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lunes, 4 de diciembre de 2023

Diciembre de 2023



Y hoy lloras por mí Porque has quedado sola La vida es así Y te has quedado sola… 🎵 Sentados frente al mar… Pamparabamparampampam 🎵 Hipoooocresía… Morir de sed teniendo tanta agua… 🎵 Bienvenidos al compilado de Los Iracundos en la voz de un señor cincuentón con guitarra en el penúltimo bus del año. La señora veterana a mi costado corea bajito todas las canciones, todos escuchan atentos y aplauden (aplaudimos) sinceramente cuando el señor finaliza el repertorio. Qué cosa rara esta de Los Iracundos. Cuando estuve en Cuba (1999) la gente no hacía más que preguntarme cosas de ellos; a mí me daba vergüenza responder que la verdad es que ni sabía que eran uruguayos ni me acordaba de ninguno de sus temas. 30 años después, en el Sur de Chile, estuve en Puerto Montt y vi una estatua en su honor (creo que eran dos amantes dándose un beso; no le di mucho corte -y tampoco me pareció muy linda). Uno de los guías nos habló maravillas de su música y contó historias del grupo que se me fueron de inmediato. ¿Será que estoy negada a recordar esa parte de mi infancia? Para ustedes esta gente ¿representa lo uruguayo? No como carne, no juego al truco, no tomo mate y un largo etc… ¿Debo entender que no escuchar a Los Iracundos es otra muestra de mi bajo nivel de uruguayés? 🤔 Ps: ya en el bus de la vuelta me emociona escuchar al subir a Santiago Chalar en la radio del chofer cantando Minas y abril. En seguida sube un cantor, otro señor cincuentón, que entona (con una voz impresionante) La ariscona y Del templao; todos lo aplaudimos y muchos le damos dinero cuando recorre los bancos antes de decirle al chofer: _ Hoy es como antes, ¿te diste cuenta? La gente escucha y colabora… Baja el cantor, me pongo a completar esta crónica con los ojos húmedos (porque Los Olimareños y Santiago Chalar me llevan a la infancia como por un tubo) y de repente me llegan desde la radio del chofer las notas inconfundibles de la canción que más he cantado en este año. Soy como el junco que se dobla pero siempre sigue en pie. Resistiré…resistiré! Diosss… este 103 se ha propuesto hacerme llorar a moco tendido? ¿O será el clima particular de fin de año? Feliz 2024, estimados. Que sigamos en pie, aunque los vientos soplen fuerte. ¡Salud!




Este fin de año voy a pasar en mi casa, por aquello de celebrar con los viejos (aunque ellos se van a acostar a las ocho de la tarde, como siempre), pero en general esta es una buena fecha para pasar en otros lados. Mirando viejas fotos me encuentro con un amante verde del que no tenía memoria, una remera manchada de arena por coletazos del pez que llevaba hacia el agua, una escena perruna de hostel, la foto mal tomada por el cierre de ojos y la seriedad de quien está maravillada por el espectáculo pero también mareada por el vértigo. Todas son imágenes de los últimos diez años. ¿Qué pasaría si pudiera acceder al fin de año de mis ocho, quince, veintipico? ¿Qué parientes, qué amigos y paisajes recobraría? La diferencia entre mi generación y las de los menores de treinta es abismal, también en la posibilidad de acceder a las imágenes del pasado. Yo sé más o menos cómo eran los fines de año de mi infancia, pero no tengo recuerdos concretos de uno solo. Nada, estimados. Cosas que una empieza a rumiar en estos días de vacaciones y mañanas sin tiempo. Y así estamos.




Cada uno viene con su propia personalidad, y como yo no crié a ninguno me deslindo de las mañas que les pusieron otros (pero las sufro). La peludita de al lado tiene un carácter impredecible: tanto está mimosa y ronroneando como te encaja de la nada un mordisco en el brazo. La barcina (que vive a media cuadra pero viene a comer a casa) no se va de la ventana hasta saciarse. Capaz que ya le di dos platitos de comida, pero mientras su organismo no le dice basta ahí se queda calladita, mirando para adentro. El mío (o el más mío) es un amor con la gente, mas no así con sus congéneres. Ahora se le da por dormir en la zona del jardín donde hace su tela la araña de Peñarol; por el momento vienen teniendo una convivencia pacífica. Los otros son de mis viejos: mi preferida Clarita y la reunión de los cinco bajo el formato habitual de pentagrama. Mejor no preguntar mucho. Fin de año tranquilo por estos lados, al menos hasta que arranquen mañana los fuegos artificiales. Y ahí veremos.





Ayer fui a tirar basura, abrí el contenedor a la una del mediodía más caluroso de diciembre y encontré a un hombre durmiendo sobre bolsas y ramas. Le pregunté si estaba bien: no contestó. Pidió plata. Acababa de salir del Comcar y no tenía cómo llegar a su casa. Tendría treinta años; le faltaban varios dientes. A media cuadra, bajo el sol de fuego, un muchacho durmiendo sobre el pasto con el torso desnudo lleno de restos de barro seco. La peluquería a la que voy es en Carrasco, a media cuadra del hotel. Los bares estaban llenos. Todos parecían muy felices. Los jardines de las casas reflejan la preocupación de sus dueños por el cuidado de las flores y la estética del paisajismo. Charlé con otra clienta, una señora de mi edad, evidentemente adinerada, y fue como encontrar a un alma gemela en la preocupación por los bichos, las plantas y el medio ambiente. No es tema de tener o no tener: hay que trazar conexiones. Pero: ¿cómo? A la vuelta a casa mi vieja me llamó, preocupada. El Cele no la deja en paz un minuto: es un niño de dos años con cuerpo de 83. Ella se resiste a internarlo en un asilo (al que le podríamos dar un mejor nombre, pero es lo que es). Seguimos viendo. El lugar al que fui por la noche con amigas también rebosaba de personas y gritos. El calor del mediodía había cedido paso a una sensación agradable y la calle se veía tranquila, llena de gente conversando. A veces Montevideo es una ciudad preciosa. Dos personas me pidieron plata en la parada del ómnibus a la medianoche: una habló de violencia doméstica y el otro solo hizo un gesto, sin articular palabras. A veces Montevideo puede ser dolorosa. Casi llegando a mi casa, una banda felina despidiendo el año y cortejando a una gatita gris sobre el árbol más lindo del barrio. La vida, con todos sus altibajos, sigue avanzando más allá del almanaque. Hoy sentí que pasaba por todos los continentes. La Suiza de América y el país subdesarrollado, multitudes y soledades, verdades y mentiras alternándose en un vértigo del que cuesta desprenderse para intentar parar y mirar hacia adentro. Y en eso estamos.




