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martes, 7 de octubre de 2014

EL SUEÑO DE LA BANDA PROPIA






            Esta mañana decidí que apenas pueda le pego una llamada al Cholo y le propongo que formemos una banda para secuestrar mujeres.
No a todas, ni tampoco cualquiera, no. Nuestra víctima ideal tiene entre treinta y sesenta años. Acostumbra llevar de arrastro su humanidad embutida en ropas que pugnan por pasar inadvertidas, con un marco capilar ajado y sin brillo y un rostro que solo conoce de pasada el rouge que se le aplica a toda velocidad y el lápiz negro que no siempre acierta el camino a la delineación de unos ojos eternamente bajos.
_ Yo no soy de perder tiempo con esas cosas._ dice.
Y también:
_ El que no le guste, que no me mire. _Y trata de esconder sus uñas sin color y con cutículas deshilachadas mientras nos observa de reojo a ver si su mentira ha dado con oídos receptivos.
El Cholo y yo planeamos para ella un rapto sin violencia, eso sí, nada de golpes ni amenazas. Un pañuelo embebido en somnífero aplicado por sorpresa mientras espera el ómnibus en la parada o intenta corregir escritos durante sus horas puente en la sala de profesores de algún liceo, un corto viaje trastabillando sin demasiada conciencia de la situación y el asiento trasero del coche que la espera con la puerta ya entreabierta serán más que suficientes para ponerla por entero en nuestras manos. Ambos confiamos en que podemos realizar esta operación en un par de minutos sin tropiezos.
Una vez en la guarida será el turno de la Mimí. Madame Mimí, como a ella le gusta que le digamos, aunque nació en la Unión y lo más cerca que estuvo de París fue una noche que se la pasó cantando La Marsellesa con  un par de marineros polacos en el Bosquecito de la Francesa, allá por Lezica.  Madame Mimí, decía, tiene a su cargo la parte técnica del asunto, porque es la que sabe de peluquería, maquillaje y estética en general como si hubiera hecho el curso de Belleza de la UTU que siempre pensó y nunca pudo.
Nuestra tropelía será aprovechar el tiempo en que la víctima esté sedada para convertirla en la mejor versión de sí misma que jamás pudo soñar, incluyendo corte y tintura de pelo, maquillaje, bijouterie, maniquiur (como le gusta decir a la experta), limpieza general de sarro (porque la Mimí trabajó como dos meses una vez de ayudante de dentista y conoce la técnica), extirpado antinflamatorio de barritos y un vestuario  tan moderno como sentador, donde quizá por vez primera los colores armonicen sin gritarse y los anillos adornen sin abrumar. Como toques finales un buen perfume, carterita elegante al hombro, y listo el pollo. El Cholo me toma el pelo y me carga con eso de que le estoy copiando las ideas a un programa de cable, pero yo le porfío que la idea me viene de más atrás, de las reuniones familiares de mi infancia rodeada de señoronas marrones y sepias aventurando monosílabos inexpresivos en medio de incómodos silencios y miradas disimuladas al reloj cucú de la sala de mi tía Coca.
Una vez liquidado el asunto de la mejor versión de sí misma y bla bla bla vamos a devolver a la víctima a su hábitat natural para estudiar tanto sus reacciones como las del entorno inmediato, lo que haremos disfrazándonos de usuarios del sistema de transporte capitalino en la parada en la cual la dejaremos, o de padres del alumno Rodríguez de 4º4 (siempre hay un alumno Rodríguez en 4º4 y siempre tiene algún problema de conducta para ser notificado a sus progenitores) en el liceo donde la encontramos en primer lugar.
Lo único que me preocupa y que no hemos podido resolver es la pequeña cuestión de qué haremos cuando tras cuatro o cinco secuestros la cosa cobre estado público y empiecen a aparecer en las paradas señoras esperando un hipotético ómnibus por horas y horas o eternizando los recreos para lograr quedarse solas en las salas de profesores de todo el país como diciendo “aquí estoy”. Y no sé. El Cholo dice que para entonces podríamos empezar a cobrar por secuestro, y la Mimí incluso quiere ir armando desde ya una lista de espera para sus forzados milagros estéticos, pero yo no sé.
Por ahora no voy a tomar una decisión, porque después de todo no es tan urgente, pienso mientras levanto los ojos y miro a mi alrededor en busca de posibles futuras víctimas de mi banda de delincuentes del asfalto. Hay a mi derecha una en particular, una cuarentona castaña cuyo perfil se recorta contra el gris del muro de la Caminera en la vereda de enfrente, que…
 ¿La Caminera?
En una fracción de segundo me enderezo en el asiento del 103 y me abro paso hasta el fondo, donde no hay Cholo ni Madame Mimí que me apliquen somnífero alguno, pese a que yo integraría con mucho gusto su lista de espera para el milagro.
_ ¡Guarda! ¡Bajo en esta!
_ Podrías avisar con más tiempo, ¿no?
_ Sí. ¿Y tu mujer cómo anda? Decile de mi parte que el Cholo la anda buscando, decile…_ mascullo para mis adentros (no vaya a ser que el señor se enoje y mi banda se quede sin ideóloga antes del primer secuestro), y me voy a mi casa, a darle de comer a las gatas.


            

viernes, 3 de octubre de 2014

Crónicas de bus: octubre 2014

   



CRÓNICA DE LA INTERACCIÓN CASUAL POR LAS CALLES (Y BUSES) DE MONTEVIDEO

Capítulo 1: 
La señora que va junto a mí en el 103 se me queda mirando descaradamente y soy consciente de que me está haciendo una radiografía visual a escasos centímetros de mi cabeza. De pronto se decide y me habla.
_¡Cuántas canas te salieron, con lo joven que sos!
_ ¿Perdón?
_ Que estás llena de canas. Mirame a mí: 68 años y ni una tengo. Es que mis abuelos eran vascos franceses y tampoco tuvieron nunca.
_ Ah, me alegro por usted.
Y me bajo pensando que la semana que viene tengo que ir sin falta a hacerme la tinta, aunque lo de que la señora no tenía canas no pude comprobarlo, porque estaba teñida de rubio.

