmente escriben sobre escenas, personajes o elementos de la información, pero hubo un par de chicas del Artístico (el trabajo se realizaba de a dos) que me sorprendieron tanto con la pregunta como con la respuesta. Aquí van. P: Si los personajes de "Macbeth" fueran en realidad personas a cargo de la producción de una obra de teatro ¿qué ocupación tendrían y cómo la llevarían a cabo? R: Lady Macbeth sería la asistente del director que manipula la obra a su propio gusto a través del director. No le molesta no tener su nombre en la cartelera mientras la obra termine siendo la mejor posible. Duncan sería un renombrado actor con el papel protagónico. Con mucha experiencia en el teatro y una buena relación con el resto de la compañía. Macbeth sería el suplente de Duncan, celoso del mismo, y está contemplando incapacitarlo de alguna forma para quedarse con el rol (Lady Macbeth piensa que Macbeth sería un mejor actor que Duncan y le provee los medios para lastimarlo). Banquo estaría contento con su papel secundario.





Alguien habló de Pisa en un programa de radio y se me ocurrió revisar unos álbumes por acá a ver si le había sacado alguna foto a la torre cuando estuve (en 2016). Sí, le había sacado. No, no había nadie sosteniéndola. Pero lo que me llamó la atención es que en tres o cuatro momentos del álbum aparecen fotos totalmente destruidas. Hace un par de días había visto lo mismo en otro lado... Tengo las fotos por ahí respaldadas, pero me preocupa que todas, en todos los dispositivos, empiecen a dar signos de su obsolescencia y se vayan difuminando. ¿A alguien más le pasó o sabe a qué se debe?




Martes de invierno en primavera. Salgo bajo la llovizna a enfrentar una nueva jornada de trabajo y a media cuadra de casa soy interceptada por dos veteranos de la cooperativa.
_ Buen día, joven.- me dice uno de ellos, y mientras pienso que algunos días grises es más necesario que otros tener un vecino veterano que le diga a una “joven” el otro se detiene y agrega:
_ Dejame decirte algo: ¿vos te acordás lo que te dije el día que te dimos tu nuevo número de socia?
_ Eh… no.
_Te dije que le jugaras al 894 a la quiniela. ¡Al otro día salió a la cabeza!
_ Uh… - digo, riendo- lo qué pasa es que yo solo juego al 5 de oro y ese es un número demasiado alto. ¿Vos le jugaste?
_ No.
_ Bueno. Sigo mi camino. ¡Nos vemos!
_ Que andes bien; saludos a tus viejos.
Y seguí caminando bajo la llovizna del comienzo de la mañana.
Esto a mi abuelo no le habría pasado.

jueves, 6 de octubre de 2022

Con letra chiquita


1.

Diario

El viernes anterior a Carnaval ha pintado como casi todo el año: gris y lluvioso, con viento, fresco… un asco, para abreviar. A las seis de la mañana he salido con mis dos perros de verano a dar un paseo por la playa, solitarios caminantes del amanecer nuboso en las Malvinas de Valizas. Anduvimos un rato, junté tres tablas para tener en el rancho por si se me ocurre alguna cosa para hacer (la tapa del pozo, por ejemplo), recolecté dos lindos caracoles y volvimos, a dormir la segunda etapa del sueño matinal. Desperté a las diez, con el piso inundado y parte de mi acolchado empapado: la tormenta de arena de ayer es hoy tormenta de agua, y vaya si ha llovido desde ese momento. Torrencialmente. Ahora está despejando, el atardecer pinta un poco mejor. Acabo de almorzar, acabo (un poco antes) de llegar con los mandados desde “el pueblo", donde casi no encontré un ser viviente. Estuve en lo de los F. pero no había nadie, como tampoco estaba Miguel en su rancho. Llamé a Laura y no estaba. Llamé a casa y no había nadie. ¡Qué día pésimo para la comunicación, por dios! Terminé de leer un libro de Galeano y leí todo uno de Mark Twain. Batallé contra la lluvia en varios frentes y aún no sé si salí vencedora. Le expliqué que está todo bien con ella pero no cuando estoy sola, no cuando la tristeza (que no me alcanzó) me anda rondando, que no cuando extraño a alguien que está muy lejos y a alguien que está muy cerca. En esos momentos es cuando reclamo sol, cielo despejado, luna llena, calorcito, para que la calidez exterior vaya también ayudando a conformar un nidito confortable para mi espíritu, que también viene de lluvias y vientos azotado por estas arenas interminables. Ahora estoy oyendo a Pink Floyd: Shine in your crazy diamond, una de las que más me gustan. He comido un almuerzo frugal porque no tengo nada de hambre, pero si quiero tengo mucha comida en casa. Y papel higiénico seco. Y velas que sí tienen mecha. O sea que me siento poco menos que todopoderosa. 

24/2/95


2.

Y quién dijo que podríamos
Ser felices para siempre
Si ni siquiera el olvido
Es parte de nuestra suerte.
El olvido, dulce lápida invisible
Que cerraría una herida de gritos,
Un llanto de palabras y abrazos,
Pobres huellas de otros tiempos
Que vagamente evocamos.
Ya no estamos compartiendo
La sal y el aire.
En diferentes horrores
Elegimos fingir que seguimos viviendo.
Jugamos a creernos todopoderosos
Y el juego duró un divino momento
Y claro que ahora nos hemos quedado
Vacíos y solos. Lejos y sin tiempo.
Perdida la imagen del amor perfecto
Es inútil seguir persiguiendo reflejos,
Opacos y fríos fantasmas al viento.
Perdimos. Perdimos. Y solo ha quedado
Este gris dolor que viaja en dos cuerpos.

Mayo 94´


3.

¿Sueño? 
26/12/94, 4.00 am.

Estaba en mi cuarto durmiendo y de pronto sentí como que había despertado y estaba oyendo en la radio una canción. Pero a la vez sentía que no era música de radio sino algo que, de una forma muy realista, estaba imaginando. Me esforcé por ver el puntito rojo del equipo, pero no se veía. De pronto dejé de oír la música y escuché un programa en el que la gente llamaba y opinaba (no sé de qué). Me estaba preguntando si sería tan boluda para soñar o imaginar cosas tan intrascendentes, cuando ocurrió algo que nada tenía de intrascendencia. MI espíritu –tantas veces deseoso de un escape- comenzó tranquila y placenteramente a salir de mi cuerpo, a elevarse. Se fue formando como una forma esférica (una sensación de esfera, algo totalmente invisible e intangible) que se fue separando hasta elevarse de golpe, con un impulso, con una sensación de subida que ahí reconocí como ya vivida muchas veces, como algo familiar. Subí y me quedé flotando cerca del techo de mi cuarto, viendo mi ropero, el espejo, todo lo que allí había, pero con proporciones y distancias levemente deformadas, con algo extraño. En eso el volar me dio un poco de miedo, o una sensación leve, como de cosa desconocida, y me acordé de Julio diciéndome que no debía sentir miedo, que si quería volver al cuerpo físico solo bastaba con desearlo. Lo pensé como deseo y de inmediato comencé a volver. Claro que, como eso era solo un experimento, apenas entré al cuerpo (un acomodar de la conciencia al volumen, a la masa física que dormía en mi cama) ipso facto volví a elevarme y a quedar en el mismo sitio de antes. Ahí intenté respirar profundamente, investigar mis posibilidades. Una de ellas era mirarme, allí abajo, dormida. Cuando lo intenté vi sobre mi hombro un resplandor pero no pude verme y supuse que eso no estaría permitido (¿por quiénes?). En eso decidí que quería volver a mi cuerpo y fui bajando muy lentamente hasta tocar mi propia piel y sentir que me iba integrando a esa otra parte de mí misma, en una armonía total. Lo último que sentí fue el contacto final con la sábana, la pesadez de lo físico, la integración de mis dos cuerpos nuevamente. Desperté del todo con una sensación de paz y de maravilla cotidiana, infinidad de veces vivida y solo ahora hecha consciente. Absolutamente inolvidable. 


4.

Enero 1994 

Domingo 2
Llegada. Mandados. Luna, Noctilucas. Malucos. Gaucho. Primer avistamiento del pelado.

Lunes 3
Aventura de Alfredo y el lobo. Continúa la persecución del pelado. 

Martes 4
Marcelo. Malucos. Gaucho. Visita de Faustino.

Miércoles 5
Malucos y el Tunda. Compras de Reyes. Duna blanca.

Jueves 6
Llegaron los Reyes. No son los padres. Bailo con Antonio.

Viernes 7
Cabo Polonio. Lluvia. Carpa rota. Noche en la Taberna: sueño. Alucinación con el artesano. Le cambio la vida a un péndex (Alejandro).

Sábado 8
Vuelta. Regreso sin gloria. Vuelven los chiquilines. Maluco. Gaucho.