Parece que el día en que cumplí 35 fui a una marcha bajo lluvia y nos rodearon con caballos, pero no conservo el recuerdo. Cosas que una encuentra cuando se pone a revisar una agenda del 2002 con intención de tirarla, a minutos de decidir que no, que por ahora la dejamos, que ya veremos qué hacer más adelante. La agenda está llena de cumpleaños de personas que ya no están. Algunas por aquello de la finitud de la vida, otras por simple distancia afectiva. También hay recordatorios de aniversarios de boda de amigas que se divorciaron hace años, nombres de hoteles en los que me quedé de viaje, comentarios a practicantes que hoy ya son adscriptores y anotaciones de nacimiento de gatitos que no recuerdo. Al final aparecen los teléfonos, muchos de los cuales soy incapaz de ubicar de quién eran. Los que no están son los ex: se ve que mi vida de casada no les dejaba lugar en la lista oficial (aunque por ahí andan, en papelitos sueltos o en agendas de otro siglo). Termino de ordenar los libros. Las agendas ahí siguen, y en alguna caja de cartón duermen tranquilos los papeles. Quizás cuando me jubile... Dilemas analógicos que se diluyen con el tiempo. ¿Y ustedes? ¿Team limpieza o team patear para adelante? ¿Qué pesa más: el valor de los recuerdos o hacerle espacio a lo nuevo? Ps: Cabe acotar que tengo un galpón muy grande...




"Yo discutí con una amiga porque decidí votar a MIlei y ella a Masa, pero lo que no entiende es que ella es empleada y yo empresaria: a mí me conviene este gobierno", dijo una señora cuarentona que hace comida para vender y acaba de comprarse un auto "dos días antes del cambio de presidente, porque después se iban a ir por las nubes". "Yo voy a decidir mi voto según lo que más me convenga a mí", comentó un conocido (empleado público y estudiante) hace unos años. "Yo voy a votar a los blancos porque con el Frente nos pasamos pagando impuestos y así no se puede", afirmó antes de las elecciones pasadas una señora que tenía tres tiendas en el interior y ahora trabaja como empleada en un negocio, porque se fundió. Una muestra de tres personas no tiene ningún nivel estadístico, pero son las que se me ocurren, por ahora. También me acuerdo de algunos gurises de mi barrio que iban a votar a Cabildo "porque nos van a cuidar de los chorros", sin saber que para algunos políticos todo lo que huela a Camino Maldonado ya viene con el rótulo de apariencia delictiva. ¿Adónde estamos yendo, si cada uno se preocupa solo de su chacrita? Al mismo lugar de siempre: a la pobreza. Una pobreza que va mucho más allá de lo económico. Tristezas de fin de año, estimados, mientras escucho la radio y veo cómo a los de enfrente se les viene la noche. Hay que aprovechar muy bien el verano y las vacaciones (los que las tenemos ahora) para recargar energías, que se nos viene un año movido. Mientras tanto voy a seguir posteando fotos de gatos y de Valizas, porque toda tensión tiene que salir por algún lado.




Ayer me perdí la salida de la luna llena porque venía en viaje. Hoy de mañana el gato (en su tercera demanda para entrar o salir, porque las fiestas o el abandono lo han puesto reeeepesado) me hizo ir hasta la ventana y ahí la vi. Enorme. Amarilla, nítida, clarita. Me quedé un rato mirándola y solo al final se me ocurrió sacarle foto, cuando ya los árboles se la iban devorando. Después entré (o saqué) al gato y me volví a seguir durmiendo, mientras pensaba en un diálogo que suelo tener con variadas personas: _ ¿Cómo podés compartir habitación con desconocidos? ¿No te molesta que entren y salgan a cualquier hora? Y yo no puedo decirles que duermo más de corrido en el hostel, que mi gato es lindo y mimoso pero es un demandante de marca mayor y que no tiene el maullido apenas audible de Felipe sino unos pulmones de hierro que le sacan potentes sonidos, imposibles de desatender. Igual es lindo volver (de vez en cuando). Buenos días.





Me levanto demasiado temprano para esperar el desayuno y bajo a caminar un rato. No hay nadie en la playa excepto aves y un lobo muerto que se acerca a la costa arrastrado por las olas. Voy lagrimeando pero no por el lobo, sino por acción del viento. La arena está blanda. No hay cosas para juntar. Tampoco hay sol, o no mucho. Camino hacia el arroyo, que suele ser a esta hora la zona tentadora de las fotos. El arroyo estuvo dos veranos cortado y hace muy poco los de la intendencia le terminaron abriendo la salida al mar con excavadoras. Yo no entiendo mucho su dinámica: mientras la barra estuvo cerrada el Valizas parecía una cosita de morondanga, chiquito, desvalido, y de repente se convirtió en una fuerza imponente, llena de remolinos. Como un adolescente tímido que cuando al fin los padres le dan permiso de salir hincha de golpe las plumas y se hace bravucón. Llegué al pueblo este viernes, y me senté a contemplar a lo lejos el agua desde los nuevos bancos que instaló la intendencia en el mirador cerca de las dunas. Entre el arroyo y yo se extendía una planicie tan extensa que lo primero que pensé fue que esos bancos no tenían sentido: quién se sienta a matear frente a la arena? Ni se sentía el ruido del agua. Al costado del mirador estaba un rancho de madera que alquilé varios años: le mandé un mensaje a mi amiga Ceci diciéndole que la cabaña de su primo no corría peligro por este año, porque estaba lejísimo del agua. “¡Resistirá!”, dije, haciéndome la pitonisa. Eso fue el viernes. Ayer de tarde el arroyo empezó a hacer de las suyas y se desbocó de lo lindo. Armó tremendo estuario, ahora casi está lamiendo el rancho del primo de mi amiga y los parroquianos de los bancos tienen frentea sus ojos un panorama infinito de agua dulce con el mar a lo lejos. Las dos primeras fotos son de hoy, las dos últimas del viernes. Una sabe* lo cambiante del agua en estos pagos, pero siempre se sorprende. Buenos días. * ¡Si sabrá!