Capítulo 2: 
Fui a hacer mandados bajo el amable sol de la mañana temprano, y al doblar una esquina vi a un castaño de pelo largo, vestido solo con una bermuda de jean y agachado, juntando algo que yo creí que era del pasto. Hay cada loco... Ya seguía mi camino cuando su grito me detuvo en seco.
_ ¡Profe!
Caramba, caramba. Parece que cada vez resulto haber sido profesora de personas más viejas. Casi mayores que yo misma incluso.
_ Sí, sos la profe, claro. ¿Cómo andás?
_ Bien... ¿Vos de dónde eras?
_ Del 14. Estás igual, qué impresionante, igualita. 
Otro que me viene con el cuento.
_ Eras del 14... ¿Qué edad tenés?
_ 36
_Ah, con razón no te recuerdo. 
Esta vez tenía una justificación; no era necesario aclarar que si hubiera sido de 2013 capaz que tampoco lo ubicaba.
_ ¿Qué estás juntando?
_ Moras, ¿querés? Llevate unas cuantas.
_ No, te agradezco, porque recién voy a hacer mandados. Bah, dame una y la pruebo. ¿Las moras no son rojas?
_ Estas no. Son moras blancas. Estás igualita.
Y me fui con la mora en la mano. Todavía no la probé.


Capítulo 3
8 de Octubre y Vicenza es una esquina muy convulsionada últimamente, en medio de una obra de remodelación enorme que ya lleva varios meses y ha hecho que en estos días esté cortada toda una senda de la avenida. Tuve que dar unos pasos medio acrobáticos para acercarme al frente del local de Acher de la esquina y ver si encuentro al gato viejo al que le doy comida. Pero nada.
_ ¿No lo viste?_ Sonó una voz a mis espaldas.
Era una vieja de chismosa, y no tuve que preguntarle a quién se refería. 
_ No. ¿Vos sabés algo?
_ Nada, hace días y días que no lo veo, pobrecito. 
_ Capaz que lo adoptó alguien.
_ Ojalá. Que andes bien.
Y seguimos nuestro camino, dos caras de la misma moneda con solo un par de décadas de diferencia.







El 405 dominguero y semivacío al que asciendo en mi cooperativa no demora ni diez segundos en darme una enseñanza de valor general: no está bueno alardear del dinero que uno posee. 
O eso creo desde el momento en que me tiro en el primer asiento libre, busco en mi monedero el importe del boleto y soy solicitada a la vez por dos mujeres. 
La de la derecha es la guarda, que se dirige a mi tratando de disimular un cierto brillo de expectativa en su mirada.
_Tenés monedas? Porque siento el ruidito...
La de la izquierda es una anciana silenciosa que me toca el hombro y me alcanza un cartón que tiene un mensaje que solicita ayuda en virtud de sus muchos problemas económicos.
Conclusión 1: hay que tener mucho cuidado, porque mostrar en el ómnibus las monedas, o simplemente dejarlas sonar puede hacer que uno siga su viaje con unos pesos menos en el bolsillo y un agujerito nuevo en el alma.
Conclusión 2: ¡si habrá que meditar antes de poner el voto de acá a siete días! 
Yo sigo apostando por los que defienden aquello de que los más infelices deben ser los más privilegiados. Vamos de Frente.





El miércoles empezó con un grito de horror en la parada del ómnibus cuando una vieja de sombrerito que iba a paso de tortuga se tiró a cruzar delante de un Copsa que venía a toda velocidad y tuvo que clavar los frenos para no despachurrarla con sombrero y todo.
Luego, la telenovela de la mañana. "Quiero ir contigo, déjame subir". "No, no hay espacio para ti en mi vida". "Vamos, dame una oportunidad, 405, que 316 me rechazó y se fue de largo...".
Ya en viaje, una voz desde el asiento de atrás.
"Me mandó un msj que quiso ser chistoso pero no lo entendí; vos viste que los hombres para el humor son medio huecos..."
A continuación me llega un wsp pero no quiero chequear, porque me parece que el señor hindú que conocí ayer en un 103 es un poco insistente y no tengo ganas de pensar corteses mensajes de despedida por los siglos de los siglos amén y encima en inglés.
Pero capaz que no es.
Este es el grado de dilema existencial que manejo a las siete de la mañana: no tengo cerebro para nada más complejo que dos más dos cuatro.
Se vació un asiento. Para esto sí mi cerebro está preparado.
¡A por él!




Mi 316 rumbo al liceo 58 no iba ni muy lleno ni muy vacío. Yo aprovechaba el tiempo para releer a Machado de Assis y medio de reojo controlar a mi compañero de asiento, que había resultado ser bastante movedizo. No veía nada de él, excepto la manga negra de su campera de nylon y una mano joven de dedos morenos, pero percibía que iba nervioso porque dos por tres se daba vuelta o amagaba con bajarse.
De pronto me habló.
_ Sorry, do you speak english?
Lo miré. Era un hindú: pelo negro lacio, lentes, bigote, piel amarronada, veintipocos años. El típico hindú que últimamente prolifera por estos lares y de los que (prejuiciosamente) me dan siempre la impresión de ser todos iguales.
No tuve alternativa: había que comprobar sí o sí si los dos años de inglés de la Alianza habían servido para algo.
_ Yes. Can I help you?
El pobre iba viajando hacia Zona Franca en un ómnibus que lo iba a dejar a kilómetros de distancia. Le expliqué cómo llegar a donde iba y charlamos un rato. Fue mi primera conversación totalmente en inglés; salió muy fácil.
Eso sí, después tuve que explicarle a Baba que no tenía whatsapp ni twitter, aunque creo que la mano venía de inmigrante solitario en un país tan extraño y exótico como nosotros. O eso espero, porque al final me conmovió su condición de perdido en la realidad uruguaya y le pasé mi teléfono.
Todo esto es para explicar a mis amigos de este muro por qué no pienso atender ni una sola llamada que provenga de un número desconocido en lo que queda del año.
He dicho.



MEJUNJE DE CHARLAS DE BUS DE VARIOS DÍAS

"_ ¿Y al almacén donde vos trabajás no lo cierran nunca?
_ Solo los domingos a las tres de la tarde. Bah, tres, tres y media, cuatro, porque mientras haya gente sigue abierto"


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" _ Atendimos 52 mesas en una hora, hoy. Casi batimos el récord, que es de 54. Nos dijeron que de premio nos iban a dar una coca mediana; espero que no se olviden."

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"_ ¿Tengo que ponerme el Evatest en la frente para que me den el asiento?"

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"_¿Vos sabés cómo nací yo? Mi papá y mi mamá estaban re calientes pero no tenían preservativos. Pensaron pedirle a mi abuela y al final mi vieja no se animó, pero como querían garchar como fuera lo hicieron igual y, bueno, nací yo y después se casaron. No fui una hija planificada".

