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jueves, 4 de mayo de 2017

Mayo 2017






DE LA FELICIDAD Y EL AGOTAMIENTO
Crónica inmediatista
Hoy fue un día movidito movidito. En el IAVA fui pasando casi sin darme cuenta de Dante a Bécquer, a Biblia, a los exámenes libres, a la coordinación, a los cuentos hechos por estudiantes, a las charlas levantadoras de ánimo, a las corridas hacia la comida china, a la máquina del café y a la garrapiñada de Tienda Inglesa que muy previsoramente había llevado en la mochila. (frutas, frutas... ¿qué era eso?)
En el CES estuve solo una hora. Mis compañeras me preguntaron varias veces cómo estaba tan tranquila y si no me tendría que ir yendo, porque eran casi las tres y hoy tenía que hablar en el acto de cierre de actividades por el Mes del Libro en la UTU, hasta que traté de aplacar lo ruloso, me puse un poco de color en la cara y arranqué a buscar un 137 que me llevara a San Salvador y Minas.
El edificio de la UTU es realmente imponente. Gigante. Venido a menos pero majestuoso. Bajé al patio del fondo, encontré el salón de la actividad y conocí en persona a quienes hasta entonces habían sido solo presencias virtuales por estos lados. Hubo que instalarse frente a una mesa larga, en una suerte de escenario elevado de la sala, que estaba repleta de docentes, autoridades varias y estudiantes muchos. Tras la apertura vino la disertación de cuatro profesores que presentaban libros: todos tuvieron a bien pararse, desdeñar el micrófono y hablar sin leer apuntes, lo cual me hizo sentir como en mi casa, aunque hablaran de Matemática, Hotelería, Crónicas de infancia y Cuentos cortos (por ponerle un nombre, porque ya me olvidé de los títulos que presentaron, mal yo, reconozco).
Ahí vino mi turno. Había preparado una charla de diez o quince minutos, pero como el tiempo sobraba (porque los anteriores fueron en general breves) hablé y hablé... Una hora, les hablé. No, mentira. Pero estuvo bueno. Fue como una clase en un clima de enamoramiento con el mejor auditorio posible. La energía fluía de modo palpable, y una vez que terminé recibí tantas muestras de afecto que quedé como atontada.
Tras el acto me regalaron un libro de Figari y luego vino un cafecito para participantes y asistentes en el salón de al lado, acompañado por las delicatessen y el impecable servicio de los estudiantes de la UTU. Las trufas de chocolate, en particular, habrían resistido cualquier intento de abstinencia en caso de haberlo habido, que no lo hubo. Reencontré una compañera del IPA, charlé con estudiantes, profesores y directores, y recibí un par de invitaciones para hablar en diferentes centros en un futuro cercano. Una señora me dijo que iba a viajar con más atención en los ómnibus a partir de ahora, otra contó una anécdota de viaje que ella "tendría que haber escrito", una tercera anticipó que le iba a pasar mi facebook a la hija para motivarla a la escritura...

Salí encantada de la vida, cruzándome con algunos estudiantes que recorrían el edificio llevando algo rico a la gente de portería y alrededores. La calle estaba mojada: misterio absoluto. Corrí a un 300. Llegué a Arbolito con las últimas luces, y cuando abrí la puerta Roldana vino a mi encuentro con su paso de tortuguita tambaleante de los últimos dos días. Cada vez que llego a casa y la encuentro con vida me dan ganas de llorar de la alegría. Acá está, ahora, acostada a mi lado, respirando. Todavía.





7.02: El primer 103 que pasa por la cooperativa se detiene y nos abre sus puertas, pese a que somos como seis los que aguardamos en la parada. 
Me siento sorprendida y agradablemente reconfortada. 
7.04: El chofer me saluda al subir y viene oyendo buena música 
Lo amo. Ni lo miré, pero lo amo.
7.06: La buena música acaba de devenir en programa futbolero. 
Creo que esta relación no tiene futuro. 
7.09: ¡Este tipo no sabe manejar! Avanza a los frenazos; una chica recién perdió el equilibrio y se me vino encima. 
Es un nabo. Desconsiderado Egoísta. No sé cómo en algún momento de obnubilación pude creer que lo amaba. 
7.12: Acabo de conseguir un asiento. Es en el fondo, voy apretada entre dos mujeres abrigadas pero al menos la radio futbolera desde acá no se escucha.
No es tan malo, después de todo. Capaz que hasta me lo puedo volver a tomar.Todo depende de mi grado de necesidad de transporte la próxima vez que el destino acierte a cruzarnos.