_ Está heavy el arroyo. -me dijo esta mañana un amigo que es habitué de Valizas -Yo ayer intenté cruzarlo, pero de repente vi que el agua me daba al cuello y me iba tirando para el mar con una fuerza bárbara. Retrocedí y salí, pero me costó un montón. Yo lo miré: mi amigo es deportista, tiene una espalda impresionante y está acostumbrado a nadar contra las olas. Pero el arroyo tiene una fuerza incontenible. A mí se me van las horas mirándolo (al arroyo, no al amigo), porque en el movimiento vertiginoso de las aguas se adivinan remolinos y borbollones que remueven la arena del fondo y solo son desafiados por gaviotas y patos. El Valizas cobra muy caras las imprudencias y se ha llevado hasta ahora varias vidas de turistas y valiceros. Uno a veces lo ve tranquilo y angosto, pero es pura trampa. A veces cambia de curso y tira a los ranchos que se le ponen enfrente; o puede cortarse y dejar durante meses sin salida a los pescadores. Mientras tanto en la orilla una familia organiza los cruces, que desde hace dos años están a cien pesos ida y vuelta. No está yendo mucha gente a la orilla de enfrente, por ahora. No hay nada como la desembocadura del arroyo al pie de las dunas, con la isla de fondo, las gaviotas acechando a los pescadores y los patos negros secándose las alas extendidas al sol como una suerte de extraños murciélagos de playa. Alguna garza solitaria, plumas rosadas en la orilla y toninas en nado sincronizado. Es magia pura. Magia.




Súper yo: _ Creo que nos estamos excediendo un poquito con las fotos del arroyo. Yo: _ Pe…pero… Ello: _ Pero cada una es diferente. Vos seguí sacando. Y así estamos.




Casi tan ritual como ir de caminata por la orilla hasta la zona donde una vez estuvo mi rancho es el almuerzo con ñoquis caseros en Doña Bella. El lugar está cada vez más reducido: de ser el restaurante con mayor afluencia de público (quizás después de La Proa) pasó a tener sólo un par de mesitas y a trabajar más bien con comida para llevar, helados y cafetería. Supongo que se hartaron de tanto movimiento, o quizás lo quisieron volver a tener solo como empresa familiar (sin empleados), vaya una a saber. Esta gente siempre hizo comida rica, abundante y saludable, pero también tienen su carácter. _ Las mesas no se mueven de lugar. _ No cobramos por separado. _ El menu es el que está en el pizarrón. Sin cambios. _ La pasta ya viene con el queso puesto. Y así. Durante años Doña Bella fue el lugar obligado de todos mis almuerzos, generalmente consistentes en milanesas de pescado y ensalada, cambiados por los ñoquis cuando dejé de comer carne. No hubo amigo o conocido al que no trajera; a veces esperábamos horas cuando el pueblo desbordaba de gente la primera semana de enero, otras (como hoy) soy la única comensal del mediodía. Doña Bella ha sido testigo en mi historia de charlas memorables, de partidas de conga interminables, de compañeros desmayados por insolación, de amores y desamores, de temporadas a pura playa y de otras a puro paraguas. La vida y sus constantes; trascendentes unas, pequeñitas otras. De qué otra cosa sino puede estar hecha la felicidad.




Planifico salir con tiempo para hacer un par de cosas antes de la marcha pero al final salgo apenas para llegar justo. Tomo el primer ómnibus que pasa, me equivoco y bajo una parada antes. “Profe, profe!” me gritan unas voces femeninas: son dos adoradas de este año, que están vendiendo juguetes en una feria vespertina de la Unión. Qué linda la vida y sus casualidades, pienso, media cuadra antes de cruzar a una persona dormida en la vereda, junto a su silla de ruedas. Qué mundo del mal, me digo, pero en el teléfono paso por un un videíto del bien en el que un elefante le devuelve a un niño su zapatito caído. Aaaaw. Pero Twitter, y las noticias que llegan de Buenos Aires… Mientras tanto sigo mi avance hacia la marcha de las seis y media. Llegamos a 18: hay un desfile de ciclistas por la bicisenda nueva. Hermoso. De pronto el auto de adelante se detiene de golpe (vaya una a saber por qué) y mi bus pega tremenda frenada, pero no pasa nada, y seguimos nuestro camino. Día raro este, tan desbordadito de contrastes. Y aquí vamos.