Domingo 9
Se van Gabriel, Alejandro, Amalia, Magdalena. De noche en el Gaucho un gas (lacrimógeno) nos trajo a Marcelo. Bailo con un manya. Barbudo interesante. Chau campera. Mónica alucinada o no tanto.

Lunes 10
Almuerzo con Mónica y Horacio en Aguas Dulces. En el Gaucho un borracho alias el Gallego alias Fernando (¿o Gustavo?). Vamos a Dunas. Volvemos al Gaucho. El insensible personaje muestra facetas interesantes. Charla hasta la mañana con él y con Horacio.

Martes 11
Salimos con Horacio y Marcelo. Malucos. Gallego con una. Charla hasta el amanecer con Edgardo. Decido poner una guardería.

Miércoles 12. 
Agotamiento: me duermo 22.30 hasta 7.00.

Jueves 13
Salgo con Marianela. Pizzería de Pepe con Marcelo y Schubert. Charla con Pepe y Marianela hasta las 3.00am. Ratito de Gaucho. Ni entramos. Duermo en casa de ella. 

Viernes 14
Ida a Aguas Dulces y charla con María Alicia. Despierto a M y M a las 2 de la mañana para que me saquen a pasear. A las 3 llegamos al Gaucho. Violencia en la calle. Charla hasta el amanecer.

5.

La nueva Mariela ha tomado las riendas de sus tiempos otra vez. Y es nueva por varios motivos, pero no bien mira a sus alrededores descubre que es la misma, con algunos cambiecitos más o menos trascendentes. Al costado, la artesana frustrada ha dispuesto libros y materiales para iniciar una nueva actividad, que planea que será creativa, gratificante y económicamente benéfica. A sus espaldas, un sonido familiar recuerda otras músicas de meditación; es la parte armónica, la serena y pacífica la que manda allí. Al costado, la televisión aún caliente, recién apagada, enmarca la pantalla que todavía atrapa a la frívola, la vacía, la vegetal. Y por último, al frente, la mesada de la cocina, el jugo de pomelo, el dulce de leche, el polvorón de chocolate, el merengue italiano. Es la angustiada, la ansiosa, que arma el escenario para gástricos desahogos. 
¿Y quién soy, en verdad? ¿La que habla consigo misma, la que lee el I Ching, la que responde al teléfono, la que grita en el vacío, cuál soy, qué, quién, cómo? 
Solo sé que me busco. Hace mucho tiempo que me voy armando de a poquito, con avances y retrocesos. Me voy armando por piezas, cuidando de no estropear el efecto del conjunto por aquello de la coherencia. Y en medio de ese armarme y desarmarme de pronto viene una enorme ola que me arrastra por el fondo del mar, me revuelca contra la arena y los caracoles, para permitirme al fin sacar la cabeza del agua, atragantada y maltrecha, rasguñada y con miedo.
No digo que me pase cada vez que avanzo: no. Digo que algo similar me pasa ahora, en el primer bajón importante del año. Hoy lloré dos veces, por ahora. Y todavía falta un largo rato para que me duerma. 
Quisiera escribir una novela o un cuento o poemas, no sé, algo con cierto valor más allá de la confidencia y la descarga. Tal vez lo haga. Por ahora tengo un mundo de palabras en mi cabeza y trato de desalojar algunas, las más livianas, las que salen fácilmente, que las otras habrá que transformarlas en símbolos o claves para que se atrevan a dar un corto paseíto por el mundo de las letras escritas.


6.

Es muy tarde, en más de un sentido. Mis padres duermen, mi televisor y mi teléfono también. Afuera –para crear bien la imagen de la tristeza- llueve y sopla el viento junto a mi ventana. Y yo en medio. Ya es de madrugada y algunas neuronas me están declarando un paro de dendritas caídas (!!!). 
Tengo sueño. Tengo un cuarto desordenado, con la radio y todas las luces prendidas. Tengo un montón de tiempo blando que se me desgrana de forma caprichosa, sin dejarme nada al final de cada día. Tengo un resfrío que ya va por su segunda década de vida. Tengo un teléfono que no me trae una voz. No tengo nada. 
Oscilo entre luz y oscuridad, entre vivir y soñar, entre lo que puedo y no puedo, entre los grises y el color. Soy la luz de una vela expuesta al viento y la lluvia, en medio del piso de mi rancho en Valizas. Soy un escudo de mar intacto que viaja en una ola espumosa. Soy el viento que levanta una tormenta de arena en el Cabo. Soy un montón de lágrimas en la arena. 
Afuera llueve, pero no importa. 
Dejanos soñar, Mariela.
Después ya habrá tiempo. 
Dejanos soñar. 


7. 
Estoy con gripe. 
Un narrador engripado no es lo más indicado pero bueh: veamos que sale. 
(…)
(…)
(…)
No sale mucho, ¿eh?

domingo, 2 de octubre de 2022

Octubre 2022


Acabada la pandemia las banditas de niños hiperazucarados vuelven a tomar las calles en la tarde de Halloween. En grupos o solos con uno de los padres, con calabacitas de plástico y costosos disfraces o reciclando cosas anaranjadas y negras de otros años, los niños hiperazucarados toman las calles de la ciudad y las llenan de risas, carreras y gritos. En mi barrio veo a dos que piden algo en la veterinaria y como no tienen caramelos para ellos reclaman una galleta para su perro. Hay tanto superávit de dulces que los caramelos dos por tres aparecen tirados por las veredas, por no hablar de los papeles apresuradamente arrojados apenas comenzada a degustar la golosina. Las tardes de Halloween resuenan alegres y pintan de colores veredas y comercios. De mañana mi liceo también se pintó con algunos colores: hubo sombreros de brujas, disfraces y maquillajes. Pero también hubo alguien que rompió a llorar ni bien entró, porque una amiga había tratado de quitarse la vida durante el fin de semana. Una estudiante justificó una falta presentando un certificado de interrupción del embarazo y pidió para salir porque no se sentía bien. Alguien de uno de mis grupos no soportó el turno entero porque esta mañana su mamá estaba siendo desalojada de su casa. Una cuarta persona trató de venir al liceo porque quería hablar conmigo, pero se ve que la profunda depresión por la que está atravesando no le dio la energía suficiente y el encuentro se quedó en proyecto. Historias de terror de las que no se sale repartiendo caramelos, estimados. Lamento el bajón: es solo para que tengan una leve idea de las oscuridades por las que atraviesan nuestros estudiantes y con las que (a veces) los docentes nos chocamos, impotentes. Escuchémonos más, estemos atentos a quienes nos rodean. Nunca se sabe quién puede estar necesitado de una oreja y unas palabras dulces, de las que no se compran en el supermercado. Buenas tardes. Este canal volverá a su nivel de optimismo habitual ni bien dé cuenta de su capuchino en el bar al que vino huyendo de los niños hiperazucarad… Eeeh… Nada, nada. No dije nada. Buenas tardes.





En casa de herrero cuchillo de palo: después de una vida de estudiar nombres en los personajes literarios de los textos que analizo recién hoy se me ocurrió googlear qué podía significar el mío. Como deriva de María siempre lo dejé por esa (como una variante generacional), pero parece ser que ni nombre tiene origen hebreo y viene de la unión de María (la elegida por dios) y Estela (la estrella de la mañana). Lo de Estela nunca se me había ocurrido. También dicen que podría estar relacionado con Maryam (la que nos guía) y que tiene un montón de variantes en distintos idiomas, de los cuales me sorprendió Maureen, en inglés. Saludos de la estrella elegida por dios para guiarlos, estimados. Sobre la modestia no me dicen nada, así que asumo que puede no ser una de mis cualidades. 😊 Ps: y eso que no mencioné a Beatriz (portadora de felicidad) ni a Rodríguez (de rodrigar, poner tutores: ayudamos al crecimiento). De los Barreto no digo nada porque al parecer somos menos rutilantes (de origen portugués, asociado a zonas barrosas). Buenos días.





Primero le dije a la peluquera que me hiciera un recorte de puntas. Segundo, si me recomendaría algo diferente en caso de querer un cambio. Tercero, por favor en capas no, que no quiero ser Miss Piggy. Cuarto: bueno, pero apenitas. Quinto, salí de la peluquería con el pelo mojado y le mandé una foto cuando estuvo seco. Sexto, me gustó. Séptimo, este ha sido el último corte en lo que queda del año y la mitad del siguiente. Que no es poco.