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"_ Hoy me voy a poner un shortcito, así puedo bailar encima de la barra y no me tengo que andar cuidando de que se me vea".

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"_ Quién sabe con lo que me voy a encontrar porque la vieja esa no te limpia ni un vaso. Yo nunca vi cosa igual. Se pasa dele que dele con la computadora y no sirve ni para levantar la mesa. Solo va a la cocina a buscar algo para comer; no sirve para nada más. Cada lunes me encuentro aquello que parece Gazobo. ¡Te juro, parece Gazobo!"






Viernes, 10.22 de la mañana. 
Me levanté a las ocho, limpié mi casa, jugué con mis gatas, oí a Darwin, hice mandados, regué las plantas y cociné para el mediodía. ¿Qué me falta?
Me faltan una madrugada, cuatro buses y casi cincuenta gurises de cuarto año. Bendito asueto del privado.






En medio de la lluvia, el viento y el cansancio de una jornada de 12 horas reloj, en la esteparia precariedad de una parada sin techito, en medio de los pelos ingobernables y los zapatos mojados, lo veo y me ilumina el rostro, como todos los jueves a esta hora. ¡Es él! ¡Él! Mi 103 preferido que sale de Tres Cruces y llega vacío a la parada para que las (literalmente) 20 personas que nos zambullimos en su coraza protectora de las inclemencias del tiempo podamos viajar sentadas y sin vendedores de ocasión ni cantores in the rain.




VOCES DEL 405

a) EMPLEADAS

_ Yo ya hago 40 años de casada.
_Cuando hagas 50 hacé una fiesta y me invitás.
_ ¡Ah, claro! 40 años... Mi gordo siempre me acompaña a la parada. De noche, después de cenar, me dice "dejá, no levantes los platos que mañana lavo antes de ir al trabajo".


_ ¿Viste, María, que Lacallecito va a ser mucho mejor para nosotras? ¡Dale, votalo que falta poquito! Van 42 a 37. ¿Vos a quién votás?
_ El voto es secreto.
_ ¿Y vos? (a una tercera)
_ Yo voto a Tabaré. Tendríamos que estar contentas, es el que más nos ha apoyado.


_ Yo era Rodríguez y firmaba con z y ahora me voy a casar, saqué la partida de nacimiento y me salió una s. Rodrígues, nunca vi Rodrígues con s. Es la primera vez.


_ Me voy a sentar, si no te enojás. No doy más de las patas.


_ Yo soy de Danubio. 
_ Mi marido cuando pierde se pone muy mal, pero yo te digo la verdad, sinceramente, un poquito me tira la selección. El resto no.


b) ESTUDIANTES

_ No sé si va eso, porque solo dimos dos clases de ese tema, una de Impresionismo y otra...
_ ¿Vos sabías que Sofía vio el parcial de mi clase?
_ ¿El de Literatura? ¿Y qué pregunta?
_ No sé, vio unos recuadros, nada más...
_ La de Literatura no me soporta. El otro día Jime me preguntó algo y yo le estaba pasando y ella creyó que yo pedía que me pasaran y me dijo "Clarita, el lunes cuando entregue los escritos usted va a tener que justificar oralmente la nota que se saque". Qué bajón, ¿entendés, boluda?


_ Yo el lunes voy a empezar a trabajar. Sí, a repartir listas de los blancos. A mí no me importa nada, pero, o sea, son 6 horas y te pagan 400 pesos por día. 
_ ¡Genial!
_ O sea, tengo un puestito y, o sea, estoy un rato sentada, otro rato me paro y entrego listas en una esquina y los fines de semana en una feria.
_ Y ahí te pagan más, ¿no?
_ No, o sea, no creo. Es de aquí a las elecciones, o sea, me hago unos 7000 pesos. Ojalá que haya segunda vuelta así curro un poco más.




Estimado usuario de facebook: 
La Dirección de esta página cumple en informar a usted que en virtud del cambio de horarios (y del cuerpo con memoria de la hora anterior, borrosamente despertado a las 7.09 con la sola opción de un taxi que en día de lluvia y principios de mes demora veinte minutos en pasar y termina llegando al Integral a las 8 de la mañana) no se dispondrá de crónicas de bus en la presente jornada.
Comuníquese, archívese, etc.








Poema en seis personas.

Yo: escribo en el celular.
Tú: lees una crónica de bus (otra).
Él: maneja el ómnibus y oye el relato de un partido de fútbol por la radio.
Nosotros (los abnegados pasajeros): miramos por la ventana y buscamos un poco de silencio en nuestros corazones.
Vosotros: (los que no viajáis en 103), no podréis comprenderlo.
Ellos (los del fondo): van disfrazados de futbolistas, cantan y tamborilean de lo lindo.

Necesito poner punto final a este ruido dominguero, o al menos puntos suspensivos, para convertir en pretérito indefinido este presente interminable al que accedo varias veces por día por la módica suma de 23 pesos.




Está en la misma parada de ómnibus que yo. Tiene veintipico, es regordete, viste rigurosamente de rojo y negro y porta un parlante que cada dos por tres prueba por unos segundos, inundando de reggetón el ruido ya de por sí ensordecedor de 8 de Octubre.
Lo miro de reojo. Ya lo he visto, lo he escuchado y me he aturdido.
Hoy no, por favor, hoy no.
Lo sigo controlando al disimulo. 
Intenta subir a varios vehículos y es rebotado vez tras vez. Sigue esperando, y yo (que no creo) rezo para no salir favorecida esta mañana con su arte callejero.
Al fin viene mi 402, y al ascender me doy cuenta de que él se tomó el 100 de adelante.
Gracias, quienquiera que maneje los hilos de los acaeceres intrascendentes de que está hecho el tiempo. 
Gracias, pienso de nuevo, mientras me dejo llevar por los Doors que va oyendo el chofer. La mañana se hace menos gris y más vivible. Gracias.