Post enojado de profesora de Literatura (un tanto aburrido para los que no lo sean, pero ya saben cómo es una: si no lo pone en palabras después no duerme bien). Hoy tuvimos solo dos estudiantes en la mesa del previos en el IAVA. Uno de ellos era una chica muy tímida, que ya había aprobado quinto año y estaba dando examen del curso anterior (por esos agujeros negros de los reglamentos...). Había cursado cuarto en otro liceo, con una docente a la que no conozco. El programa de cuarto de Literatura (el que rige hasta este año) implica una buena parte de textos españoles. En base a una lista de autores uno confecciona un diálogo de ejes temáticos en el que tienen que darse siete textos, al menos uno por género, contemplando uno medieval, uno de siglos de oro y un autor uruguayo. Pues bien, la muchacha de hoy se presentó con su programa (firmado y sellado) en el que constaban: Rebelión en la granja (Orwell), Manifiesto (Parra) y Mr. Taylor (Monterroso). ¿Entienden que nada que ver? Pero nada, ¿eh? Sin la menor aclaración de pasajes analizados de la novela, por ejemplo, o sea que le podríamos haber preguntado cualquier cosa de cualquier capítulo. "Doy lo que se me cante", se llama la película. Esto nos pasa dos por tres a los de mi materia: nos encontramos con programas que complican tanto a los estudiantes como a quienes después tenemos que examinarlos, porque una cosa es haber leído los textos y otra muy diferente tenerlos estudiados como para tomar un oral o corregir escritos. Nadie sabe todo, nadie ha leído todo, nadie recuerda todo. Y además ¿cuál es el criterio? En lo que había dado la chica figuraban como temas concepto de géneros literarios (que se da el año anterior) y vanguardias artísticas (que se ve en sexto). Es decir que por capricho individual se hace que los gurises repitan unos temas y de otros no tengan ni noticias. Aaaaaah. Me hirve la cabeza (Caballasca dixit). No quiero una lista rígida, no quiero un texto único de estudio, no quiero unicidad, pero sí coherencia. De lo contrario el curso es una oportunidad desaprovechada. En fin. La chica, tímida y todo, dijo alguna cosa acertada y aprobó con la nota mínima. Bien por ella (y por nosotras). Y así estamos.




Durante el año ellos nos ganan. Pueden tomar más horas en un liceo, ponen escritos rápidos de corregir y casi no se llevan trabajo a la casa. Pero en los exámenes… _ Hola. ¿Cuántos estudiantes tienen en Literatura? _ Dos. ¿Y en Matemática? _ Seis salones. Saludos desde mi cortado post examen. Je. Ps: yo nunca dije que fuera buena gente.



Ayer en C5N sacaron a una meteoróloga a hacer notas en la calle post tormenta y terminó entrevistando gente a la entrada de un hospital. _ Buen día. ¿Están para atenderse? _ Sí, vinimos con mi hermano, porque lo apuñalaron. _ ¿Con turno o de urgencia? _ ...




_ Y en el programa de Literatura de sexto de Ingeniería también está Clarke, que es de ciencia ficción. - había dicho el profesor de Didáctica II en 1988, agregando: -Para que los ingenieros sean cada vez más brutos. Las cuatro o cinco estudiantes del subgrupo lo escuchamos en silencio y continuamos tomando apuntes. Si a alguna aquella afirmación le había parecido temeraria o ignorante se guardó muy bien de decirlo, pero no era mi caso. Yo estaba de acuerdo: la ciencia ficción era un género de entretenimiento menor, solo comparable a los policiales de Agatha Christie o las novelitas románticas de Corín Tellado. Después (unos años después) tuve amigos y estudiantes que me fueron sacando del pantano. Arranqué por Bradbury y Asimov, continué con Clarke, Dick, Aldiss, Vonnegut, Farmer. Todos hombres, ahora que pienso. Y fue una explosión de imágenes y universos. De todos ellos mi preferido como escritor es por lejos (a años luz) Ray Bradbury, pero nadie le gana a Silverberg en capacidad imaginativa. Sus universos son tan coherentes que una siente tendrían que existir sí o sí. Estación Hawksbill es uno de esos libros que compro, guardo y olvido, hasta que un buen día reencuentro y celebro. Maravilla de los acumuladores literarios: siempre hay algo bueno esperando en nuestros estantes. Feliz lunes.




Anduve seleccionando fotos de los viejos en la laguna para poner en un portarretrato (porque el jueves cumple ella). ¡Qué viaje este de las fotos! Pensar que hace cien años muy pocos podían tener una (para ocasiones especiales) y en otros siglos solo las clases altas preservaban en pintura alguna imagen querida. ¡Y no poder saber cómo será todo dentro de otros cien años! Bah, como poder voy a poder, pero ya no seré yo. Lunes de vacaciones, estimados; ¿acaso esperaban una reflexión racional? 😊 Buenos días.




Adivinen quién siempre está mejor peinado en esta casa a las ocho de la mañana (o a cualquier horario). Adivinen quién encuentra la forma de ser el centro de atención aunque le compita a un capuchino. Adivinen quién me persigue a todos lados y no acepta un cambio de escenario en el que su serenísima majestad no esté incluido.




Miren qué belleza estas imágenes. En el salto de página en página (especialmente aleatorio en las mañanas lluviosas de domingo) empecé a caer en sitios relacionados con la representación antropomórfica en las culturas precolombinas. Pasé por los que ya conocía, como las cabezas olmecas y los moais de la Isla de Pascua, y me terminé encontrando con dos culturas de lo que hoy es Argentina de las que nada había oído hasta ahora, más allá del nombre: la cultura Condorhuasi (en Catamarca) y la Tafí (en Tucumán). De la primera, en la hondonada Campo del Pucará, al pie del nevado del Aconquija, se encontraron unas antiquísimas estatuillas de piedra conocidas como “Suplicantes” (nombre arbitrario, dado por los arqueólogos). Se supone que eran ídolos protectores de la familia o el linaje, realizadas entre los siglos IV y VII d. C., con un tamaño promedio de 30 cm de alto. El rasgo más característico es la manera en que se han tratado los brazos y las piernas, figuradas como dos arcos. Se ha dicho que podrían representar a los antepasados que dividieron el espacio natural y a la memoria de la apropiación desigual de los recursos. La cultura Tafi, entretanto, se desarrolló entre los años 300 a.C y 800 d.C.). Esculpieron sobre grandes piedras ("menhires"), que tenían hasta cuatro metros de altura, con bajorrelieves como rostros humanos estilizados y a veces con forma de serpientes. Se utilizaban con finalidad ritual y también sirvieron como señaladores astronómicos. Muchas figuras antropomórficas se conservaban hasta hace poco como protectoras de los hogares; me impresionaron varios comentarios de personas que contaban que en la dictadura se las decomisaron "para ponerlas en una loma" con fines turísticos y después no devolvieron ni se sabe bien dónde fueron a parar. Yo tendría que haber estudiado Historia (y Antropología, Geografía, Biología, entre otras cosas). Por ahora, vayan estos pequeños posteos para despuntar el vicio (y para dar un respiro a mis amigos de estos lados de las fotos de gatos de las que abuso -y que voy a seguir compartiendo). 😊 Buenos días; feliz domingo de casi verano.