Parece que ayer una amiga se cruzó conmigo al salir de Tienda Inglesa. Como no la vi me saludó, un segundo antes de darse cuenta de que en realidad no era yo. _ Perdón, te confundí. -le dijo a la no Mariela, que en seguida contestó: _ Sí, con Mariela Rodríguez, no es la primera vez que me confunden. Listooo… Autógrafos de 17 a 18 h. Por canjes y presencias consultar por in box. ¡Basta, chicos! 😊 (Créditos a la amiga que me lo contó y escribió la mayor parte de este texto)





Sé que por estos lados a veces construyo un personaje que es adicto al café, pero no es verdad. Primero porque en casa solo tengo descafeinado y segundo porque a lo largo del día suelo tomar mucho té: enormes tazas de más o menos medio litro de té sin azúcar ni edulcorante, que es más rico. Cada pocos días tengo que meterle un chorro de lavandina a las tazas porque por más que las lave el té las va ensuciando, les deja unas marcas marrones que el detergente común no es capaz de sacar. Soy una persona de reflejos lentos, lo sé: recién hoy me he puesto a pensar si no me estará quedando también una pátina de teína en las arterias cada vez que desayuno, meriendo o me preparo un refrigerio fuera de hora. ¿Ustedes saben? Acabo de googlear "el té deja restos en las arterias" pero solo me recomiendan dejar de fumar y beber, explican la composición biológica de las arterias y recomiendan tés herbales con albahaca, tomillo, apio y espino blanco. Creo que es tiempo de seguir meditando estos temas con un rico capuchino de por medio.* Buenos días. *Me había olvidado de decir que también tomo capuchinos de los de sobrecito, que no son descafeinados ni tienen mucha pinta de querer limpiar arterias. Todo por no haber adquirido el vicio nacional (vulgo mate). Y así estamos.





"El tiempo es enemigo de la verdad, es amigo de quien esconde la verdad. Muchas de las personas involucradas están muertas, otra están en edad muy avanzada. Por lo tanto, la estrategia óptima fue dejar caer el tiempo, dejarlo pasar. No hay más tiempo que perder." "Saben lo que pasó ese día. Ahora les pido que digan la verdad, porque ha llegado el momento de decirla, han pasado muchos años. Mi madre tiene 92 años. Lo tienen que hacer por mi madre, lo tienen que hacer por Emanuela. Si está muerta que lo digan, porque mi madre podrá al menos llevarle una flor a su tumba. Si está viva podremos volver a abrazarla. Solo quiero esto: que esta historia termine." Son palabras de la abogada y el hermano de la chica desaparecida en el Vaticano hace 37 años, en el documental que hace un rato comenté que estaba viendo. Poder llevarle una flor a la tumba de un ser querido: lo mismo que pedía Antígona hace 2500 años, ¿se acuerdan? "Porque nada hay encubierto, que no haya de descubrirse; ni oculto, que no haya de saberse. Por tanto, todo lo que habéis dicho en tinieblas, a la luz se oirá; y lo que habéis hablado al oído en los aposentos, se proclamará en las azoteas". (Lucas:12:2-3) No soy creyente, pero estaría bueno que los que dicen serlo empiecen a actuar de acuerdo a los principios de su religión, aquí, allá, en todos lados, que se acaben las mentiras y los silencios, porque no hay más tiempo que perder. Y a quien le quepa el sayo, que se lo ponga.




Mi casa está patas para arriba. Tengo escritos para corregir. La heladera está medio vacía. Y yo escuchando un partido de fútbol. ... ... ... Hace años (muchos: 1997) en el programa Ajo y Agua Jorge Esmoris y Gonzalo Eyherabide relataban los clásicos de la literatura, y algunos están en youtube. El de la Divina Comedia es imperdible. "Difícil debe haber sido para el técnico Minos elegir los jugadores para el Deportivo Alighieri, y además en el campo de juego hace un calor infernal".





¿Ustedes se acuerdan del atentado al Papa en 1981? Estoy viendo una docu serie (La chica del Vaticano), y me encantó algo que se menciona de pasada: cuando el agresor estaba a punto de entrar a territorio italiano fue tacleado por una monja franciscana, que facilitó que lo atraparan. En medio de la confusión y locura del momento nadie registró (al parecer) el gesto, que debe haber sido sublime: el turco Alí Agca corriendo hacia la salida del Vaticano y la señora (yo me la imagino veterana) que al verlo pasar le estira la patita para que tropiece (quizás) o que se le tira encima desde atrás para hacerlo caer tomándolo por los pies (lo que encaja con el tacleo pero no sé, no lo veo, porque el turco era joven y flaco y las monjas siempre andan con un montón de ropa larga y superpuesta). Como estoy en día de paro de la Cseu y todavía sigo estirando mi desayuno me puse a googlear, y no encuentro demasiado sobre la monja. Las páginas católicas se concentran en que el Papa estaba mirando una imagen de la Virgen de Fátima al momento del atentado: estaba a punto de bendecirla, por lo cual un segundo antes se había inclinado, lo que a la postre terminó por salvar su vida. También dicen que ella había profetizado el atentado en 1917 (sería parte del "tercer secreto"), pero esto, como todo, es interpretable. Al parecer Alí Agka estaba obsesionado con la santa, e instó a la Santa Sede a revelar el tercer secreto. A partir de acá todo se entrevera con historias de espionaje en los años ochenta. Decido volver a la docu serie, que todavía no sé si va a agarrar para el lado de la mafia, de los crímenes de Estado, o si la desaparición de la pobre muchacha terminará siendo uno más de los femicidios que en el siglo pasado, en este y en todos nos sumergen a partes iguales entre la sublevación y la impotencia. Todo esto para decir que vivimos en un mundo complicado, que nos cuidemos entre todos y que no confiemos en nada que venga de las altas esferas -especialmente de las religiosas. Ah, y también para decir que esa monja franciscana es una ídola, y que no sé por qué en la Piazza de San Pietro no hay un monumento de ella al momento del tacleo.





Una sale con su amiga a las escaleras de entrada del IAVA y se sienta a conversar mientras dura el pequeño recreo de la ATD interminable. La mañana soleada invita a la charla, al menos hasta que una pelusa de plátano se le mete a una en la garganta y le empieza a producir una tosecitas secas que no llevan a ninguna parte pero se niegan a terminar. _ Cruzo a la panadería a ver si me compro algo para tomar que me saque esta molestia. - dice una, en tanto la amiga se levanta y vuelve a entrar al liceo, porque el corte de cinco minutos ya debe estar terminando. Una baja las escaleras y ahí nomás, a un par de metros, percibe algo como una luz que se baja de un auto recién estacionado. —Buenos días. - dice una, que además de ser bien educada no puede evitar saludar a cualquiera que pertenezca al ámbito de su trabajo o que transite por sus alrededores. _Hola, ¿qué tal?- dice la luz. Una sigue su camino y cruza a mitad de cuadra rumbo a la panadería, porque ningún Peluffo va a hacerla desviar de su objetivo, aunque se queda pensando que bien podría el destino haberlos cruzado cuando una no estuviera tosiendo como una vieja chota con la pelusa de un plátano atorada en la garganta, pero en fin. Una no tiene las riendas del destino. Una vuelve a la ATD ya sin toses, pensando que tan fácil, fácil, no es horizonte lejano, correr y correr historias que no acaban bien, ni mal transcurren no más. Y así estamos.





Esta noche me desperté cada una hora. Una y media, dos y media, y así. El estrés del fin de las clases sumado a temas personales (pero buenos). La última vez prendí la computadora y dejé youtube con un programa del sábado pasado que tenía a Sbaraglia como invitado (porque la voz de Sbaraglia, que a tanta gente le molesta, a mí me calma). Ya con el amanecer entrando por las rendijas de mi persiana (no diría con los pajaritos cantando, porque comprobé que arrancan a eso de las cuatro) soñé que estaba yendo a un hostel en el Cabo y que en la camioneta (??) alguien escuchaba una música que me conmovió hasta los cimientos. No hay fuerza alrededor No hay pociones para el amor Dónde estás? Dónde voy? Porque estamos en la calle de la sensación Muy lejos del sol que quema de amor. Desperté. Era parte de un homenaje a Charly en el programa que había dejado puesto un rato antes. Hacía años que no lo escuchaba, pero el arte no envejece como las personas. ¿Cuánto de nosotros, cuánto de lo que somos está en las canciones que dejamos de escuchar sin darnos cuenta, en los libros que no releemos, en los paisajes que no volvemos a visitar? Reflexiones en martes de ATD, estimados. No exijan mucho de un cerebro que se ha estado despertando a cada rato y (sobre todo) que aún no ha tomado contacto con el café de la mañana. Buenos días.