103. La vida misma.





¿"Difícil para Sagitario"?
¿"Difícil que el chancho chifle"?
No, queridos. 
Acabo de acuñar una nueva expresión que deja chiquitas a esas nimiedades: 

"Difícil que Roldana tome la homeopatía".




Vengo del centro en un 103 atestado, cuando se baja el señor a mi lado y se sienta otro,uno flaco, más o menos de mi edad. El olor a tabaco me inunda, de pronto todo huele a cenicero viejo: el señor, su campera, el asiento, yo, la calle, el mundo. 
Amigo/a fumador/:a: ¿alguna vez te pusiste a pensar que vas dejando a tu paso una estela olfativa que invade y ensucia el aire ajeno? Las pipas y los porros pasen, no molestan, pero el cigarrillo...
Van diez minutos de respirar poquito, medio hundiendo mi nariz en el cuello de la campera, y ni así. Tal vez por eso no salgo con hombres que fumen: cigarrillo en mano es garantía de invisibilidad a la hora de evaluar atractivos masculinos. 

Suerte que Peluffo no fuma, o lo mando a MaPa de una.





Alguien deja un comentario en el blog de Literatura en Obra, ante la información de Biblia:
👌👌👌👍👍👍✌✌👋👋👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👐👐👐👐👐
Es un tanto monocromático, pienso, pero absolutamente comprensible. Los hebreos escribían sin las vocales, yo no puedo expresarme si no es con oraciones completas y con corrección sintáctica, pero un estudiante de hoy puede plantear sus ideas (o algunas de ellas, al menos) a través de la yuxtaposición y repetición de emojis.
¿Cómo se expresarán los seres humanos de un futuro más o menos cercano? ¿Eliminaremos las barreras idiomáticas? ¿Nos comunicaremos mejor, más rápido, con mayor claridad? ¿Seguiremos leyendo, o se inventarán otras formas, aún insospechadas, para poder acceder un poquito a los universos reales o ficcionales de un otro que suponemos existente?
Por ahora, opto por limitarme a lo conocido. 

Solo sé que no sé nada, excepto de 🐆🐅🐈🐱.





26 de Mayo, 11.30. Mientras paso de 4º2 a 4º1 (sin ir a la sala de profesores, porque a esa hora no hay recreo) constato que algo raro está pasando en el IAVA en la mañana del Día del Libro. 
_ ¿Por qué vienen todos con vasos de café?
_ Están regalando en la Biblioteca de arriba, profe, ¿no te enteraste?
_ No... Lástima. Yo quería uno...
_ No te preocupes. ¡Te voy a buscar!_ respondió alguien, contento de tener una excusa para salir de la clase. 
_ ¡Gracias! ¿Podés con un vaso para vos y otro para mí? 
_ Ah, no, no hay problema: a mí no me gusta el café.
Y se fue. 
Entro al salón, miro a los estudiantes y de nuevo algo fuera de lugar llama mi atención.
_ ¿¿Y por qué todos tienen Ricarditos???
_ Porque también los daban en la biblioteca.
_ ¿Daban Ricaditos?
_ Sí, pero fuiste, profe. Ya se terminaron.
Moraleja: Los Días del Libro pueden ser muy dulces en el IAVA, pero hay que estar atento, o te pasás una hora hablando de la poesía de Bécquer y pensando en otra clase de dulzuras, más calóricas, de las que tienen chocolate por fuera y merengue de corazón.

Moraleja 2: En 2018 voy a estar más al alpiste.





Dos mujeres jóvenes y gigantes con sus hijos escolares van sentadas en el fondo del 103. Uno de ellos tiene algún problema que no logro discernir, y la mamá del otro le habla entre señas y gritos Ahora le está contando algo de su propio hijo, que durante todo el viaje mira en silencio por la ventanilla. 
_ ¡Que le quiere pegar a un a-mi-gui-to!
El otro niño la mira. La señora sigue hablando en voz muy alta, para que la escuchen él y todos nosotros.
_ Bueno, por lo menos se defiende. Es terrible zorro. Se hace el buenito y dice que él no fue. Nunca fue él. 
El niño de la otra mujer de repente grita, se retuerce en el asiento y se prende de mi brazo para no caer. "Es imperactivo", aclara la mamá, mientras la otra sigue describiendo al suyo:
_ Ya le dijeron que tiene que adelgazar, pero come como un chancho. Meta guiso, o lo que venga.
Al rato los otros dos se bajan y yo me siento junto a la señora de los gritos. Me da miedo que vea lo que escribo; tiene pinta de ser de armas (y voces) tomar. 
El hijo sigue mirando por la ventana, sin decir una palabra. 
Dentro de cinco años lo tengo en un grupo. 
¿Cómo se revierte una vida de críticas y de naturalización de la violencia, de mala alimentación y de andar contándole al primer desconocido que se cruza en el ómnibus que uno es un gordo peleador? 
Acaban de bajarse un par de paradas antes que yo. El niño me mira y esboza una sonrisa al cederle el lugar. Es dulce, de mirada tranquila y con apenas algo de sobrepeso. 