Extraño los juegos de mesa. No los juegos poéticos, los de ver una imagen y buscar otra parecida (onda Dixit), ni tampoco los de pensar mucho, como el ajedrez, sino los de comerse al rival y destruirlo. Extraño al TEG y sus partidos interminables. Una vez estuvimos seis adultos durante ocho horas, y no llegamos a cumplir ni un objetivo. Ojo: el TEG de verdad es sin aviones (y sin prisas). Escenario de rencores y venganzas, de enriquecimientos ilícitos, de fronteras inexpugnables, de dados traidores y estrategias de pacotilla. La vida misma, en fin. Ustedes, ¿qué extrañan?* *sin ser el gobierno del FA, la juventud perdida y el show de Abott y Costello.



Sábado de mañana, vacaciones. Tomo un café sin apuro mientras me dejo llevar por las propuestas de páginas que sigo o que proponen ser seguidas. * El especialista explicó un truco para eliminar los vapores y olores que salen de las tuberías del baño y la cocina. * ¿Cuántos gatos había en las casas de los antiguos egipcios? * Guten Morgen ihr Lieben, mit diesen schönen Winterimpressionen von der Kreideküste möchte ich euch ein schönes Wochenende wünschen. * Pájaro carpintero, registrado en el camino a San Borjas, Durazno. * Un dolcissimo Sabato a tutti * ¿Sabías eso? La vacuna triple viral protege a las niñas y los niños de tres enfermedades. * Este lunes 18 te invitamos al encuentro abierto sobre el proyecto de saneamiento en Bola de Nieve, desde las 18 h. Las redes sociales son a la vez información, entretenimiento, escape. De vez en cuando (muy de vez en cuando) conexión. Una vez cada tantísimo nos tiran un centro para que unamos dos neuronas y lleguemos a una idea, pero eso es cada vez menos. Lo funcional es mantenernos ahí (acá), no importa a qué costo individual o colectivo. Porque el cerebro se acostumbra, y aun los que tenemos un pasado de libros y bibliotecas empezamos a ver con recelo cualquier cosa de más de diez segundos. Saltar, saltar, saltar, ese es el abismo. De bichos a política, de plantas a historia antigua, de piedras a una catástrofe, todo es igual, todo vale un saltito de atención, pero no mucha. A veces me siento una rana desperezándome dulcemente en una olla de agua tibia. Tendría que pegar un salto enorme y definitivo, pero el video del puma rescatado por una familia, y los buscadores de ágatas en el Lake Superior, y el humor de algunos dibujantes y las páginas que escriben sobre escritores... ¿No les pasa? A veces me parece que los que optamos por vivir solos somos el target privilegiado de cuánta página busque visitas en la vuelta. Otras, pienso que esta es solo la versión de mi tiempo de la familia reunida en el sillón para ver el programa de entretenimientos de la noche. No sé. Hay una delgada línea entre entretenerse y ser devorado. Cada vez más delgada.




Programa de radio, recién:
_ Vengo a hablarles del monstruo del Lago Ness. _ ¡Yo lo vi! _ ¿Lo viste? _ Sí, en Bariloche. Más allá del pifie momentáneo de la locutora (que se refería al "Nahuelito", un monstruo menor, con tufo turístico), me quedé pensando si el Loch Ness tendría algo que ver con Inverness, que es el nombre del castillo de Macbeth en la tragedia de Shakespeare. Y sí, tiene. De hecho la fortaleza es una atracción turística cercana a la ciudad del mismo nombre (la más pequeña de las -pocas-ciudades escocesas), aunque lo que se conserva es de 1836. El Inverness original existió desde al menos el siglo VI antes de Cristo, cuando hay pruebas de una visita de San Colombán (un monje irlandés, principal protagonista de la conversión al cristianismo de los antiguos pobladores de Escocia). El siguiente registro es de 1040, año en que Macbeth asesinó al rey Duncan en un castillo cercano. Su sucesor, Malcolm III de Escocia, construyó la primera fortificación conocida en el sitio del actual castillo de Inverness a mediados del siglo XI. Probablemente en sus comienzos fuera de tierra y madera, con una muralla y un foso para proteger a la ciudad que crecía. Ya metida en el tema, me puse a mirar las dinastías escocesas de los años de Macbeth, pues para qué serían si no las vacaciones. Miren qué interesante el temita de los apodos reales: Duncan ("el Enfermo") reinó de 1034 a 1040, Macbeth ("el Rey Rojo") de 1040 a 1057, Lulach ("el Desafortunado" o "el Tonto") de 1057 a 1058 y Malcolm III ("el Gran Jefe"), de 1058 a 1093. Yo sabía los años de reinado de Duncan y Macbeth, pero siempre asumí que quien retomaba el trono al morir el traidor era el hijo de Duncan, es decir, Malcolm. ¿De dónde salió el tonto de Lulach y por qué su corona no duró más que un año? Punto (otro) para Shakespeare, que consideró mejor no entreverarnos con un reinado desafortunado y de corta duración, que poco iba a ayudar a la idea del orden recobrado, a la justicia que triunfa sobre la maldad y esas cosas. Pero yo no me iba a quedar sin saber quién era Lulach. Pues parece que el muchacho era nada más ni nada menos que hijo de Gruoch de Escocia (es decir, Lady Macbeth), y de su primer matrimonio con Gille Coemgáin, y por lo tanto hijastro de Macbeth. Por eso los seguidores de este último, tras su asesinato, pusieron en primera instancia en el poder al pobre Lulach, que reinó solo unos meses y fue finalmente muerto a los 28 años y sucedido en la corona por Malcolm. "Así acabó el periodo puramente céltico de la historia de Escocia", dice Wikipedia. "Y así acabo de entender un montón de cosas", agrego yo, con mi cerebro entrando en modo "a ver qué me cocino de acá a un rato". Y ahora, con su permiso, ya hemos hablado bastante de la Escocia del siglo XI. Que nunca falten las vacaciones (ni los programas de radio).