La buena noticia es que cuando llegué a mi casa estaba todo bien, como siempre. La mala es que una hora después de entrar me di cuenta de que había dejado la plancha enchufada desde las siete y media de la mañana. La segunda buena es que acabo de comprobar que esta plancha se calienta sin quemar. La segunda mala es que... los genes, los geneeees! Y así estamos. (mejor no ha blar de cier tas co sas) 😱





¿A ustedes también les aparecen de vez en cuando unos anuncios de “novelas web” como este? No me doy cuenta de si siempre es la misma cuenta, pero dos por tres me ofrecen leer (y supongo que pagar) historias de amor truculentas, por lo general vinculadas a temas de dinero, traiciòn o virginidades dudosas de señoras de honorabilidad intachable. Corín Tellado en formato digital, en suma. Parece una pavada (“si no te interesa no lo leas”) pero no sé si lo es tanto, porque también (en los reels) me aparecen todo el tiempo consejos de maquillaje, de cómo disimular kilos o descubrir si mi marido (??) me está engañando con otra. ¿Estamos volviendo al siglo pasado, o esto es algo que solo a mí me sucede? No es paranoia de lunes a la suerte y media de la mañana: hace por lo menos un mes que me vengo sintiendo en otro mundo en estos lados (concretamente por acá; en las otras redes no veo ningún cambio). ¿O será que por ser mujer, cincuentona y del tercer mundo ya me tendrían que interesar las novelas rosa y los consejos de belleza? ¿He publicado acaso demasiadas fotos de gatos? Mmhh...





El Intercambiador los domingos a la tarde se empieza a poblar de música: los integrantes de la escola do samba del barrio hacen sonar sus instrumentos de percusión, mientras van llegando las bailarinas y el público que los acompaña. Yo me dejo acompañar por el viento, hasta que viene un 402 que me lleva por un rato a otro mundo, que siempre es el mismo, o casi siempre. #dolceferniente Y en eso estamos.




Domingo de Historia y de historias La anexión de Toscana al Imperio francés trajo muchos cambios en Florencia, entre ellos la necesidad de ordenar la ciudad con un sistema de referencia diferente al tradicional. Calles, casas y plazas tenían nombres acuñados en referencia a edificios nobles, tiendas, tabernas e iglesias, lo que siempre había sido suficiente para que todos entendieran. Pero en 1808 se decretó que “cada casa, existente dentro de las murallas de la ciudad de Florencia tendrá un número particular marcado externamente", a la vez que se le daba nombre a cada calle. Tras la caída de Napoleón se definió un ordenamiento diferente de los números, pero nunca dejaron de utilizarse. Leo esta noticia sobre una ciudad de Europa, tan llena de Historia y de siglos, y me vienen a la memoria dos imágenes de este lado del océano (y de este lado del río), donde lo que recordamos es de corta data y dos por tres revela la madera revolucionaria y poco afecta a las reglas de que estamos conformados. En primer lugar: mis viejos. Viven en un pueblito pequeño donde las calles solo tienen número y las casas ni eso, pero a ellos se les ocurrió que querían tener número, así que se compraron unas baldositas con cifras que les parecieron lindas y desde ahí dicen, declaran y afirman (incluso en documentos públicos) que esa es la dirección de su casa. Vengo de un abuelo que completaba él mismo la libreta de matrimonio anotando a cada hija que nacía, así que nada es demasiado sorprendente. La segunda historia se ubica en la década del 90´, en Valizas. Hubo un Turismo que nos cayó tan avanzado el año que hasta pude celebrar mi cumpleaños a la orilla del mar, en mi rancho. Era 1995, época de Bellas Artes, de reuniones multitudinarias, de vacaciones divididas entre playa y noche. La noche del sábado 15 de abril nos juntamos en la casa de Pepe (un amigo entrañable de aquellos tiempos), celebrando su cumpleaños (y de paso el mío), y ya en plena madrugada del 16, además de cantarnos y aplaudirnos entre todos, tuvo lugar una ceremonia en la cual descubrimos un cartel sobre la calle principal que denominaba a la transversal donde estaba el rancho "Calle Pepe". Y ahí quedó el cartel durante años y años, hasta que el tiempo (quiero creer que el tiempo) terminó por olvidarlo. Y así somos. Hechos de historias e Historia, que no es lo mismo, pero es igual.





"Escorpio Virgo los analiza, Piscis los investiga, Cáncer los cuestiona pero Sagitario y Aries los necesitan para aclarar sus pensamientos futuros. Ustedes deciden con quién estar."
(no me digan a mí: la responsable de tanto cruce de signos es la señora que hace los horóscopos en el pasquín de la Plaza Cagancha)
(por las dudas: no sé si conozco a alguien de Escorpio pero si quieren aclarar mis pensamientos futuros, adelante)
(saludos de una ariana que parece que tiene que hacer hoy lo que no puede dejar para mañana -aunque la señora no aclara si se refiere a corregir los escritos pendientes o a terminar unas galletitas de chocolate que me hacen señas desde la mesa de la cocina)



Sábado, llueve… ¿Y si me hago unos scones? A ver esta receta: Harina: tengo Azúcar: tengo Una cucharada: depende. Levadura: no tengo Tierra: tengo, pero no sé si mojada sirve. Ampliaremos.





Voy llegando a Propios: vamos unos quince minutos de viaje en un 103 tranquilo y veloz. A mis espaldas, desde que subí, se oye la voz de una chica que discute con alguien por teléfono. Habla a toda velocidad pero siempre en voz muy baja y con lenguaje de lo más correcto. Argumenta, explica, pone ejemplos de lo que dice: es un as de las palabras. Ignoro que dice su madre al otro lado del teléfono pero no debe tener un estilo demasiado diferente de la hija, que nunca eleva el tono ni cae en descalificar al adversario. Una lección de retórica a las siete de la mañana, estimados, que termina de pronto sin que la pasajera de adelante haya llegado a captar un cambio de tono, un atisbo de reconciliación. _ Y, algún drama habría… -dice de repente el pelado de adelante, y me asombra su capacidad de leerme el pensamiento, hasta que capto que él también va sumergido en una conversación telefónica (aunque en este caso no se trata de una discusión, sino de dos amigos que chusmean sobre algo que le pasó a un tercero). 103: la vida misma. Big Brother is listening you (and she is writing). Buenos días.





Hace una hora estaba pensando ir a leer a mi dormitorio cuando veo a la gata ardillita que aparece en mi ventana de la cocina. Muy extraña, con cara de susto. Abrí para darle un platito de comida y se metió de prepo en casa. Algo le pasaba: se quedó escondida debajo de la escalera, respirando agitada. La dejé un cuarto de hora, a ver si se tranquilizaba, pero nada. Llamé a los vecinos de al lado, que son los dueños: el muchacho trató de auparla y vio que algo le dolía, no sabemos si una pata trasera o la columna. Quizás se cayó, o la agarró un perro, dijimos... Tratamos de entrarla a su casa, pero no hubo caso, y terminó refugiándose en un macizo de plantas, a cuatro o cinco casas de la nuestra. Al rato, un maullido en el frente. Salgo a ver qué pasa y veo a un vecino que suelta a su perro para que se meta entre las plantas a perseguir a la gata, que como pudo corrió hasta el depósito de hierros viejos de la esquina. El señor, un veterano, se reía a las carcajadas. Le pegué cuatro gritos. Se siguió riendo. La dueña de la gata vino a ver qué pasaba pero no pudimos encontrarla: el depósito de hierros está enrejado y abarca toda la manzana. El señor (que ahí me di cuenta de que vive en mi cuadra y lo conozco desde hace 40 años, pero en mi habitual despiste no me había dado cuenta) se rió un par de veces más, hasta que pareció darse cuenta de que no nos parecía gracioso, y terminó por enojarse. Él opina que su perro y la gata juegan, y que es muy divertido ver cada noche como el perro la obliga a treparse a los árboles para no ser atrapada. Se ve que le enojó que no compartiéramos su peculiar percepción del mundo. En resumen, que nos pegamos unos cuantos gritos más, hasta que terminó por irse a su casa. Nosotros (los tres de al lado y yo) intentamos buscar a la gata, pero no la encontramos. Suponemos que cuando se le pase el susto aparecerá, pobrecita. Soy un ser de paz, pero métase cualquiera con un bicho indefenso y me sale lo peor. Y en eso estamos. Ampliaremos. Ooooom...





Salí del liceo rumbo al Brou, porque tenía que hacer unos trámites. Tengo la sucursal 19 de junio a pocas cuadras pero soy mujer de costumbres, así que preferí tomar un G hasta Montevideo Shopping, donde conozco la dinámica del banco y me siento (un poquito) más tranquila. Hablo con el chico de la recepción: hola, me olvidé de la clave del ebrou, nunca solicité la llave digital, tengo que hacer veinte trámites, socorro, socorro, sálvame, bello joven. Él me escucha sin hacer comentarios, me explica 200 cosas que me entran por un oído y me salen por el otro y termina derivándome con las chicas que atienden temas de ebrou, por el momento ocupadas asesorando a un par de septuagenarias que parecen entender de estas cosas mucho más que yo. Por qué seré tan inútil en temas económicos y bancarios, pienso, por qué no me adapto a la virtualidad en pleno siglo diecin… veint… y uno. En eso se me acerca una tercera muchacha, que viene sonriendo. _Hola. Vos fuiste mi profesora en el IAVA. _Hola, te veo cara conocida… -era verdad- ¿Como te llamás? _ Milagros. ¡Milagros! Buena señal. _ ¿Y cómo te fue conmigo? _ Pasé con 11. Listo. Perfecta e indiscutible señal del destino. Milagros anduvo a las vueltas conmigo como veinte minutos, hasta que terminamos todos los trámites que tenía que hacer hoy. Para mañana ya sé que va a estar en otra parte del banco, así que ahí estaré ni bien salga del liceo y otro bus me lleve hasta el shopping. Saludos desde el post papeleo, donde trato de reponer energías apelando a las conocidas artificialidades del capitalismo, mientras me digo una y otra vez que no debo volver a olvidar mi contraseña del ebrou, no debo volver a olvidar mi contraseña del ebrou, no debo volver a olvidar mi contraseña del ebrou, sabiendo que en unos días me la voy a volver a olvidar, a perder o a confundir con otra. ¡Los genes, los genes!!! Y en eso estamos.