Ojalá tenga buenos maestros.





Jueves de lluvia en Montevideo.

7 de la mañana, parada de la cooperativa: llega por mensaje el pedido de una amiga para que oficie de maestra de ceremonias en la presentación de un libro, ante la falta por enfermedad de la titular. Me miro sin mirarme: vaquero, pelo con raíces canosas, cero bijou, botas bajitas. Imposible.

09.50: salimos un compañero y yo rumbo a la presentación de un libro sobre violencia en relaciones entre adolescentes. Levantamos a un profe de Música y como diez alumnas, todas de camisa a cuadritos. El profe y mi compañero (músicos ambos) hablan de grupos uruguayos de los que nunca escuché ni hablar: Depresión Adolescente, Asfixia, Púrpura... Solo sé que no sé nada y que (a juzgar por lo que dicen) varios de los guitarristas o bajistas que nombran dejaron de tocar hace un tiempo para convertirse en empleados públicos y militar en sus respectivos sindicatos.

10.00: Comienza a llegar la gente. Saludo a varias personas desconocidas que saben mi nombre y a qué me dedico. Misterios del despiste habitual, nada especialmente preocupante.

10.20: Recorro la casa gigante de la familia Gallinal construida hace 100 años, que fuera cárcel clandestina y es hoy sede del Instituto Nacional de Derechos Humanos. Una pared de agua cae permanentemente sobre el piso de abajo, donde estuvieron las celdas y donde nació Macarena Gelman. Piel de gallina. Y sigue lloviendo adentro y afuera, El agua empezó a caer con rabia, con furia casi, como si quisiera limpiar las cosas feas del mundo y llevárselo bien lejos, diría don Paco con más palabras y más poesía.

11.00: Comienza el acto. El coro de chicas canta como los ángeles, las charlas son amenas y enriquecedoras. Saco fotos, robo ideas, aprendo, tomo un cafecito, ayudo en algo (no mucho).

13.00: Me despido de mis compañeras del CES planteando que voy a casa y no a la peluquería como había pensado, porque llueve mucho. Ambas me miran y coinciden: "Andá hoy", me dicen. Y voy.

13.25: Una llamada por teléfono deviene en invitación a participar de la jornada por el Día del Libro en la UTU central, en calidad de invitada, para exponer sobre mis trabajos de escritura inmediatista en esta red. Acepto. La persona que me invita no me conoce personalmente pero siempre me lee y ya ha planteado no se dónde la posibilidad de publicar algunas de las cosas que escribo. Este es un mundo un tanto extraño, pienso. Y entro a la peluquería, donde mi amiga Anita se encarga de desaparecer todo vestigio de gris entre el castaño.

21.02: He publicado uno dos millones de posts en Liceos en Red y en el twitter del CES, he respondido cuatro mil mensajes por el Día del Libro, he leído mails y más mails con votos de mis compañeros por el concurso literario del liceo que tenemos que definir mañana a primera hora. Mi practicante tiene su visita. Hay actos y más actos en el IAVA y las dos bibliotecas, hay una charla sobre Levrero por la noche, hay una amiga que cumple años, otra que se opera y hay también (especialmente) una gatita que la sigue peleando contra el tiempo y reclama mi presencia cerca de ella.

Jueves de lluvia en Montevideo. 

Maravilloso jueves. 
No doy más. 
Hasta mañana.
Feliz Día del Libro.