"La gata. Vos sabés qué es lo que hace ahora esa gata loca? Abre la puerta del ropero en medio de la noche. La mueve con la patita hasta que la abre para acostarse encima de los acolchados. Qué gata loca! Sabés cómo la saqué, ¿no?"
   Dios mío. Acabo de encontrar a mi alma gemela en un 103 y es una cincuentona de lentes hablando por celular con una amiga.
Por suerte la dinámica del ómnibus pronto pone distancia entre nosotras, porque me da miedo seguir oyéndola, y además así puedo concentrarme en la radio del chofer que va dando consejos burreros con "Por una cabeza" como música de fondo.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

La visita





_ ¿Probaron las galletitas? ¡Servite una galletita; están ricas! ¡Dale, servite, no hagas cumplidos!
Estoy sentada en el living de la que fue mi casa hasta los quince años, oyendo la voz de la tía que vivió pared por medio con mi familia todo ese tiempo, y todo es y deja de ser pasado y presente momento a momento.
Las voces y el espesor del tiempo son los mismos.  Sobre todo las voces.
_ ¿Querés un vaso de Coca?
Igual que antes: ni bien entraba a lo de tía Marina por alguna reunión familiar, ya tenía un vasito de plástico rojo con Coca Cola ante mis ojos. Esta vez el vaso era de vidrio, pero yo seguía midiendo un metro diez y vistiendo buzo de lana bordó y pollerita tableada a cuadros escoceses, o eso me parecía.
_ Esta habitación da la impresión de ser mucho más chiquitita que cuando yo vivía acá. No sé cómo entraban la cama, la cómoda, las sillas y los cuadros.
_ ¡Lo que es la memoria! ¿No?
_ No, mamá._ tercia Marita, la hija de la tía_ No es la memoria. Esta habitación es de verdad más chiquita; nosotros reciclamos la casa y le sacamos como cuarenta centímetros de ancho.
_ Sí, ya vi que ustedes cambiaron todo, menos la mesada de la cocina.
_ Esa también es nueva.
_ Ah.
Miro a mi alrededor buscando algo que pudiera reconocer. Frente a mí estaba sentada Rosario, la señorita Rosario, mi maestra de cuarto, quinto y sexto de escuela. Había venido caminando conmigo desde Camino Maldonado; ella antes pasó un ratito por la cárcel y después hicimos un par de cuadras solitarias, donde el único ser vivo que nos cruzamos fue un caballo blanco, inmóvil, con todo un costado embarrado y atado a la ventana abandonada de una fábrica. Estaba acompañada en esta visita también por su madre y su hermana.
La hermana, María, la Bióloga de la familia, la que se resiste a usar celular, pasa sus buenos diez minutos buscando papel y lápiz para anotar los teléfonos, edades y fechas de nacimiento de parientes varios, mientras la tía nos cuenta que menos mal que se rompió el timbre, así ahora nadie la molesta y además se evita problemas, porque el barrio está bravo. Ah, sí, concuerda María, mientras llena la mesa de bandejas de alfajores y cuenta que una vez un ladrón le robó la cartera y ella tuvo que resignarse a perder los dos o tres frascos de vidrio con mosquitos que llevaba. 
La madre de ambas, Gladys, tiene el pelo blanco, el carácter apacible y la memoria perfecta. Todas hablamos a la vez, tomamos refrescos y comemos alguna cosita mientras dentro de nuestras cabezas se producen ajustes y reajustes de imágenes cada medio segundo. Extrañamente, soy la más joven de una reunión de seis personas. Siempre fui la más joven en esta casa, pienso, o al menos lo era mientras vivía aquí.
Busco reconocer lugares y solo encuentro fragmentos. El árbol del frente, unas baldosas en la pared, el parrillero. Me faltan los tangos de D'Arienzo, las plantas de ananá, la cucha del Terry, el ciruelo lleno de bichos peludos y los sapos alrededor de sus raíces. Los recuerdos no coinciden, pero nunca lo han hecho, y terminan escurriéndose hacia la quinta, donde el limonero del tío Isaías parece que se viene abajo de tantas frutas amarillas.
La visita dura un par de horas. Cuando subimos al taxi de la vuelta nos cruzamos al marido de mi prima que viene remolcado por una locomotora dorada y jadeante que debe ser su perro gigante, y apenas si lo saludamos con la mano mientras ponemos proa al final de un domingo en otros ambientes y tiempos.
Termino el primer fin de semana  de las vacaciones de setiembre metiéndome en la cama a las nueve de la noche y durmiendo de un tirón hasta que mi gata Roldana me despierta arañando la puerta del dormitorio a las seis de la mañana, como todos los días.






lunes, 15 de septiembre de 2014

Crónicas variopintas






Cuatro encuentros en diez minutos.

1. El repartidor de garrafas.
_ Uy. Usted fue mi profesora de Literatura... Rodríguez, ¿no? 
_ Sí, pero no podés reconocerme hoy porque estoy totalmente despeinada.
_ Está igual. Yo soy Fulano, del liceo 19.
_¡Pah! ¿Del 19?
_ Sí. Hace muchos años. Yo tenía 20 kilos menos.


2. El viejo que buscaba algo de comida en el contenedor.
_¡M'hija! ¿Usted sabe qué es esto?_ mientras me mostraba una caja de algo que decía "Kosher" y "Meal".
_ No sé... Comida judía en polvo, capaz. 
_ Tené cuidado, m'hija. Te matan por cualquier cosa. Tené cuidado.

3. El vecino que fue mi alumno del 58 hace quince años.
_¡Mariela! ¿Cómo andás?
_ Bien, ¿y vos? (a este sí lo ubicaba)
_ Bárbaro. A ver, che (al hijo), vení a saludar a la profesora de cuando papá era un gran estudiante.
Pero el pibe parece que mucho no le creyó. Hizo bien.

4. Ella. 
Mimos, abrazos, lengüetazos: Isis.

Cuatro encuentros y en ningún caso me quedé con la duda de a quién había saludado. Debo estar progresando.






Leer Espectador.com siempre es una experiencia extraña, algunos días más que otros. Hoy, por ejemplo, están solicitando a gritos un corrector de estilo.

"Se publicará el 28 de octubre, al cumplirse 60 años de edad de su nacimiento." (mirá vos... resulta que mi nacimiento ya tiene 47 años de edad y yo no me había dado cuenta)

"Reunirá para ello dos discos con pistas ratas." (por las dudas, paso)

"Tras el robo, la policía logró detener a una persona y encautar la moto con la que fue robado." (estos encautan de todo... ¿o era encanutar, el verbo?)

Y me aburrí; con dos artículos y tres errores es suficiente por ahora.






Otra vez.
Otra vez.
Otra vez.