Ayer en la Semana de Lavalleja vi desde lejos que había un cartel ofreciendo vino con frutilla pero era tanta la gente amontonada que no me animé a atravesar el parque para ir a probarlo. A la salida una de las chicas de mi grupo andaba con un vaso que quería traer a Montevideo para que su hermana lo probara, porque le había gustado mucho. _Ah, yo me quedé con las ganas... _comenté, ya a la salida, e ipso facto alguien me dijo que en el galpón de enfrente lo vendían, ahí nomás a media cuadra. Así que fui. Se trataba de una especie de cantina muy venida a menos. Un espacio gigante con una barra precaria al fondo, donde cuatro parroquianos medio vestidos de paisano me miraron entrar con cara de "¿Y esto? ¿Montevideo nos invade?". La señora tras la barra enseguida sacó una botella de dos litros (creo que era de Coca Cola) llena de un líquido rosado que pasó a una botella de un litro, también de plástico, no sin antes sacudirlo para que la frutilla no se empozara en el fondo. Utilizando un embudo no muy limpio pasó el litro a una tercera botella, esta vez de Fanta (porque la del litro se ve que era la medida, y parecía no tener otra) y me lo dio. Pagué mis módicos $180, conversé algo con uno de los parroquianos (que parecía comunicativo aunque no articulaba muy bien las palabras, quizás en función de la cata excesiva del antes mencionado vino de frutilla) y me fui hacia el ómnibus, que estaba esperando en la vereda de enfrente. Hoy antes de probarlo pasé el vino a un par de botellas decentes (aunque pequeñas), porque lo de la de litro y medio me desmotivaba para el debido aprecio del líquido elemento... ¡Y era una delicia!!!! Si van a Minas, ya saben: frente a la entrada a Parque Rodó. No miren mucho los detalles del entorno, o se desmotivan, pero el sabor... Sin palabras. Y en eso estamos (hic).






El recital de rock más raro en el que he estado: 1. Llegué cuando empezaba la banda anterior a Buitres y sin el menor problema me instalé al centro en segunda fila. 2. Esa banda (La Gran Smith) sonó muy bien, pero no hizo ni medio bis. 3. Buitres a metros de mis ojos y oídos, pero a mis espaldas una multitud gigantesca como de Estadio Centenario. 4. Pogo respetuoso. (Iupi!!) 5. Una salida tan compleja como la de Copacabana después de la Reveillon: a medio pasito cada cinco segundos, pero al final salí. 6. Vine sola. 7. A 100 km de mi casa. 8. El último toque es de la Beriso, por lo cual ya estoy instalada en unas gradas, lo más lejos que puedo. 9. Nadie nos revisó a la entrada. 10. Es gratis. 11. Hay gente de todo tipo y edad. 12. No hay viento. 13. Peluffo está cada día mejor. 14. La segunda canción fue Una noche con vos y la penúltima Solitario Cadillac. 15. Espero que pase la Beriso comiendo galletitas Lulú. 16. Junto al escenario hay una rueda gigante, porque este es el Parque Rodó de Minas. 17. Algún que otro perro. 18 Un muchacho que en el pogo “perdió” el celular. 19. Banderas de Nacional con Buitres, de Peñarol con la Beriso. 20. Me vi muchas veces en pantalla gigante. 21. Hay un cartel de “vino con frutilla” pero está muy lejos. 22. Un tema de Buitres se atrasó porque Peluffo no encontraba la armónica. 23. El de la Beriso no habla con el público (por suerte). 24. Yo de lentes, escribiendo en las gradas. 25. Raro. Todo muy raro, pero bello.




El viejo truco del blanco y negro para ocultar las canas del crecimiento… con un recortecito de foto por las dudas. Espero que Peluffo no se dé cuenta. 😳 Se va cerrando una semanita de mucho estrés por estos lados, estimados; comienza un tiempo de recuperación de energías (porque hay un lugar en mi corazón que se lo robó un amoooor 🎵). Feliz fin de semana, y no le digan a Duff que me voy a ver a Buitres. Para qué mezclar los tantos. (Me acabo de acordar de una “amiga” que una vez me calificó de fabuladora porque no entendió el humor -o intento de humor- en esto de la construcción de personajes. Diosss… hay gente para todo)




Acabo de leer que dos personas tiraron una lata de sopa sobre el cuadro de los girasoles de Van Gogh, en protesta por la inflación y el calentamiento global. "¿El arte vale más que la vida? ¿Más que comida? ¿Más que justicia?" es la base de su cuestionamiento. No entiendo nada. Es tanto lo que no entiendo que ni siquiera lo puedo poner en palabras. En este mundo injusto el arte es, precisamente, lo que nos puede igualar, lo que nos deja brillar con luz propia, lo que nos salva de la angustia. ¿Cuál es el sentido de arruinar una obra que nada tiene que ver con el motivo de la protesta? Ojalá que sea una noticia falsa, una clase de fake que no entiendo. Ojalá. Pero no creo.




Esto de la Literatura da para todo. Por ejemplo, para ir al Planetario a escuchar una charla sobre el universo de Dante, instalados todos cómodamente de cara al “cielo”, leyendo pasajes de la Commedia que se relacionan con la Astronomía de la época y viendo pasar el vértigo de la Vía Láctea frente a nuestros ojos. De paso vi que el ex zoológico es hoy un parque abierto al público que ya iré a recorrer un día con más tiempo y menos viento. Mientras tanto mis viejos tuvieron una mañana movidita pero ya están de regreso con sus gatos y sus plantas, en tanto yo trato de recuperar un poco de energía bajo la forma de una cosa pumpkin con leche de almendras y pienso que más vale que esta noche sí duerma algo porque mañana desde el despertar ya sabré, no es un día más: es un día especiaaaal… 🎵 No le cuenten a Peluffo que durante tres o cuatro minutos lo engañé con Duff. Esas cosas no se dicen. Buenas tardes.





Afuera: amanecer indeciso con palomita oteando el horizonte. Adentro: desayuno harinoso de los viejitos antes de retornar a sus gatos y su casa. Acá: 103 con asientos libres que me lleva rodando de regreso al IAVA después de una semana y algo de no vernos. Dormí mal. Necesito (más) café. Pero aquí estamos.




Reunión familiar esta tarde en mi cooperativa. Los humanos pueden faltar en la foto; los felinos no. Este es Salomondrín, el gato de mi tío Valmar, bautizado con nombre de youtuber. Cuando nos estábamos yendo mi viejo le contó a Valmar que él tiene 11 hermanos y después le preguntó cuándo lo iba a ir a visitar a Montevideo y si hacía mucho tiempo que no lo veía a Valmar. Mi vieja, mientras tanto, reconocía a vecinos de los que yo no tengo ni el menor recuerdo, les preguntaba por sus hijos, sus trabajos y sus recientes operaciones. No le erró ni a uno. _No te pongas triste- le dije bajito a Valmar cuando nos íbamos de su casa- Él no se da cuenta de nada, y además nadie nos asegura que nosotros vayamos a terminar así. _No, no te preocupes por mí -me respondió- pero vos y yo sabemos que en nuestra familia es una posibilidad bastante fuerte. Y en eso estamos. Vivos y juntos (que no es poco). Un día por vez. Buenas noches.