Cuando pierda todas las partidas Cuando duerma con la soledad Cuando se me cierren las salidas Y la noche no me deje en paz Canto Resistiré a los gritos a las siete de la mañana y me parece que no estoy desentonando, hasta que veo en la vereda el auto del vecino de al lado y me doy cuenta de que hoy no se ha ido a trabajar temprano y la que no lo está dejando en paz soy yo. Bajo el volumen de Youtube y me voy al colegio cantando bajito para no jorobar a más vecinos. Cuando sienta miedo del silencio Cuando cueste mantenerse en pie Cuando se rebelen los recuerdos Y me pongan contra la pared Vuelvo a casa y tomo uno tras otro un té de limón y un capuchino con algo de queso y tres bizcochos. El exceso me da un poco de culpa así que salgo a caminar, pero a las pocas cuadras transo y me subo al primer 103 que se me cruza. No es que me cueste mantenerme en pie: es que ya es casi mediodía y el calor no es muy fan del ejercicio. Resistiré, erguida frente a todo Me volveré de hierro para endurecer la piel Y aunque los vientos de la vida soplen fuerte Soy como el junco que se dobla Pero siempre sigue en pie Voy a una óptica porque con los lentes de 2020 el mundo se me está haciendo borroso. Los nuevos cristales salen seis mil pesos. Me doblo un poco con el precio pero no me quiebro, porque al menos esta vez no hay que comprar armazón. Resistiré, para seguir viviendo Soportaré los golpes y jamás me rendiré Y aunque los sueños se me rompan en pedazos Resistiré, resistiré Visito a mis viejos por la tarde. Cuando salgo él me pregunta dónde vivo. Cuando el mundo pierda toda magia Cuando mi enemigo sea yo Cuando me apuñale la nostalgia Y no reconozca ni mi voz Me apuñala la nostalgia de un jardín bien cuidado, así que corto el pasto del frente y esquivo por poquito a la araña de Peñarol que desde el año pasado anida en el centro de la selva. Igual ya vengo enmarañada desde el fondo, donde la otra (una pequeña, marroncita) sigue día tras día atravesando el patio con sus telas eternas. Cuando me amenace la locura Cuando en mi moneda salga cruz Cuando el diablo pase la factura O si alguna vez me faltas tú Me faltas tú, le digo al agua de la ducha cuando voy a bañarme tras el corte del pasto. Me faltas tú porque el verano se acerca y la presión en lo alto del repecho disminuye en horas pico. Me faltas tú, me faltas, me faltas (aunque siempre pague las facturas). Resistiré erguida frente a todo Me volveré de hierro para endurecer la piel Y aunque los vientos, de la vida, soplen fuerte Soy como el junco que se dobla Pero siempre sigue en pie Resistiré para seguir viviendo Soportaré los golpes y jamás me rendiré Y aunque los sueños se me rompan en pedazos Resistiré, resistiré Esta canción es un vicio. La canté con mis compañeros dos o tres veces por semana en el patio del IAVA, alternando con A redoblar y la Marcha de la bronca; la hemos entonado a coro en cuanta reunión social hemos tenido y ahora no se me va de la garganta. Algunas veces resistir es un orgullo. El año que viene será diferente. Empezaremos marzo con una Directora de verdad, a la que no tendremos que dedicar serenatas en el patio. Yo voy a seguir cantando hasta que el verano me vaya lavando los resabios de autoritarismo y de a poquito se empiecen a instalar diferentes melodías en mis oídos. Algunas veces resistir es un orgullo. Mientras tanto, a seguir cantando (y que el vecino de al lado me perdone).




Estaba cerrando la puerta de calle hoy a las siete de la mañana (última clase, última clase!!) cuando creí ver unos destellos luminosos de origen inexplicable. ¿Serían relámpagos? No: el cielo a esa hora se presentaba gris, pero sin electricidad. Raro. Me fui para el colegio pensando qué enfermedad ocular o neurológica podría tener la irrupción de fogonazos como síntoma, y no fue hasta hace dos minutos que entendí la situación. Mi vecino de al lado había dejado la luz de su porche encendida, y al estar haciendo falso contacto aquello era un continuo apagar y prenderse, a solo medio metro por encima de mi cabeza. La equivocación me llevó a la historia de mi vieja, ayer. Parece que despertó de madrugada, mi padre dormía profundo (como siempre) y de repente escuchó claramente que alguien estaba orinando en el baño, a pocos metros de su dormitorio. Yo me hubiera tapado hasta la cabeza, pero ella fue a investigar: era el Gatón, que no había podido salir al patio porque encontró la ventana cerrada y decidió ir al baño en el lugar correcto (si fuera humano). Ya que estamos, y como no me gustan las series de a dos sino de a tres, aquí va un viejo cuentito de mi abuela materna. Situación: mitad de la noche en la casa embrujada del cadáver enterrado en el sótano (no es momento de dar detalles, por favor concéntrense en la microhistoria). MI abuelo, sereno en un club nocturno. La vieja despierta y empieza a sentir pasos, como que hubiera alguien en el dormitorio; quizás un rengo, porque al desplazarse se escuchaba claramente que iba arrastrando el pie. Nuevamente: yo me habría tapado hasta la cabeza, pero ella prendió la luz y de repente hubo un pequeño revuelo al ras del piso. Era un ratoncito que iba arrastrando por el cordón uno de los zapatos de mi abuelo. Conclusión: las mujeres de esta familia tenemos una especial facilidad para las interpretaciones erróneas de los hechos cotidianos. Algunas los enfrentan, otras los resolvemos de casualidad. Así somos (o fuimos). Buenos días.