#LosLiceosLeen





Para ser honestos, yo me lo tendría que haber imaginado. Una charla sobre la ayahuasca en el Sheraton de Punta carretas... No pega. 
Pero fui. 
Tal vez cuando entré al enorme salón con sus arañas gigantes de símil cristal y lo vi repleto de unas 300 personas de lo más variopintas tuve que pensar que aquello no era muy lógico. Algo no me cerraba.
Pero me senté en la tercera fila. 
En una de esas cuando empezó la cosa y un cincuentón de pañoleta en el pelo, blusa onda hindú anaranjada y pantalón blanco rodeado por dos muchachos de camisa blanca y con instrumentos musicales tomó la palabra y arrancó diciendo que todo comenzó cuando estuvo preso en España, algo en mi cerebro me tendría que haber enviado una señal de alarma, pero no. 
Es decir, que me quedé. Dos horas y media, me quedé. 
Tengo que reconocer que al principio un poquito dudé si la cosa era como me estaba pareciendo, porque siempre cabe la posibilidad de que una sea una escéptica de porquería y olfatee negocio allí donde otros ven santidad y buenas intenciones. Un poquito. Solo al principio. 
El capo de la cosa, el cincuentón de anaranjado, contó de su presidio por consumo de ayahuasca y de cómo decidió desde allí dar un buen golpe... un golpe de conciencia, que derribara sus muros interiores, etc. Los dos músicos contaron algo de su historia y cantaron varias canciones. Luego pasaron al frente otros tres de la organización; en total eran cinco hombres y una mujer, la única uruguaya. Los otros eran tres argentinos, un colombiano y un peruano. Todos se presentaron largo y tendido. Después pasaron videos de su empresa, los retiros, la experiencia de una chica barcelonesa que perdonó a sus padres muertos después de un retiro, etc. Todo en terribles chalets con piscinas y parques gigantescos, por toda Europa, con gente sonriente y bien alimentada que se abrazaba sobre alfombras y bailaba dando saltitos. 
Hubo preguntas de los asistentes, que se respondieron sin decir gran cosa. Todo era un juego con las palabras. Por ejemplo, el líder (Alberto) se presentó diciendo: 
_ Nací en Argentna, pero no soy argentino. Tengo seis hijos, pero no soy padre. Adoro escribir, tengo un blog con seis millones de lectores, pero no soy escritor. Tengo 5 empresas, pero no soy empresario. Tengo genes masculinos, pero no soy hombre. 
Y así. 
De la ayahuasca se habló menos de lo que puede uno aprender en la wikipedia. Yo saqué apuntes pensando hacer una crónica extensa a modo de autocastigo por no haberme ido antes, pero no, no da para tanto. A las diez menos diez me fugué de la sala, aunque para el final de la charla habían prometido que nos iban "a compartir una medicina que trajimos del Amazonas para acceder por la nariz..." 
Que la medicina que trajiste del Amazonas te ilumine, hermano empresario. Yo me voy a dormir, que mañana entro a primera.

Guarda e passa.





_ ¿Y por qué me decís infantil?- sonó una voz de chica en la parada, a mis espaldas.
_ ¡Porque tenés 14 años! Ya estás grande para esas cosas...- respondió otra voz femenina, probablemente de la madre.
_ ¿De qué te la vas? ¿Qué hay, si quiero mirar dibujitos?
_ Nada... Pero deberías estar en otra cosa...Mirando novios...
_ (sonido de asco)
_ ¿Qué tiene de malo? Mirá, ahí viene el ómnibus.
_ No sé... A mí me gustan los dibujitos, me gusta el animé... Cuando veo a mis amigas todo el tiempo hablando de novios me dan ganas de decirles: "¡Recapaciten, recapaciten!"
_ Ah, no, ese ómnibus no es el nuestro.

Pero sí era el mío, y me lo tomé, dejando interruptus el registro del diálogo entre Julieta y la Nodriza. Digo, entre las dos voces de mi parada. 
"_ 14 años, Julieta... Otras en Verona a tu edad ya son madres..."


Pucha, digo.





Primero fue el vaquero que había dejado en el piso y amaneció con una más que sospechosa mancha de humedad en una pierna. No tuve ni que mirar a la viejita que durmió conmigo para saber lo que había pasado y decidir que no puedo dejar más la puerta del dormitorio cerrada por la noche, o este episodio inaugural corre el riesgo de repetirse.
Después fue la charla por teléfono con mi madre, que no solía ser para nada demandante pero hoy me dijo varias veces que este era un fin de semana largo y que estaría bueno si me daba una vuelta por la laguna. "Lo que pasa es que hoy hay una marcha..." "Claro... Aunque igual tenés libre domingo y lunes..."
En fin.
Ahora estaba a punto de subir una foto a un álbum cuando se me dio por revisar y vi que ya había compartido exactamente lo mismo hace un par de días, pero me lo había olvidado. 
Vino bravo mayo. O 2017. 
No sé. 

Carpe Diem.