Cuando tenía 13 años mi viejo me quiso jugar por interés y me preguntó si ese año también iba a pedir un regalo por el Día del Niño yo, que me pasaba abogando por el reconocimiento de mi condición de adolescente. _ No, no quiero más regalos.- contesté- Para mí se terminó el Día del Niño. Y no reclamé más cosas ni ellos me las dieron (más aliviados por tachar un gasto de la lista que por admiración hacia mi renuncia pero, en fin). No se volvió a hablar del tema. Y yo ese día dejé de ser niña. Una sigue teniendo la capacidad infantil de la sorpresa, el pensamiento lateral, la imaginación, intuición y bla bla bla, no hace falta decirlo, pero la niñez es una etapa que necesariamente hay que dejar atrás algún día. Digo esto porque me subleva que me traten de seisañera la mitad de las propagandas que (obligada) tengo que ver o escuchar por la calle, en el ómnibus o en el comienzo de cada video de youtube. Sea el alma de la fiesta, baje diez kilos en quince días, recupere la vista, el pelo, la piel sin arrugas, los amigos, y de paso vote a tal, apoye esta reforma, siga estas ideas. No me estoy quejando de las nuevas generaciones (ni ahí): me quejo de los que pretenden poner a todas las generaciones en la misma bolsa como si no tuviéramos memoria, capacidad de razonamiento, décadas de lectura y reflexión. Desperté preocupada, estimados. Hace mucho tiempo que despierto preocupada. Después vienen el humor, las fotos de gatos, las bromitas, pero vivo con una sensación de distopía no organizada de la que no logro zafar de ningún modo. Esto no se llama partido nefasto que ocasionalmente llega al poder en Uruguay: se llama retroceso peligroso en todos lados, recorte de derechos aderezado con calentamiento global, agotamiento de los recursos naturales y esas cosas. Se llama España dándole atención a un grupo que canta que quieren volver a 1936, se llama Uruguay distrayendo la mirada con bombas de humo cada medio día, se llama todo el mundo hinchando por su cuadrito en medio de un escenario de peligro y desconocimiento de los derechos humanos: se llama de muchos modos, pero está por todos lados. Díganme que soy yo. Díganme que debo haber dormido mal, que estoy estresada, que tendría que ir a terapia. Díganme que es solo una etapa, y que la Historia tiene eternamente esos ciclos de ascenso y caída de los avances. Pero no me manden a jugar a la rueda rueda. Que los verdaderos niños sigan jugando sin mirar a los costados, mientras a su alrededor los adultos empezamos, aunque sea de a poquito y sin certezas, a reconocer el mundo que habitamos, a cultivar los jardines que tengamos a mano y a a dejar de patear para adelante la tarea de construirnos. Dicho esto, en un rato retomo el nivel de optimismo habitual. No se alarmen (pero tampoco se duerman). Buenos días.



Una señora le regaló a su hijo un iPhone 14 por aprobar Matemática. Un hombre salvó el examen de conductor después de 15 años y se rapó. L-Gante le habló mal a Mirtha Legrand. Alguien hizo una app para intercambiar figuritas. Unos padres de Canadá le pusieron Logan a su hijo y después se arrepintieron. … … … ¿Son “noticias” para compartir espacio en los portales con el hambre, la violencia, el avance de la derecha? Así está el mundo, amigos. (Montevideo Portal, 11/10/22)






Tarde silenciosa de feriado en mi barrio. Pongo la radio (en youtube) y una referencia casual a los panchos me despierta un recuerdo de los 15 años. Yo iba al IAVA; hacía cuarto año en el turno intermedio, que era más o menos de 12 a 4 de la tarde. Fue la única vez que cursé al mediodía, porque en el liceo no había grupos de cuarto de mañana. Como vivíamos muy lejos del centro yo tenía que salir de mi casa con casi una hora de anticipación, razón por la cual me pasé de marzo a diciembre almorzando a las diez y media de la mañana. No recuerdo si mi viejo aún seguía como obrero metalúrgico o si mis padres ya habían arrancado a vivir solo de la ropa que vendían en la feria; el caso es que ellos almorzaban temprano, pero no tanto. Es decir que (en virtud de mi inutilidad culinaria de aquellos tiempos) mi vieja me hizo comida diferente y anticipada durante todo ese año. Y se cebó con los panchos. Eran fáciles, eran rápidos, eran baratos. Panchos con arroz, panchos con puré, panchos con papas fritas. El 90% de los días yo almorzaba dos panchos con alguna cosa. La ignorancia (de los tres) y la crisis económica (nuestra y de muchos más -era 1982-) hizo que a nadie le pareciera mal el arreglo. Ellos venían de un mundo con opciones muy limitadas en la alimentación, y a mí nunca nadie me había hablado de los grupos alimenticios, ni en el liceo ni en ningún lado. Todo fue bien, hasta que me empecé a brotar con una especie de alergia que demoramos mucho tiempo en asociar con los benditos frankfurters (franfruter, para los íntimos). Supongo que algún médico nos pasó un rezongo; la verdad es que no tengo memoria de cómo salimos de aquel pozo de Schnecks y Ottonellos. Creo que es desde ahí que no los puedo tolerar. Mientras seguí comiendo carne (cosa que, dicho sea de paso, nunca me gustó para nada) consumía de vez en cuando alguna húngara con muzzarella, pero nada de panchos. Nunca más. Ayer hablé con mi vieja; van a venir a Montevideo esta semana y como llegan a mediodía les pregunté si querían que les comprara unos ravioles (porque de chop sueys y esas cosas no les da ni para hablar), pero me dijo que no, que ellos se traen sus panchitos y están de lo más contentos. Espero que no se vengan también con el café, la Coca Cola y el azúcar, como hacen de vez en cuando... Saludos desde mi mundo de hija única, casi casi en proceso de convertirme en madre de dos hippies octogenarios. Ooom.




La tarde del desfile El 306 se vacía al llegar a la zona de la prueba de admisión para las llamadas, a pocos pasos del rosedal. Decenas de personas caminamos en la misma dirección: hacia donde ya comienzan a sonar los tambores. Decido apostarme justo en la zona de salida, desde donde escucho la charla de cada comparsa y veo de cerca el accionar de los jueces. Mucho nervio en la previa. Como siempre, el desfile de cada grupo sigue el orden tradicional. Primero las banderas, luna y estrellas, después las bailarinas, escobero, mamas viejas y gramilleros, la vedette (a veces dos), un bailarín, los tambores. “¡Vamos, pa’lante, gurises!” Grita alguien de los de las banderas, y también: “dos minutos muchachos, vamo’arriba, si queremos estar en las llamadas tenemos que dejar todo hoy!!” Una bailarina insegura repasa los movimientos: “tataratata, ta y vamos con los cuatro. Otra vez. ¿Y después?” Una vedette (Andreína) recorre la zona de las bailarinas, les toma las manos, las mira a los ojos y sonriendo les agradece por estar, una por una. “¿Alguno tiene leuco?” Pregunta una chica a todo el mundo, hasta que un señor desde el público le alcanza un rollito. Cuando el semáforo junto a un reloj electrónico empieza a titilar suenan los primeros repiques y comienza el movimiento. Son solo cinco cuadras, y en esas cuadras se les van los sueños. Yo paso una hora y media de desfile pegada a la reja, junto a una veterana de turbante que me dice que en sus años mozos también taconeaba de lo lindo. Una tras otra van pasando las comparsas. Fiesta para los ojos y los oídos. El público aplaude y a veces grita saludando a alguien. “¡Vamo’ el Cerro, eh!” Pasa un señor cargando a una nena en brazos que no pasa del año. “Uy, esa criatura, que le saque la campera que la va a asar”, me comenta la del turbante, antes de llamarle la atención a una de las bailarinas y ofrecerle un alfiler de gancho, porque la vio medio luchando con la cintura de su traje. “¡No nos podemos quedar quietos, hay que agitar!!” se escucha desde la zona de tambores de un grupo del interior. Y ahí se hizo la hora de irme a un encuentro con amigas para merendar y después ver “Argentina, 1985”. Y esa es otra historia. Solo una cosa: véanla. Y aplaudan. Buenas noches.





Ayer seguí un ratito pasando textos míos de otros tiempos. Es una especie de libro de arena, una encuentra algunos y aparecen otros: desde los ocho años que ando en esto de escribirme la vida. Claro que no siempre es grato animarse a releerse (y revivirse). No solo por el montonazo de clichés hiperadjetivados con los que me encuentro, no solo por las referencias a libros o artistas que hoy encuentro comerciales y cursis, sino porque es una especie de terapia a la que no es fácil acceder de golpe y a lo bestia. Por ahora solo estuve vichando textos de los veintipico; con los de la niñez y adolescencia no me meto, todavía. Acabo de dejar algunos -los últimos- en el blog (cosa rara que siga manteniendo un blog, pero me gusta), y como material para compartir en domingo dejo por acá este, el más cortito, que me sacó una carcajada en medio de tanta emoción reencontrada. 😊
Estoy con gripe. Un narrador engripado no es lo más indicado pero bueh: veamos que sale. (…) (…) (…) No sale mucho, ¿eh?
Buenos días.