Yo no armo arbolito, y es verdad que siempre defiendo a los gatos, pero: ¿a quién se le ocurre dejarles a mano un objeto alto, escalable y encima lleno de cosas que se mueven y brillan? Es biológicamente imposible que no intenten explorar. Oooom… Como cuando nos despiertan en mitad de la madrugada. Como cuando aparecen con un bicho muerto o a medio maltratar. Como cuando se cuelgan de las cortinas o de los sillones. Como cuando nos destrozan una planta. Oooom… y a seguir alimentándolos.




El extraño caso del benteveo confiado: me anduvo revoloteando un rato, hasta que empecé a filmarlo y se alejó. Este fue un viaje muy raro en relación a los bichos. Benteveo confiado, gorrioncito pidiendo comida, caballos independientes que pasan al lado por la playa, garzas que de repente se me paran a dos metros… ¿Me estaré convirtiendo en Blancanieves?



Con el desorden de sueño propio del comienzo de las vacaciones acabo de hacer una hora de siesta. Desperté sin saber en qué día vivía, pero llena de imágenes de los sueños de este rato: en uno de ellos yo le decía a alguien que la figurita más difícil del Zoo Color era la de la orca, la 276. ¿Cómo hace la memoria para almacenar estos datos de hace 50 años? Capaz que no me acuerdo de la cara de un ex, ah, pero la orca!!! Grabada a fuego.



Tengo una arquitecta en el patio: hace unas estructuras increíbles para sostener su tela en el medio del patio, atravesando un espacio de cuatro metros. La telaraña es virtualmente invisible y ya me la he llevado por delante varias veces, con la sensación pegajosa e inquietante de sentirme una especie de mosca hiper desarrollada que resulta atrapada día tras día. ¿Cómo le explico que mi patio no debería ser su coto de caza? ¿Conocen algún entrenador efectivo para arañas pequeñas? Pasen información; sería bueno solucionar este problema antes de quedar definitivamente atrapada en esa tela. Era eso. Si ven que en unos días no aparezco por acá ya saben que informar a la policía. No se culpe a nadie. Buenos días.





_ ¿Te vas hoy? ¿Por qué no aprovechás que mañana es feriado de Secundaria y te quedás otro día? -me dijo una conocida en la playa de Valizas. Pero no solo me vine, sino que saqué pasaje para las tres de la tarde, porque ayer de noche era la despedida con mis compañeros del IAVA y no me la iba a perder. Tengo cero espíritu navideño, bastante poco interés en los encuentros forzados de diciembre y menos aún en las reuniones relacionadas al trabajo. Si me vine (y si me dio la energía para lavarme la cara y volver a salir tras cinco horas de bus) fue porque después de este año de locos la fiesta y el encuentro eran casi un asunto obligatorio. La medida de lo bien que me sentí es que no traje ni una foto. En las reuniones sociales me pasa al revés que en los paisajes: si me distraigo sacando fotos es que no estoy conectada. Los docentes del IAVA terminamos el año con una fiesta que solo viene a reafirmar lo que ya sospechábamos desde el principio del hostigamiento: no tenemos la sartén por el mango pero nos sobra resistencia, seguimos unidos y amamos la educación mucho -pero mucho- más que lo que pueden decir otras gentes de pobres corazones y de ideítas pequeñas. Qué importante la fiesta para liberar tensiones y sacar la basura de la cabeza. Sé que es una obviedad, pero no dejo de sorprenderme cuando pasa. Mientras tanto las fiestas (las otras, las tradicionales) se nos vienen arriba, en tanto yo me preparo para ir a Tres Cruces a sacar otros pasajes, porque a cinco horas de mi casa hay un gato Felipe, algunos amigos y una playa inmensa que me están esperando como siempre.




Historia matinal El gato Felipe maulló muy suavemente ante la puerta de mi habitación para que le abriera la puerta (nada que ver con el mío y sus habituales alaridos destemplados). Llevaba casi medio día durmiendo de corrido, desde que yo había bajado a la playa ayer a las cuatro de la tarde. Eran las seis de la mañana, así que aproveché que faltaba mucho para el desayuno y bajé a lavarme el pelo en los baños compartidos. Ya en el borde de la escalera se me acercó un pajarito. Anduvo dándome vueltas y mirándome estilo gato, por lo que deduje que tendría hambre. Fui a la cocina. Él me esperó en la puerta. Robé una miguitas del plato con el bizcochuelo casero en la zona que hasta las ocho no estaría habilitada y se las tiré en el patio. Estuvo comiendo, contento; después quiso explorar y se metió en la cocina. No quise dejarlo ahí por si aparecía Felipe, y lo encaminé delicadamente a la salida acercándole una escoba. Él: cero miedo. Salió tranquilo, comió unas miguitas más y se puso a tomar de un charco que había quedado con agua de lluvia de la noche, a dos centímetros de mis pies. Lo dejé recorriendo el patio y me fui a lavar el pelo. Cuando volví él no estaba, pero el gato Felipe estaba iniciando ya su serenata en procura de comida, así que calculo que la criatura confiada no había sido parte de su menú matinal (o eso espero). ¿Entienden cuando digo que este es un lugar de paz?




Charla que tuve con los de tercero hace unos días: Uno de ellos: _ Nosotros nos queremos ir de paseo por dos días, pero faltan profesores. Tenemos que convencer a a Fulano. Yo: _ Pasa que esta es una época complicada para los docentes, y ustedes tienen que pensar que una cosa es dar cuatro horas de clase en el colegio y otra muy diferente es dejar a la familia y la casa por dos días… Es un trabajo extra, y no siempre se puede hacerlo. _ ¿Qué trabajo? ¡Si se van de paseo por dos días y además no pagan nada! Yo: _ … Traté de explicarles que los profesores no van a los paseos a tomar sol y comer de arriba, pero no entendieron. Para ellos la ecuación era al revés: nosotros salíamos beneficiados por acompañarlos, y teníamos que estar contentos de que nos lo propusieran. Y es por eso (entre otras cosas) que yo creo que ya voy entrando en edad de jubilarme. 