Persona desconocida: _¡Hola!
Yo: (?)
Persona desconcocida: _ Soy Tato, Mariela!
Yo: _ Ah, qué hacés, cómo andás?
(¿vecino, ex alumno, novio de amiga, primo lejano, compañero de escuela?)
Persona desconocida ahora Tato: _ Bien, qué gusto verte, tanto tiempo!
Yo: _ Sí...
(y siguen cinco minutos de charla intrascendente que no aportó datos sustanciales rumbo al esclarecimiento del misterio)

A veces me asusto de mí misma. Después me olvido. Pero a veces...





Viernes. He dado 11 horas de clase en dos liceos, 6 grupos, 140 gurises, y volvería a repetir toda la jornada, toda ella, cualquier cosa, con tal de zafar de esta asamblea de los 200 socios en la que mi cooperativa ha tenido a bien meterme en este viernes de gripe y pre tormenta. Los adultos son bravos. Muy bravos. Insoportables.






UN METRO. Un metro medía la víbora que acabo de casi pisar en la vereda de Florida.
Hermosa, lo reconozco, con ese color verde esmeralda que inmediatamente elimina toda preocupación por el veneno, pero igual morí de miedo al verla retorcerse y meterse en el pastizal, casi a mis pies.
Iba distraída mirando a un ternero que saludo mentalmente cada jueves en un baldío, cuando un movimiento a mis pies me hizo dar un salto y una puteada a la vez que resucitaron por arte de magia todas mis fobias infantiles.

Respiro. Olvido. Vuelvo a ser yo. Ooom.


Puta madre. No funciona.




Tras el temporal de ayer hoy son un placer el sol y cielo azul con gustito a primavera. El 316 vino en un segundo y había un asiento libre esperándome. No subieron vendedores ni cantores en todo el trayecto. 
Tuve una clase light con el único grupo de la mañana, que suele ser muy quejoso pero hoy estaba de un desacostumbrado buen humor, tanto que el tiempo se fue sin notarlo.
Pasó una hora de café, charla y galletitas caseras en sala de profesores, mientras hacía tiempo para un par de trámites.
Pensaba tomar un ómnibus para la primera de esas vueltas pero mirando un mapa vi que en ocho cuadras estaba, y fui.
Una vez que llegué al Semm se me informó amablemente que no puedo solicitar asistencia en viaje (previo asociarme y pagar mil pesos), porque en realidad ya la tengo desde 2005, cosa que había olvidado.
Cosem no me quiso cobrar la orden para la ginecóloga porque aún tengo un par para utilizar gratis. Llegué a la consulta 50 minutos antes pero la doctora estaba sin pacientes y pasé de inmediato.
El 405 tiene su salida a un par de cuadras, y justo partía uno cuando yo llegué. 

Aún me quedan dos trámites en el centro y un par de reuniones de profesores en la tarde, pero creo que ya estoy en condiciones de afirmar que este miércoles está dedicado a no complicarme la vida, y lo está haciendo muy bien.




6º Biológico:

_ ¿De qué país es García Márquez? ¿Alguien sabe?
_ Boliviano.
_...
_ Paraguayo.
_...
_ Venezolano.
_...
_¡Ah, no, ya sé: es del mismo país que Shakira!
_ Sí. ¿Y alguien sabe de qué país es Shakira?
_ ¡Colombiana!
_ Eso. García Márquez es de Colombia. Igual que Shakira.




Habíamos acordado encontrarnos tres cuartos de hora antes en el cine, para sacar las entradas con tiempo y tomar un cafecito allí mismo mientras nos poníamos un poco al día con nuestras vidas. Cuando llegué decidí arrimarme a un costado de la entrada pero quedarme adentro, porque el frío se estaba haciendo sentir y además había mucha gente en la vuelta, tanto como para estorbar el paso y ser empujada si no tomaba la precaución de buscar una pared amiga donde apoyarme.
Vi primero a un compañero de trabajo y luego a otra. Ambos me presentaron a sus respectivas parejas, dialogamos, siguieron su camino. Iban a ver otras películas. 
El tiempo pasaba lento.
Cuando hacía diez minutos que mi humanidad estaba saturándose del género humano y su irritante proximidad de hormiguero me llegó un mensaje de mi amiga. "Mari no me mates pero demoré porque tuve que hacer algo antes". 
A los cinco, otro: “No encuentro la tarjeta del ómnibus”.
A los tres, una llamada: “Voy en viaje, en unos minutos llego”.
Y llegó. No hubo café previo, pero sí unos minutos de charla en medio de la multitud trashumante y comunicativa.
Yo la quiero muchísimo, más allá de cualquier demora, y por eso he estado meditando cuál podría ser el castigo a sus reiteradas infracciones a las leyes de la puntualidad, ese uruguayismo extremis de caer justo sobre la hora, cuando la sala del cine está apagando las luces de la previa o los acomodadores del teatro están por cerrar las puertas de acceso. Pero no doy con la medida correcta. 
¿Tendremos que empezar a encontrarnos a la salida y no a la entrada?
¿La dejo ser como es, no le digo nada y mentalmente decido empezar a llegar media hora tarde cada vez, para ver si coincidimos en el tiempo?
¿O será que con meterla de modo innominado en una crónica relativamente leve y amenazarla con empezar a escracharla con nombre propio en la estratósfera virtual de las redes alcanza?

Misterio.


sábado, 6 de septiembre de 2014

Crónicas de bus: setiembre



Crónica de vacaciones


Salí en un 405 oyendo La Ley FM, vuelvo en un 300 oyendo La Ley FM, pero nada importa porque estoy de vacaciones, la la la!!!

(La Dirección de este sitio cumple en avisar a usted que las crónicas de bus retomarán su curso habitual la próxima semana. Hasta entonces: paciencia, estimado lector, paciencia.)


Crónica desde la experiencia


Iba caminando cuando un pique a mis espaldas me sorprendió. Era un vecino corriendo enérgicamente para interceptar un ómnibus que ya había salido de la parada y que como es lógico siguió de largo, pese a que aminoró la velocidad al llegar al lomo de burro de la esquina. 
Reconozco que su intentona fallida ya me estaba dando cierta lástima solidaria, hasta que vi qué era lo que había corrido. ¡Un 103! No se puede correr un 103. Lo siento, pero no se puede. Un 404 sí, seguro. Un 405 o 316, vaya y pase, pero un 103... Va contra el Reglamento de Usuarios de buses. Correr un 103 es algo tan inútil como sacarle una foto a un gorrión: siempre están ahí. 
Pobre vecino corredor. Él normalmente anda en auto y no conoce el Reglamento de Usuarios, pienso, y sacudo levemente la cabeza con aire de experta en las vicisitudes y el código de etiqueta de los usuarios habituales del transporte público capitalino, mientras apuro el paso para tomar mi 405 de los miércoles a primera.