Estoy tratando de cargar la tarjeta del transporte en un Abitab cuando su voz con acento extranjero llama mi atención 
_ Va a ser en el Prado, el domingo. 
Y se enfrasca en una compleja descripción del lugar, la dirección, habla de cómo es la la puerta y hasta del timbre. Al parecer está invitando a todos los empleados del local a un almuerzo, que se pone a detallar de inmediato..
_ Habrá pescadix, saladix, queso, aceituna, longaniza...
Los empleados lo escuchan en silencio. Los clientes continúan esperando ser atendidos. Su voz retumba en el silencio del local de pagos. 
_ Prochuto de pollo, prochuto de queso... 
Brochette, pienso, debe querer decir brochette. Raro el acento; no logro identificarlo.
_ Y habrá colita de cuadril, chorizos, pollo, bondiola...
Es turco, me ilumino de inmediato. Es turco. Y sigue. 
_ Y café también habrá. Café a la turca. 
La voz de la empleada me vuelve abruptamente a mi rol de cliente en espera. Tomo el recibo y me voy, no sin antes pensar que este domingo, en el Prado, unos empleados de estos ahora flacuchos que tengo enfrente van a salir rodando por la bajada de alguna callecita gracias a la benerosidá del durco aquí bresente.
Igual no me tentó nada, quizá porque me fui del local antes de que arrancara a enumerar los postres, porque si resulta que también iba a haber baclavá para todos creo que ipso facto me autoinvitaba a la festichola dominguera. Pero no. Mejor así. Después de todo no sé quién iba a querer canilla libre de postres turcos, y ni siquiera estoy segura de que el baclavá sea una de sus especialidades. 

Al cabo que ni quería.




Cuando despertás y el cielo se viene abajo...
Cuando ves que hay alerta naranja...
Cuando presentís que no van a ir los estudiantes...
Cuando es viernes...
Cuando el lunes es feriado...
Ahí es cuando igual te levantás y salís de buen humor, porque como decía tu abuela no sos de azúcar, porque te gusta lo que hacés y porque el diluvio te da el lujo de parar justo justo cuando caminás hasta la parada. 
Feliz viernes. 

No es tan grave, ¿eh? ¡Arriba!





Yo no digo que nos vaya a pasar absolutamente a todos, pero para la mayoría de las personas la vejez es una etapa que viene con disminución de la vista, el oído y la movilidad. 
Él es pelado, de ochenta y pico de años. Viene súper abrigado y se apoya en un bastón. Charla en voz muy alta con una jovenzuela de sesenta mientras ellos y todos esperamos interminablemente que algún ómnibus se detenga, abra la puerta y nos diga: "suba... suba a mi mundo de veinte asientos..."
El anciano habla, habla, habla. La jovenzuela casi no puede meter un bocadillo entre su abigarrado discurso, que va de contar que una vez por mes se reúnen los de la colectividad de Calabria y son siempre los mismos a cómo evitó ser robado porque no le quiso entregar su bolsa a un ladrón y él no pudo quitársela es lo que yo digo hay cada vez más chorros qué barbaridad y quieren que uno los entienda yo no le iba a dar nada y mi señora anda bien con la diabetes allá arriba porque cocina y después come yo siempre le digo que
Uy. Perdón. De repente fui abducida por una maraña de circuitos chisporroteantes, pero creo que gracias a un 103 que se dejó invadir logré por un pelo escapar de Mundo Viejo y comienzo poco a poco a incorporar algo de oxígeno a mis neuronas. Estoy salvada.
Por ahora.







Estadísticas matinales desde la visión del aspirante a pasajero en 8 de Octubre y Comercio.:
# 8 omnibuses interdepartamentales que no me sirven.
# 1 546 que no me sirve.
# 3 Cutcsas que me servirían pero no se detienen, como no se detuvieron otros tantos en la primera etapa de aspirante a pasajero, en la cooperativa.
# 21 personas esperando ómnibus para el centro. Las conté cuando un 100 amagó a parar.
# Un 316 y un 404 que ni nos miran porque no es su parada. 
# Un 106 con espacio (aunque no mucho) que abre sus puertas frente a mis asombrados ojos y me invita en silencio a llegar en hora al trabajo. 
# 2 paradas más y me bajo. 
# 1 comienzo de miércoles. 

# 12 hs de trabajo por arrancar en 3... 2...





Jueves, seis de la tarde. 
Camino entre las sombras del atardecer por mi cooperativa cuando de la canchita de fútbol junto al Salón Comunal me llegan unos silbidos admirativos y el grito de una voz de púber que recién entra a la adolescencia:
_¡Divina!
Y al instante otra voz juvenil que le grita:
_¡Pará, que esa es mi tía, puto!
Era el hijo de una prima. 
Seguí mi camino como si no hubiera escuchado, pero me quedo pensando que los roles de piropeador de toda figura femenina y de defensor de la familia a como dé lugar están en los genes de algunos desde siempre, incluso desde antes de que dejen del todo la infancia, y el uso del "puto" como insulto también.