La tarde del desfile El 306 se vacía al llegar a la zona de la prueba de admisión para las llamadas, a pocos pasos del rosedal. Decenas de personas caminamos en la misma dirección: hacia donde ya comienzan a sonar los tambores. Decido apostarme justo en la zona de salida, desde donde escucho la charla de cada comparsa y veo de cerca el accionar de los jueces. Mucho nervio en la previa. Como siempre, el desfile de cada grupo sigue el orden tradicional. Primero las banderas, luna y estrellas, después las bailarinas, escobero, mamas viejas y gramilleros, la vedette (a veces dos), un bailarín, los tambores. “¡Vamos, pa’lante, gurises!” Grita alguien de los de las banderas, y también: “dos minutos muchachos, vamo’arriba, si queremos estar en las llamadas tenemos que dejar todo hoy!!” Una bailarina insegura repasa los movimientos: “tataratata, ta y vamos con los cuatro. Otra vez. ¿Y después?” Una vedette (Andreína) recorre la zona de las bailarinas, les toma las manos, las mira a los ojos y sonriendo les agradece por estar, una por una. “¿Alguno tiene leuco?” Pregunta una chica a todo el mundo, hasta que un señor desde el público le alcanza un rollito. Cuando el semáforo junto a un reloj electrónico empieza a titilar suenan los primeros repiques y comienza el movimiento. Son solo cinco cuadras, y en esas cuadras se les van los sueños. Yo paso una hora y media de desfile pegada a la reja, junto a una veterana de turbante que me dice que en sus años mozos también taconeaba de lo lindo. Una tras otra van pasando las comparsas. Fiesta para los ojos y los oídos. El público aplaude y a veces grita saludando a alguien. “¡Vamo’ el Cerro, eh!” Pasa un señor cargando a una nena en brazos que no pasa del año. “Uy, esa criatura, que le saque la campera que la va a asar”, me comenta la del turbante, antes de llamarle la atención a una de las bailarinas y ofrecerle un alfiler de gancho, porque la vio medio luchando con la cintura de su traje. “¡No nos podemos quedar quietos, hay que agitar!!” se escucha desde la zona de tambores de un grupo del interior. Y ahí se hizo la hora de irme a un encuentro con amigas para merendar y después ver “Argentina, 1985”. Y esa es otra historia. Solo una cosa: véanla. Y aplaudan. Buenas noches.





¿Vieron que hace unos días hablaba de un cajón de papeles recobrados? De vez en cuando (y en el marco de esta bendita huelga que no sé cuánto más voy a acompañar, porque para que termine este desastre habrá que votar bien y eso será en dos años y pico) estoy digitalizando algunas cosas. Hay material de todos los géneros: poesía, narrativa y drama (mucho drama), pero hoy me decanté por la comedia, y encaré una especie de diario en esquema que se ve que hice como soporte narrativo pensando alguna vez escribir algo. Ahí me encuentro con un montón de nombres de personas que no ubico, así como de eventos de los que difícilmente guardo un leve rastro de memoria. Parece que en los primeros días me gustaba un pelado (?) y que según yo le cambié la vida a un péndex (??). ¡Dios, qué frágil es la memoria! Algunas más que otras, digamosló, pero todas un poco. Una vez hace años pasé a cd un cassette de cuando tenía filmadora y cuando lo vi me encontré en situaciones, lugares y compañías de las que nunca pude reconocer ni dos segundos: con esto pasa (casi) lo mismo. Bienvenidos a un par de semanas en la cabeza de alguien de 26 años que parece que era yo en algún momento. No me juzguen.





¿En que otra ciudad una va rumbo a una asamblea gremial, la invitan a ver una obra de Sergio Blanco, al llegar se encuentra con una perfo en la explanada del Solís que termina en improvisado baile/fiesta y después asiste a casi dos horas de comunión teatral viendo una obra en italiano que le vuela la tapa de los sesos? ¿Donde más se encuentra una con sus profes del liceo, estudiantes del pasado y del presente, compañeros, amigos, gente linda? ¿Y en que otro lugar se pide una muzzarella con roquefort y se la dan a los cinco minutos por la módica suma de $150? #Montevideo #SiempreMontevideo





Si les dijera que en un rato le voy a ver la cara a dios, ¿qué pensarían? a) voy a una ceremonia religiosa b) voy a ver una obra de Sergio Blanco c) voy a tener un encuentro amoroso (aunque no con Duff) d) voy a escuchar a Peluffo en un toque casi privado e) voy a Valizas por el fin de semana largo f) todas las anteriores





🎵 Menina veneno o mundo é pequeno demais pra nós dois Em toda cama que eu durmo só dá você Só da você, só dá você iê iê iê iê (¿Está muy mal si una va cantando en el bus mientras cruza media ciudad para ir a la asamblea de su gremio?) (¿Está muy mal si una va compartiendo todo lo que le gusta de las redes y termina saturando a quienes la siguen?) (¿Está muy mal si una usa tres paréntesis seguidos y sueltos?) Menina veneno Menina veneno (iê iê iê iê)🎵





Hace un par de días contaba que me había topado de repente con todo un cajón lleno de textos de los que no guardaba ni la menor memoria. Fragmentos de diarios, sueños, poemas, páginas de agendas, cartas, resoluciones de año nuevo, mezclados con dibujos y recuerdos de amigos cercanos o no tanto. Se me ocurrió que estaría bueno digitalizarlos (al menos a algunos), porque una es una sucesión de personas en el tiempo y a veces las actuales no se acuerdan del todo de quiénes fueron hace mucho, en las épocas de los teléfonos fijos y sin internet, cuando las cosas se escribían a mano y se guardaban por ahí medio veneradas y medio protegidas de las miradas ajenas. Por acá voy a estar compartiendo de vez en cuando algunas cosas, por si gustan pasar y vichar. No les cambié el estilo pero sí omití dos o tres nombres, por aquello de que en este pueblo chico somos pocos y todos nos conocemos. Por hoy, aquí van tres textitos de los noventa. Siéntanse invitados.





Crónica de media hora agitada 9.57: respondo un mensaje por Instagram a una amiga y veo que tengo una solicitud sin aceptar desde el martes pasado. La abro: es de Duff Mckagan. Duff. Guns and Roses Duff, oh my God, Duff!!! 9.58: Compruebo que no me ha dado un infarto y leo el mensaje: Hello there how are you, I don´t usually chat with fans but I´m taking this time out to say thank you for your love and support always 🌹🌹. 10.00: Compruebo nuevamente que mi corazón resiste, le mando captura de pantalla a la amiga con la que fui a ver a G&R y también a la que pensaba ir conmigo al principio y al final vio el show desde el vip porque una amiga de ella, presidenta del club de fans de Duff (o de G&R, no lo tengo claro), le consiguió lugar a pocos metros del escenario. 10.15: respondo el msj: Thank you Duff, uliu merri mi? Come on to Arbolito cuando you like. Let that blondie in the pass and come to Uruguay es el mejor país! 🎵 10.16: comienzo a sacar hora para la peluquería, me anoto en un gimnasio y empiezo a preguntar precios de liftings y bótox. 10.23: me manda decir la del club de fans que esa es una cuenta trucha y que a ella le llegó el mismo mensaje. 10.24: aaaah… es verdad que le faltaba el tilde azul. 10.27: cancelo la peluquería y todo lo otro, bloqueo al falso Duff y me voy a la panadería a comprar unos polvorones con azúcar impalpable. ¡Qué desilusión! Esto me pasa por traicionar a Peluffo.




La francesa Annie Ernaux ganó el Premio Nobel de Literatura 2022. Los diez últimos ganadores han sido Abdulrazak Gurnah, Louise Glück, Peter Handke, Olga Tokarczuk, Kazuo Ishiguro, Bob Dylan, Svetlana Aleksiévich, Patrick Modiano, Alice Munro y Mo Yan. Bienvenidos al jueves de sentirme ignorante: lo único que he leído de ellos hasta ahora son unos poemas sueltos de Svetliana A. y un par de letras de Bob Dylan (y de la mitad me voy a olvidar del nombre apenas termine de escribir esto). ¿Quiénes de ellos y de los otros van a ser recordados -si seguimos por aquí- en unos siglos? ¿Se seguirá leyendo el Quijote? ¿Pensará alguien que Pablo Coelho es fiel exponente de la literatura del siglo XX o que Mercedes Vigil representa la narrativa uruguaya? Misterio.