Crónica de martes

Martes de verlos pasar. Otra vez, como cada semana cuando me toca entrar a segunda, me entretengo en la parada contando los omnibuses que nos miran y siguen de largo. Hoy fueron ocho: dos a Pocitos (los míos), cuatro al centro y dos COPSA con los que hubiera hecho una combinación, pero no. Ni uno. Ya estaba mirando con cariño unos Corporación Cut que no tengo la menor idea de dónde vienen ni adónde van, cuando un 103 tuvo a bien detenerse y subí. No sé si era peor la sensación de asardinamiento colectivo o tener que ir oyendo La Ley FM, pero subí. Una vez en Comercio intercepté a un 405 que en mi cooperativa seguro no se detuvo y aquí voy, rumbo a llegar en hora como siempre, a un lugar donde las personas no sospechan lo que es viajar de la Curva de Maroñas a Pocitos a las siete y media de la mañana.

El resentimiento social se me irá tan pronto como dé el primer minuto de clase, lo sé. Por ahora festejo que me tocó el Guarda Bueno, que tiene un saludo amable para cada pasajero, avisa de las principales paradas con estilo de conductor de Turisbus y va oyendo simplemente música, sin nadie que la contamine.


Crónica soñadora

Eran dos parejas casándose en el mismo lugar, en dos salones contiguos. Los 4 eran jóvenes y bellos; los negros con sus atuendos tradicionales rojo y dorado, los blancos con el vestido blanco y el smoking de rigor. Las mujeres eran altas y esbeltas y los hombres reían todo el tiempo con voces francas y contagiosas.
Ambas fiestas avanzaban, quemando las etapas previstas. Todo era felicidad y jolgorio hasta que hubo una confusión. Pasaron cosas. Tantas cosas, que cada novio y cada novia terminaron fugándose de su propia boda con la pareja del salón de al lado. A último momento hasta los dos wedding planner se enamoraron y se fueron juntos, abandonando sus respectivos trabajos.

Dios mío.

¿Qué necesidad tengo yo de andar soñando argumentos completos de películas bobas?
Decididamente los veinte días de gripe ya han causado un daño irreparable en mis neuronas. Y aún no terminan.

¡Maldita vieja tosedora de ómnibus, su sombrero con florcita de lana inconfundible y sus bacilos devoradores de neuronas tambaleantes!


Crónica de ella

Es rubia de pelo largo. Tiene unos cuarenta y pico y va sentada en el 316 en uno de esos asientos que están como a contramano del resto y miran hacia el fondo del ómnibus.
No tiene nada en especial, salvo que canta. Va sola y canta bajito. A veces incluso la sorprendo silbando los viejos temas de los Beatles que Henry Mullins pasa por la radio que va oyendo el chofer. 
Saca un pañuelo descartable, se suena la nariz y canta.
Se aparta el pelo de la cara y canta.
Mira para afuera, y mueve el pie siguiendo el ritmo de la música.
Piensa en los escritos que tiene por corregir y silba unos segundos.
Saca el celular y tararea.
Se repite por enésima vez que esto de estar vivo es una constante maravilla, escribe una nueva crónica de bus y sigue cantando.





Crónica del alivio

   Tiene unos 80 años y va sentado delante de mí en la CITA que va a Florida. Petiso, de pantalón beige, bucito marrón de lana y gorro blanco con visera pese a que hoy el sol ni se sospecha.
   Pide permiso para salir al pasillo y enfila hacia el fondo del bus esquivando a múltiples personas que viajan de pie. A los tres minutos vuelve y encara a su compañera de asiento (que no logro identificar si es hija o compañía circunstancial):
   _ ¿Qué dije yo? ¡"Fuera de servicio"! No hay baño. Me tendría que haber traído el violín.
   Y sigue el viaje mascullando de vez en cuando alguna queja en la que solo reconozco la palabra "baño", que funciona como leit motiv de su discurso. Esto despierta una ola de inquietud entre algunos pasajeros, algunos de los cuales (no entiendo cómo) logran habilitar el servicio, con lo cual el viejito queda en condiciones de satisfacer sus necesidades básicas. 
   Menos mal. Ya me veía haciendo el resto del viaje con una queja interminable desde el asiento de adelante, o, peor aún, con el advenimiento de una desgracia fisiológica indisimulable. Menos mal. 
   



Crónica de mal gusto

   En el silencio del COPSA una vocecita comienza a oírse desde el interior de la mochila de un señor: "¡Nos destruirán a todos! ¡Nos destruirán a todos! ¡Nos destruirán a todos! ¡NOS DESTRUIRÁN A TODOS!"
   Automáticamente volvemos la cabeza hacia el medio del ómnibus donde va el pasajero con el peor ringtone del mundo, pero él ni se inmuta. Saca su celular, mira el mensaje y lo vuelve a guardar, mientras el resto suspira agradeciendo en silencio que el señor no sea muy popular, así nos libramos de tener que oír por segunda vez algo tan horroroso.
   ¿Cómo diablos un adulto elige semejante bazofia?
   Misterio.


Crónica incrédula


   Arrancar el lunes corrigiendo escritos en el 405 no parece una buena manera de empezar la semana, pero si aclaro que voy sentada, que el guarda no dijo ni una sola vez "pasando al fondo que hay lugar" y que de los cinco escritos que miré hasta ahora tres tienen 11 y dos 12 la cosa deja de ser crónica de lo habitual para ingresar a una dimensión desconocida, casi de realismo mágico.
   Que nunca falten las sorpresas. Ni el 6º de Ingeniería.

jueves, 21 de agosto de 2014

Manual de instrucciones

      


Tómense unas cuantas selfies y un par de fotos de comidas o de patas con fondo de mar. Agréguese un par de jueguitos para descubrir qué clase de dios, animal o piedra se es y mézclese todo con tres o cuatro estados en segunda persona dirigidos a Obama, a un perrito perdido hace meses o al ex ídem. También se puede condimentar la preparación con algunos mensajes cifrados con destinatario misterioso, que siempre quedan muy bien y son las delicias de los comensales. No más de un horóscopo o foto portadora de dinero en abundancia por día o el plato se hace indigesto, por favor. Hay que cuidar a nuestros invitados. De vez en cuando un enlace a youtube o una foto de animal adorable e incluso una crónica de bus, si lo prefiere. Una pizca de indignación ante las injusticias del mundo y ¡listo! Ya tienes pronto tu usuario de Facebook. Bon apetit.