Somos unos bichitos. Todavía somos unos bichitos.





Ella tiene unos cincuenta años, o pocos más. Se despide de la anciana flaca que vive cerca del Salón Comunal y comenta algo de que se viene la lluvia. 
_¡Está feazo!- reconoce la viejita, que la mira alejarse y cuando la tiene como a veinte metros parece querer reanudar el diálogo y le pega el grito:
_¿Llevás todo, estás segura?
_ Sí, llevo todo, no te preocupes.- responde la mujer, sonriendo y sin detenerse. 
Camino detrás de ella pensando que podría hacer una crónica sobre las madres y cómo les cuesta asumir la adultez y autosuficiencia de los hijos, cuando la cincuentona se sube a un auto, me mira y me dice:
_ Hola, ¿cómo andás?
_ Todo bien, ¿vos? - le contesto a la desconocida, mientras la crónica indirecta del Día de la Madre se resbala de costadito hasta instalarse en el casillero Olvido y Desmemoria que transito desde hace años con cierta preocupante regularidad.
Por enésima vez, queridos: implantemos el saludo autonominatorio ya. "Hola, Fulana, soy Mengano, ¿cómo andás?".
Sea un buen ciudadano: colabore con el despistado, o resígnese a ser saludado en forma standard, y quédese con la duda de si el otro sabe o no quién es usted.

Feliz fin de domingo.





_ Son 194 pesos. Mire que otro le puede cobrar un recargo.
_ ¿Por transporte de animales, decís?
_ Sí. No mucho, treinta o cuarenta pesos. Pero yo no le voy a cobrar. Estamos todos en la misma. 
_ Muchas gracias. Que tengas buen día. 
Bajé del taxi con el pet carrier en la mano y la mochila al hombro. Roldana había dejado de maullar hacía un ratito. El guardia de la puerta me explicó cómo llegar al edificio del hospital y arranqué a caminar entre las sombras. 
Apenas eran las siete de la mañana y el cielo estaba empezando a aclarar entre las nubes. La Facultad de Veterinaria es un mundo mucho más grande de lo que parece. Hay varios edificios del mismo tamaño y estructura del que se ve por la entrada principal, bajo los árboles había un caballo pastando y entre las ramas sonidos de pájaros raros para Montevideo. 
Ni qué decir que me perdí. Terminé en Histología, donde una amable limpiadora, cual improvisado Virgilio de túnica azul, me guio hacia mi destino. 
En el edificio me recibió un barcino gordo, antes de ingresar a la sala de espera llena de dueños y mascotas. Hay un perro que camina mal, otro envuelto en una frazadita, otro acostado entre sus dueños que me mira con los mismos ojos de la ex Innominada en sus épocas de enfermedad y unos cuantos más, algunos en pet carriers como Roldana, que espera tranquila. 
Hace un siglo que llegamos. Son las siete y media. Hace frío. La gente es silenciosa. Hay poca luz. Tengo el pet carrier en la falda y me doy cuenta de que tiembla, pero no es ella, soy yo, que me vine de championes livianos 

Ampliaremos.




El BROU te acerca los mejores regalos para que sorprendas a mamá en su día, dice el mailing que me llega con la factura de la tarjeta, y a continuación promociona 12 (sí, DOCE) artefactos de cocina, dos "set de recién nacido" (uno rosado y uno celeste), un esterilizador eléctrico, un calentador de mamaderas, dos depiladoras, un secador de pelo y una planchita. 
Gracias, BROU; qué sería de los hijos sin tus maravillosas ideas para sorprender a mamá en su día. 
2017... ¿te suena a algo? 

En pleno siglo diecin... veinte... ¿Veintiuno?