Diálogo de liceo Hora de salida en el colegio; los de sexto año están guardando los útiles para irse. Alumna 1: _ ¿Qué se van a poner para mi cumpleaños? Alumnas 2, 3 y 4, a coro: _ ¡Tu cumpleaños es en marzo!!! Alumna 1: _ Bueno, ta, pero siempre soñé con mis 15 y por la pandemia lo tuve que retrasar un montón de años... ¿Ya saben cómo van a ir? Alumnas 2, 3 y 4: _ …




Primero hubo planes de rambla. Después hubo viento y tarde fresca. Un cajón de la cómoda abierto por azar. ¿Y estos papeles? No: mentira. No fue un cajón sino tres (dos de la cómoda y uno de la mesa de luz) y no fueron abiertos por azar sino porque se me ocurrió revisar las fotos de ochocientos de mis ex grupos que tengo por ahí en un sobre (fotos de esas que nos dan las adscriptas a principio de año), porque me parece que yo tuve como alumno a alguien de quien los medios hablan desde hace meses (y no porque haya hecho nada bueno). Así que me sumergí en los papeles. Pandora un poroto al lado mío. Ordené por arriba algunas cosas de los cajones de la cómoda, separé lo tirable (un 1% de lo que conservo), agrupé las fotos por un lado, los programas de teatro por otro, los recuerdos de viajes, las agendas, las carpetas con recuerdos e ainda mais. Ahí me acordé del cajoncito de abajo de la mesa de luz, ese que nunca reviso. ¡Dios! Era el mundo de los poemas, de las cartitas de mis amigos y de los desahogos en modo diario íntimo pero hechos en hojas de escrito y ya con más de veinte años. Entre otras cosas. Diálogos entrañables que creía perdidos para siempre y de repente ahí están, porque algún día se me ocurrió retenerlos en el tiempo. Dibujos que hacía cuando era muy chica: siempre rostros femeninos con los ojos llorosos, atención, doctor Freud, se solicita su presencia en el mostrador 5. Al final terminé ordenando todo por arriba, separé algunas cosas para compartir y dejé una montaña de papeles sobre la cómoda con el rótulo (mental) de “lo revisaré otro día”. Esto no me viene de familia: mis viejos solo guardan las fotos y los documentos importantes. Yo, en cambio… ufff. Recibos de tarjetas de crédito que ya no existen, boletos aéreos del siglo pasado, mapas de ciudades de las que no conservo muchos recuerdos, dibujos propios y ajenos, listas de cosas, números de teléfonos con pocas cifras y que no empezaban por 09. ¿Soy la única acumuladora de recuerdos? ¿Debo empezar a preocuparme? ¿O digitalizaré algún día 40 años de escritura analógica (y ahí capaz que arde Troya)? Misterio. Cosas que pasan cuando una está de huelga y el tiempo le depara estos pequeños encuentros con la memoria. Y en eso estamos.




Primero puse unos escritos sobre la mesa, una lapicera roja y el resaltador con el que marco cuando repiten demasiado "o sea" o "ya que". Después me hice un capuchino. Dejé entrar a la gata de la vecina. Hice karaoke con youtube por una hora. Gané varios premios a la mejor voz revelación. Caí en "Si me voy antes que vos" y me vinieron unas ganas enormes de ver a Jaime Roos*. Platea bien cerquita $2640 en preventa con tarjeta Recompensa. Si alguien quiere ir pegue el aviso. Fin del post. Los escritos aguardan muertos de risa. Creo que es tiempo de un segundo capuchino. Buenos días. *26/11




Diálogos (monotemáticos) de liceo 1. Recreo del medio en las dos horas con quinto Artístico. Yo: _ Hola, Fulana, ¿te dormiste a la primera hora? Ella: _Es que me acosté a las tres... El practicante: _ ¿Vos también fuiste al recital? Ella: _Sí, pero yo fui a trabajar. Practicante y yo: _ Aaaaah... Nota mental: a veces no sabemos nada de nuestros estudiantes. (And if I stare too long I'd probably break down and cry... 🎵) 2. Sexto año, mientras esperamos a la practicante, que tuvo un percance con el ómnibus. Una chica: _ Profe, ¿puede ser que te haya visto ayer en el Estadio? Yo: _ ¡Sí! No te vi: yo estaba allá arriba, en el anillo 3. Ella: _ Y sí, profe, yo también. ¿Viste lo que fue eso? Slash la rompió... La otra vez no había venido, porque estaban peleados, pero ayer estuvo impresionante. Y Axl también (porque viste que tiene como sesenta años), aunque yo creo que podría mejorar la voz pero no lo hace de vago. Sonó re bien. ¡Y tocaron pila! -agréguese un largo etc. hasta que pasan unos minutos, llega la practicante y pasamos de la mística del recital a la ciencia ficción de Bradbury. Ninguna de las dos pertenece al campo de la magia, aunque ambas podrían estar ahí. (Where everything was as fresh As the bright blue sky... 🎵🎵) 3. Analizando la escena 5 del Acto I de Macbeth. Yo: _Ella dice que puede leer en su rostro como en un libro... ¿Ustedes pueden hacer eso? Varios: _No. Yo: _ Y cuando llega un profesor a clase, ¿no se dan cuenta de si viene cansado o descansado, de buen o mal humor? Todos: _ ¡Ah, eso sí, claro! Yo: _O sea que son capaces de leer en el rostro de alguien. Por ejemplo, ¿yo hoy cómo estoy? Varios: _ De buen humor. Yo: _ Sí. ¿Cansada o descansada? Una chica: _Eh... Parecés un poquito cansada. Yo: _ Estoy agotada, ayer fui a un recital y dormí cuatro horas. Ella: _ Ah, sí, tenés pinta de destruida pero no te lo queríamos decir. (When you were young and your heart Was an open book... 🎵🎵🎵) Paciencia, estimados: esto se me va a ir en unas horas... creo. 😊




Fiesta, fiesta, fiesta! Tres horas de G&R sin parar ni medio minuto. Axl irreconocible pero con la voz intacta, el bello Duff majestuoso como un dios griego y Slash… sin palabras. Los demás ya se habían ido (debían estar llegando al hotel) y él seguía solo en el escenario tirando púas a la gente cercana mientras le cantábamos “olé olé olé olá… Slash, Slash”. Al final hizo un paro de manos (sin la galera) antes de irse y todos empezamos a salir porque ahí sí: la fiesta había terminado y empezaba a formar parte de las mejores memorias.



Se llama ortiga de terciopelo y hace años que vive en mi casa. La tenía sobre el escritorio. En cierto momento había estado tan feliz que dio metros y metros de ramas con hojitas violeta, a tal punto que yo había terminado enredándola en las rejas interiores de uno de los tragaluces, hasta que apareció el Pequeño Demonio (vulgo gata ardillita) y tiró al diablo maceta, planta y un manojo de ramas que quedaron regadas por el piso de la cocina como diciendo “hacete cargo”. Y lo hice. La planta madre se convirtió en infinitas otras que fueron a parar a las casas de amigos y conocidos, hasta que solo me quedó una. Pensé que pronto iba a volver a crecer, pero no. Estuvo todo un año en que me voy y me quedo. Hace un par de semanas la cambié de lugar, la puse más cerca de la luz (aunque no al sol directo) y de a poquito va volviendo a cobrar fuerzas. Hoy tiene pinta de contenta: creo que le gusta la primavera y además debe andar más tranquila desde que ve que a la ardillita no le dejo entrar en casa. Cuestión de optar entre la energía desbordante de algunas juventudes y la placidez serena de algunas madureces, estimados. Yo a veces soy gato, a veces planta e incluso (de vez en cuando) me limito al rol de ser humano (aunque todos somos todo sin partes ni límites, pero esa es otra historia y el domingo soleado no da para ponerse filosóficos). Que anden bien. No gasten mucho, que lo del sueldo doble duró lo que algunas promesas electorales. Buenos días.





Cuando llego a la parada hay un taxi deteniéndose a unos metros. Un muchacho de remera roja se le acerca y dice algo a alguien en el asiento trasero, alguien que al bajar resulta ser una chica flaquita de no más de veinte años. Ni bien baja él la envuelve en un abrazo cinematográfico, en tanto las tres o cuatro personas que esperamos el 103 observamos la escena como de casualidad, haciéndonos las que estamos en otra. Unos segundos después él le alcanza un billete al tachero y vuelve a abrazarla como si no hubiera mañana. Se nota de lejos que no es solo pasión: ahí hay amor. Ella es un poco más tímida, en cierto momento le palmea la espalda y no se entrega tanto al reencuentro, pero cuando por fin empiezan a caminar muy juntitos ambos se enjugan las lágrimas antes de volver a abrazarse. A los diez metros se detienen para secarse otra vez los ojos y tomarse una selfie.
En eso llega el 103. La parada vuelve a quedar desierta. A los testigos solo nos falta aplaudir, tirarles arroz y agradecerles, porque el amor es algo lindo aunque se vea medio de lejos y sin contexto.
¡Viva la primavera!
Y que nunca falte.





Yo: seco rulos al sol y me sumerjo en la magia de las palabras en versión de Sergio Blanco. La vecina: acompaña en silencio y mordisquea un par de dedos si se exceden en los mimos. La planta junto a las botellas: trata de resistir a no sé qué cosa que aún hago mal con su vida. El laurel: sabe que no tiene futuro de árbol en la pequeña franja de tierra de este patio pero igual se alza hacia el sol superando las barreras de mis muros. La araña de la tela infotografiable, el mangangá zumbador y las hormigas inquietas: acompañan la escena de sábado de mañana dándole sonido y movimiento. Y aquí estamos. Resistiendo y viviendo (más o menos lo mismo, con palabras coloridas).