lunes, 11 de agosto de 2014

Crónica de bus: agosto



Crónica de bus post gripe:


Hace una semana que no ando en ómnibus; subo al 405 y a los diez minutos termino gritándole a un tipo. 
¿Histeria? 
Yo creo que no. Es más: le gritaría de nuevo. 
Se había enojado con la guarda por un tema de momento, y comenzó a insultarla. Primero le dijo "mongóica" y después agregó "se ve que el marido no le pega y está precisando que le den", y ahí le pegué un par de gritos. Mi tono no fue pacificador pero no supe evitarlo, y de todos modos surtió efecto. Él hizo un amague de seguirla pero se calló y siguió hablando con su compañera de trabajo. Es un pobre tipo, está preocupado el ómnibus va lento y si llega tarde al laburo va a perder el presentismo, y eso puedo comprenderlo. 
Pero si hará falta trabajar entre todos... 




Crónica esperanzada

Casi no pasa un día sin que me enfrente a la misma situación inquietante. Alguien (hombre, mujer, viejo, joven, da igual) me mira, me reconoce, me habla, y yo no sé quién es.
¿Alguien podría desarrollar una aplicación para reconocer personas disimuladamente? Algo como dirigirle el teléfono, apretar una tecla y que me aparezca: "la ayudante de la peluquera", "tu tía Fulana", "el señor de la esquina". 
Plis. Hágala alguien, antes de que mi magra memoria colapse del todo. Espero ofertas.


Crónica a lo Gran Hermano


"¡Ando tan complicada! La mamá de él ya no puede quedarse sola. El otro día se fue a lo del nieto y dejó una olla de comida en el fuego. Aquel llegó, agarró la llave y salió corriendo. Sale humo de lo de mamá, dijo. ¡No sabés! Las piernas me temblaban. Por suerte no estaba, pero aquello era un desastre. Negra quedó la pared. La hija dijo que iba a ayudar, pero nada. Al principio se la iba a llevar una vez cada quince días, y nada. Ni siquiera quiso poner plata para pagarle a una señora. No, no, no, está mal. Lo bueno es que el Pedro se está quedando con ella. Menos mal, porque si no, no sé, me partiría en mil pedazos. Hay noches que ni duermo, pensando en la que se me viene, porque mi mamá también..."

Hoy pintó drama en el ómnibus. No hay cantores de ocasión pero sí un capítulo de reality contado a un interlocutor invisible al otro lado del teléfono. Solo que acá el Big Brother no is watching you, pero te escucha.

La intimidad es cosa del pasado. 



Crónica de la cautividad

Primero sube en mi parada un gordito chileno de chivita que toca un tema andino. Después aparece Omar Freire (el del Movimiento de Liberación Masculina) y en seguida dos flacos de una ONG con sobrecitos de especias. Mientras uno ofrece el producto y explica los logros sociales de su fundación el otro matiza cada enunciado con frases del estilo de "Amén, hermano", "Dos te bendiga", "gracias padre". No terminan más, lo que me impide chusmear de qué habla el loco de Freire con su amigo veterano, hasta que todos se bajan en Propios y el sonido de "la banda de NBA" del chofer se adueña del 103 y de nuestros pobres cerebros y oídos cautivos.
¡Liberad, liberad, a los presos por viajar!



Crónica con pedido


Sea buena persona, por favor. No mienta.
Si un amigo o conocido le comunica que tiene ganas de ser músico de ómnibus y usted conoce de antemano sus ladridos y desafines, no le dé para adelante, se lo pido por favor.
Háblele de lo mal que suena su guitarra, de cómo le erra a la letra, de cuántos gallos da por tema. Si hace falta, enciérrelo. Llévele una viandita, algo, lo que sea, pero no lo deje salir a torturar inermes pasajeros de bus.
Se lo pido de onda.
Sea buena gente. Diga la verdad, por favor.
Muchas gracias.



Crónica de mediodía en un 316

Tiene unos sesenta años, es flaco y canoso.
_ Como pueden ver, no traje la viola. En primer lugar, porque no tengo viola, y en segundo, porque no sé tocar.

Y arremete a capella con algo que identifica como "un tema del hijo de Los Iracundos, Gustavo Lima". Título: "Mamarracho".
_ Fue tan solo fantasía lo que el mundo me brindó
cuando más me lo creía más abajo me dejó
y los sueños que tenía siempre terminaban mal
y era solo un mamarracho que soñaba más y máááás...
Interpreta toda la canción leyendo unas hojitas de papel donde tiene copiada la letra con grandes letras mayúsculas muy marcadas en lapicera azul. Comienzan a darme ganas de llorar, pero el señor sigue.
_ Me pasé ya muchos años perdido en la oscuridad,
mamarracho, mamarracho era yo un tiempo atrás
pero al conocer a Cristo todo empezó a cambiar.
Ah, bueno. La cosa viene con mensaje religioso.
Mientras el hombre grita y desentona de lo lindo hay una mujer sentada adelante que está tentada de risa y más allá hay un hindú que no se entera de nada porque duerme profundamente. El canoso termina su canción, por fin, pero algunos aplausos caritativos (entre los que, nobleza obliga, debo decir que están los míos) le dan nuevo impulso para arremeter con otro tema de Los Iracundos. Ahora acentúa MUCHO algunas sílabas y divide las palabras por la mi tad, como si qui siera ase sinarlas o aton tarlas por lo me nos.
_ Cuando llegas tes a mi vi da mi cami no allanas tessss...
El segundo tema es aún más religioso que el primero y esta vez no tiene aplausos pero eso no impide que haya un tercero. Comienzo a pensar si no será que solamente quiere garronear un viaje de Pocitos a la Unión pero no estoy segura, cuando de pronto escucho la fórmula mágica de la liberación auditiva:
_ Muchas gracias por la atención prestada, y será hasta la próxima oportunidad!!
Nota mental: de aquí en más sacar siempre boleto de una hora, por las dudas. Que el morocho rapero hace meses que no aparece pero su escuela tiene muchos seguidores, y su nombre parece ser Legión.