A las ocho en punto se oscureció la sala grande del teatro Solís y comenzó a sonar el habitual anuncio de apagar los celulares: la obra estaba por comenzar. 
Lástima que mi entrada era en la cuarta fila de la tertulia baja, digamos que en el segundo nivel sobre el escenario. No es que estuviera tan lejos, pero los asientos de la cuarta fila solo son taburetes, de respaldo duro y tan altos (para ver el escenario) que las patitas nos quedaban colgando en el aire. Sí, había apoya pies, pero me quedaban los pies torcidos cual Edipo en pañales, y mi tendinitis empezó a quejarse ya en los primeros minutos. 
Lo que fuimos a ver era una compañía de actores argentinos haciendo una obra en función inclusiva para sordos y ciegos. Y viejos, faltó agregar.
Ni bien empezó la representación nos quedó claro que la pareja de ancianos en la fila 1 iba a hablar casi toda la obra. Hay algo en la tercera edad que anula la posibilidad de susurrar, de permanecer en silencio o de captar las señales de incomodidad del entorno, parece. 
Por otro lado los ciegos tenían un audífono por donde una voz les iba describiendo prolijamente las acciones mudas sobre el escenario: "en este momento el actor mira al público... se sienta... entra Fulano por la derecha... etc). El tema es que al comienzo hay un largo silencio donde no pasa nada, y los pobres se entraron a preocupar de que los audífonos no anduvieran bien, y cuando comenzó la acción resultó que la voz de los audífonos era claramente audible desde dos filas de asientos a la redonda por lo menos. 
Los sordos, por su parte, tenían una pantalla sobre el escenario con subtítulos y aclaraciones de lo que iba sucediendo a nivel sonoro ("tararea", por ejemplo), pero además en la platea, no sé bien por qué, había una persona que les traducía la obra en lengua de señas, persona que debía sí o sí estar muy iluminada, para incomodidad de los espectadores de las filas de atrás, que tuvieron esa luz todo el tiempo entre ellos y el escenario. 
A todo esto hubo un celular que sonó y sonó en vibrador, como si el dueño creyera que de ese modo no era audible, y hubo tres personas en mi sector que apenas fue redondeando el final se levantaron y se fueron, como para evitar las montoneras de la salida, onda recital del Indio, no importa si los actores seguían o no concentrados en el escenario, como en efecto sí lo estaban.
Es verdad, la obra no era gran cosa, lo admito, pero aún así, hubiera podido ser apreciada de otra manera si cada uno podía concentrarse en la escena menos que en el público o en la propia incomodidad.
En resumen, el tema de la inclusión tendría (a mi juicio) que organizarse mejor. Los ciegos hubieran estado mejor en el mismo sector, con alguien que los guiara o auxiliara si había problemas técnicos con los audífonos. Los sordos y su intérprete, ídem. Los viejos... Bueno, los viejos que hablan en el teatro son un tema a esta altura insolucionable. El Solís hace décadas que debería clausurar ciertas filas de asientos propios de la tortura medieval, y la compañía argentina pudo y debió rendir más. 

Feliz última media hora de domingo.





Me pasé los domingos de la infancia cuidada por mis abuelos mientras la Choli y el Cele hacían feria. El viejo Barreto trabajaba de sereno en el Club Naval, y además de alguna bandejita de canapés y masitas después de un cumple de 5 o algún casamiento también le daban los diarios, entre ellos un suplemento (creo que de "El Diario", "Mundocolor", una cosa por el estilo) lleno de historietas que se abría con una página a todo color de Clemente, por Caloi. 
Mis abuelos ya no están, la Choli y el Cele dejaron de hacer feria y yo no leo diarios ni historietas, pero siempre me quedo de boca abierta con la genialidad de Tute, quizá confirmando aquello que de tal palo, etc. 
Caloi se fue hace 5 años. Comparto el homenaje de su hijo y me sumo al recuerdo; la canción que le dedica al padre es... sin palabras.





INNOMINADO

1. Mi vieja me lo había dicho apenas me desperté: anda un gatito barcino perdido en la cuadra, pero yo (aunque lo busqué toda la mañana) no pude encontrarlo. Ella andaba con un misterioso paquetito en la mano que a la postre resultó ser comida que le había birlado a Roldana para ver si podía alimentar a la criatura (¿o de dónde se creen que soy como soy?) pero para mantener las apariencias me dijo varias veces que no fuera a agarrar ese bichito, que era muy lindo y comprador pero etc. 
Hace un rato llegué a casa bajo la lluvia y lo escuché desde mucho antes de verlo, porque estaba maullando a todo volumen, pobre. Apenas lo aupé se puso a ronronear; es precioso, sedoso, ojos enormes y verdes, aún no me fijé si hembra o macho. Tiene unos dos meses, supongo. Con Roldana no hubo mucho feeling, por ahora, porque la criatura estaba asustada y terminé dejándola en el galpón con manta, comida y agua. 
Después saco fotos lindas y empiezo campaña de adopción. Empezamos, quise decir. 
Entienden la indirecta, ¿no?

Ta mañana.

2. Un segundo. Un segundo de ponerlo en el baño, moverle las manos en las piedritas, y el tipo entiende que ese y no otro es el lugar para ir al baño en una casa humana. 
Gatos: inteligencia.

3. _ ¡Salí de arriba de los libros! ¡No, no me muerdas, no quiero jugar si mordés! ¿Qué hacés arriba de la mesa? ¿Desde cuándo te subís a la cocina? ¡Dejá ese cable! ¡Basta de atacar al paraguas, dejalo en paz! ¡Las botellas... no me rompas las botellas!
8 horas, 8 horas de clase di esta mañana y no rezongué ni el 1% de lo que me hace mandonear esta criatura en dos minutos. Después me mira con ojazos y se pone a ronronear, pero no me engaña: yo sé que es un demonio de Tazmania con envoltorio peludo y bigotes.
Aunque se me suba a la falda y levante la cabecita como diciendo que no va a destrozar más la casa. Aunque maúlle suavecito y se acurruque contento. Aunque ponga cara de angelito y se vaya durmiendo de a poquito, como bebito que todavía es. Aunque se ponga a amasar abriendo y cerrando las patitas.
Salí de mi casa lo antes posible, Innominado. Salí. 

4. Acabo de dejar a Innominado en su nuevo hogar en Malvín, con una humana amorosa y un cachorro terrier que es el doble de activo que él. 
Final feliz.





Oíme, inconsciente. 
Sí, sí, a vos te hablo, no te hagas el desentendido. Ya fue con tus arrogancias, ¿me oís? ¿Quién te creés que sos? ¿Kim Jong Un? No, no es así, viejo, la cosa no es así. Ya sé que contigo no se puede razonar, por eso te lo digo bien claro y con todas las letras: yo soy quien decido a qué hora despertarnos, no vos. Sí, ya sé que si abrimos los ojos a las siete igual llegamos en hora al liceo, pero por algo puse el despertador a las seis, para bañarme, corregir y trabajar en las redes, ¿entendés? Media pila, viejo, media pila. Y dejá de pelearme. Mirá que el yo sin nosotros no llega a nada y acá solo podemos funcionar en equipo, ¿eh? Dale. Dejame laburar, al menos de lunes a viernes. Igual ahora el fin de semana es tuyo y yo no me meto. Dale, dejá de decidir cosas que no te corresponden, que después el yo se preocupa, termina comiendo demasiados dulces y nos complica la vida a todos. Cuento contigo, viejo. Uno para todos y todos para uno, como cuando éramos chicos, ¿te acordás? Un abrazo, ello. Nos vemos. 
Te quiero (pero solo si te portás bien).
Súper Yo.






Jueves, siete y media de la mañana. El 103 va lleno y yo me distraigo pensando en temas trascendentes, como el de las moneditas. 
No me gustan las moneditas. No valen nada. Tintinean si camino con apuro, me rompen los bolsillos si las uso en el pantalón y pesan si las llevo en la cartera. A las de 50 me da miedo perderlas, las de 1 y 2 solo sirven si tengo que pagar un ómnibus en efectivo y las nuevas de 10 me rebotan en la máquina de café del liceo. Las de 5 no fallan, ellas sí, siempre son bienvenidas en mi mundo. Las únicas.
En esos pensamientos ando cuando escucho que una señora al darle el asiento a su amiga le dice:
_ Pasá vos, que trabajás ocho horas. 
_ ¿Ocho? ¡Once!- responde la aludida, agradeciendo el gesto. 
Once horas, mete la doña. 
Y una aquí pensando intrascendencias. 
Y otros allí, leyéndolas. 
Lo siento mucho, amigo lector, pero sabido es que la culpa pesa menos si se reparte.
Feliz jueves.





"No todos tenemos a alguien en quien confiar", dice escuetamente alguien en twitter, ante un post del CES que recomienda contárselo a alguien de su confianza y no aislarse si siente que solo se relaciona con personas a través de las redes sociales, que sus opiniones no tienen valor o que el resto de la gente va a estar mejor sin su presencia, entre otras cosas.
El nombre y la foto vienen de un animé, ni siquiera sé si es un chico o una chica. Tiene 9 seguidores y su descripción personal es "armonía rota". 
"No todos tenemos a alguien en quien confiar", dice, y no sé por qué pero no me suena a bardero de twitter sino a alguien de verdad solo. Le contesté lo mejor que pude, pero su frase me sigue dando vueltas en la cabeza, como un eco de tantas veces que siento que quisiera hacer algo por otro y no puedo. 
"No todos tenemos a alguien en quien confiar", dice, y me partió el alma. ¿Exagerada, yo? Puede ser, pero a veces me parece que uno percibe cuando el dolor de otro es profundo y verdadero, aunque se trate de una voz anónima, a través de una pantalla fría, impersonal. Pero capaz que solo son cosas mías. 

Ojalá.

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