Crónica de un reencuentro inesperado

_ Vamos pasando, señores. Un poquito más por favor si son tan amables.
_ No llego al pasamanos...
_ No puedo correrlos yo pero un poco de lógica, señores: si ven un espacio se corren.
_ Perá un poquito que ahora me corro...
_ ¡Listo, vamos!
_ ¡Ay!
_ ¡Aguantá, aguantá! Que nos quedaba uno abajo.
_ Le quedaba uno y medio, señorita, porque la puerta me iba a agarrar a mí.
_ Ah, igual la puerta es de goma, no pasa nada.
_ Bajo en la que viene.
_ A medida que vamos bajando vamos pasando, señores
_ ¡Cof, cof, coooof!

Mi crónica queda súbitamente interrumpida por una mirada rápida al origen de la tos de perro. Un gorrito de lana, una cara mapeada de arrugas inconfundible... ¡La vieja!
¡La vieja de la semana pasada sigue tosiendo!
Listo. 
Cerrá y vamos.



Crónica nocturna

Por la noche y desde la ruta todo se ve diferente. 
Canelones es un crucigrama perfecto de luces amarillas.
El cerro de Montevideo despliega un cofre de tesoro sobre el horizonte.
La Teja: bosque de luciérnagas con dragón al acecho.
La rambla portuaria dibuja doscientas líneas de luz paralelas en la quietud de la bahía.
Todo se ve distinto, hasta que Montevideo termina de recibirme y vuelve a ser de nuevo un paisaje que conozco.
Es bueno volver a estar en casa, aunque la ausencia no pasara de media jornada.



Crónica del miedo ajeno

Me miran. Creen que disimulan bien, pero me doy cuenta. Las viejas del 316 me miran.
Ven mis ojos llorosos, perciben mi actitud corporal que denota que he conocido mejores días,y sin embargo no me miran con pena o compasión, sino con miedo.
Ellas saben que no vengo de una pelea con mi marido ni de un disgusto con alguno de mis hijos sino de una noche de toses y mocos, y se mueren de miedo de que un estornudo intempestivo las contagie.
Las viejas saben.


Crónica de lunes


El 316 consideró que iba demasiado lleno como para arriesgarse a parar en la cooperativa y siguió de largo, pero el 103 que me tomé como Plan B iba bastante bien y me permitió sentarme y todo, aunque en uno de esos asientos de dos personas al fondo, en los que uno se siente un poquitito subestimado en sus humanas proporciones. 
Igual no me quejo. Sobre todo porque no sé a quién.

Cuando bajé en Comercio el 405 ya estaba por arrancar pero merced a un 141 que le trancó el paso unos minutos pude acceder a mi pasaporte a la llegada con tiempo al colegio. Quedó un asiento libre que ocupé de inmediato, aunque con cierta conciencia periférica de los movimientos de una silueta petisa y regordeta que a medio metro consideró que podía litigar por el puesto. No pudo, aunque unas paradas después sí le garroneó el asiento a otro y comenzó su tarea de apretujarme contra la ventanilla, mientras el de enfrente me pide que le avise "en el zoológico" donde ya le avisé que no pasamos, y suspira y bufa todo el tiempo a la vez que insulta a nadie en particular y mira el reloj cada dos minutos.
Ya pasado el shopping la cosa se alivia, e incluso un muchacho responde tranquilamente mientras otro le vuelca parte del mate sobre su humana anatomía. El mateado va con la novia, y son unos tiernos, planeando encontrarse más tarde. "No te muevas de ahí, mirá que no me queda saldo para mandarte mensajes, eh?" "No, me quedo ahí, quedate tranquila". 

Arrancó el lunes; allá vamos. 
Guarda, en la próxima!



Crónica acusatoria

_ ¡Seguimos pasando, señores, que todos vamos a trabajar!
La guarda es muy comunicativa y va de buen humor. Tiene miedo de que alguien la engañe (porque el 405 va repleto) y pregunta muchas veces si todos tienen boleto. Se pone contenta cuando bajan muchos, porque queda lugar, y si desciende una sola persona se manifiesta desconsolada:
_ ¿Uno? ¿Uno solo baja?
Está atenta a todo:
_ Ojo al bajar, abuela, usted que tiene un ojo tapado, ¿eh?
Ya en Avenida Italia la cosa se descomprime un poquito. Vamos oyendo Tribalistas, y yo pienso que soy la única que no puede evitar el acompañar bajito "Vocé é assim um sonho pra mim, vocé é assim" cuando oigo a un muchacho al lado cantar lo mismo. Va con un jugo en la mano y tengo que apartar mi mente de catastróficas imágenes de una caja de algo dulce y anaranjado cayendo en una frenada sobre mi vaquero claro, a la vez que intento no percibir la tos de hospital de la vieja que va a mi lado. Si muero de pronto, ya saben quién me contagió, búsquenla: la cara es un mapa de arrugas, lleva un sombrerito de lana beige y anda con una bolsa roja de "Las Marietas" que seguramente le regaló la patrona con alguna ropa usada. Ya está vieja para laburar, pobre, y sigue tosiendo; ha tosido diez minutos seguidos.
Delicias de viernes matinal para los que disfrutamos del servicio de transporte público capitalino.




Crónica musical

El 103 ya sale de la Aduana a toda cumbia.

"Naciste perfecta y contigo he soñadooo... Ya no puedo evitarlo más...estoy enamorado de tiiii! Naciste perfecta como sol de verano, como lluvia de otoño que cae por mis maaanos...."

"Procuro olvidarte, haciendo en el día mil cosas distiiiintas..."

"Y ahora otro ocupa mi lugar, otro duerme junto a ti... Es difícil olvidar que mi camino se ha acabado, que sin ti no valgo naaaada..."

En medio de eso suben tres péndex con rastas y guitarras que arrancan a cantar: "And I say heeeey. Heeey... What's going on?", y sonríen, nos hacen cantar y nos devuelven la fe en el 103 nuestro de todos los días.






Crónica feliz


No hay una nube en el cielo, voy sentada en el 316 oyendo a Cerati por la radio del bus y no tengo ni un escrito para corregir en casa.
Este va a ser un buen lunes.
(Parafraseando a Voltaire, aunque no todo son flores en el mundo, es preciso cultivar nuestro jardín; este no es el mejor de los mundos posibles pero cada uno la lucha como puede, en el pequeño pedazo de tierra o de cielo que le ha tocado en suerte)



Crónica de 405 en la noche

"Tú... No podrás faltarme cuando falte todo a mi alrededoooor. Tú... Aire que respiro en aquel paisaje donde vivo yoooo"
Ya era malo con Franco Simone. Versión cumbia es sencillamente insoportable.
Oooom. Aguante el silencio.