¿Solo por la playa? ¿Quién dijo que vengo a este pueblo por la playa? 
No suelo postear fotos de comida, pero tengo una amiga que hace cosas deliciosas; si les interesa, avisen. La tarta de calabaza con ensalada es absolutamente inefable (y el kefir y el brownie de chocolate amargo ni les digo). 
Acá la gente te da para adelante, te enseña, te armoniza. Es muy difícil ponerlo de verdad en palabras, hay una energía particular que limpia y pone en movimiento a la vez que te calma y te recuerda que está bueno algunas veces frenar y mirar para adentro.
Decididamente, este es mi lugar en el mundo (y también mi playa). 
❤️☀️🎵
Ps: Si quieren conocer al gato Felipe vengan al hostel, pero no esperen que se los preste. 🙂 
Ps2: No le cuenten a mi gato.




Primero hablaron de inclusión (y de una rampa que sabían que era imposible en el espacio de la puerta del costado) para sacarle el salón gremial a los gurises. 
Después hablaron de un Director que no controlaba todos los espacios (para poner interventoras que dos por tres pierden las llaves, y que durante la obra de la puerta tampoco tenían acceso a ella). 
Tiraron versiones de un liceo que se achicaba “por la baja natalidad del país”.
Dijeron que el IAVA (a media cuadra de la Universidad) no tenía buen acceso para estudiantes de otras zonas. 
Ahora dicen que todo el circo de la reducción del 43% de los grupos fue por obras de reciclaje del liceo previstas para 2024 (obras que nunca nos fueron comunicadas, ni siquiera como noticia de algo ya decidido).
Digo yo: ¿no era más fácil empezar por la palabra? ¿Reunir a los interesados, exponer los fundamentos y limar las asperezas ANTES de empezar a agitar a toda una institución como si fuera un frasco de grillos, para enloquecernos? ¿O será que era mejor golpear de entrada, como disciplinamiento y ejemplo para otros liceos -en especial los de segundo ciclo? 
En 2024 se viene la reforma (y no me refiero ahora al reciclaje). 
Saquen sus conclusiones. 
Hay que tener memoria de estas cosas.




¿Qué representa para ustedes el 8 de diciembre? ¿Una celebración religiosa, la fecha para armar el arbolito? ¿O agarramos para el lado batllista de la vida y es el día de las playas?
Para mí el 8 de diciembre viene con sabor a acto escolar. No sé si será que coincidió esa fecha muchas veces en mi infancia o si el inconsciente la registra como símbolo de cierres, pero es así. Viene con túnicas y moñas cansadas de todo el año, con bailes patrios de dudoso gusto y menos gracia, con mensajes de autoridades expresados en "vosotros" y con decenas de padres amontonados en el patio para ver a sus niños hacer algo. Épocas sin teléfonos, los 70', pero siempre algún adelantado iba con su cámara de fotos y sacaba instantáneas que demorarían semanas en revelarse. Los abanderados no podíamos ir de championes, y a veces nos exigían llevar (previo comprar) guantes blancos. La Señorita Noemí se esforzaba en sacarnos melodías y afinaciones que no estaban en nuestros planes, en tanto la Directora ensayaba ese día unas sonrisas a las que su cara de todo el año no parecía acostumbrarse. 
A continuación entonaremos las estrofas de nuestro Himno Nacional. Entrada de banderas. Palabras de alguien. Los alumnos de quinto año nos ofrecerán un pericón patrio. El coro entonará tal cosa. Una huella, un gato, alguna danza. En algún momento, el himno a Artigas. Palabras de despedida. Salida de banderas al son de la marcha ídem. Breve rato de charla con los compañeros, saludo a la maestra y salida de la tierra y el sol del patio escolar hacia las maravillosas, interminables, eternas vacaciones de esos tiempos. 
Eran años complejos. El Subdirector, por ejemplo, de repente un día dejó de venir a la escuela y nadie se animó a explicarnos qué pasaba. Algunos de mis compañeros tenían muy mala conducta y yo no entendía por qué la maestra a ellos, precisamente a ellos, les perdonaba cualquier cosa. 
Eran años difíciles, pero yo no tenía ni idea. Solo sabía que a partir del 8 de diciembre el tiempo era enteramente mío, los días  duraban semanas y en mi casa me esperaban el gato, los libros y las plantas. 
Ahora mis vacaciones tienen una duración incierta y se pasan volando. Nadie habla de vosotros ni me obliga a comprar guantes, pero también puede suceder que de un día para el otro el Director deje de venir y nos pasemos el año preguntando. 
Sí, estimados: otro post militante disfrazado de nostalgias. Así somos. Y nos seguimos preguntando cosas (por ejemplo: hasta cuándo).




Estoy viendo una serie policial ubicada en Estados Unidos donde varias personas matan a un hombre en su casa, lo envuelven en una alfombra y se deshacen del cuerpo. Al día siguiente la esposa (la viuda) está sumamente preocupada porque él no le responde el teléfono y teme que “pueda haber hecho algo”. Hay llantos, miedo, tristeza: todos los personajes están en tensión. Mientras tanto, en el otro hemisferio, una uruguaya de vacaciones recién iniciadas (o casi) se pregunta cómo puede ser que la señora no haya notado aún que le falta una alfombra. Es lo que tiene vivir en el tercer mundo, estimados. El señor puede no estar, pero me desaparece una alfombra (o la tapa de un taper) y arde Troya. Buenas tardes.




Miércoles de miércoles
Lluvia matinal Pies mojados Indecisiones Malas noticias Estornudos Mucho ruido Incertidumbres Puentes interminables Despedidas
Había que compensar con algo dulce.




"Voy a sacar número para oculista. Me darán para febrero o marzo... Qué días tengo exámenes en febrero, y en qué turno trabajaré el año que viene? Qué largos son estos procesos, todas las mutualistas me tienen harta." _ Hola. Voy a sacar turno para oftalmología. _ Ya te digo... ¿Este miércoles te viene bien? _ Eh... ¿A qué hora? _ Puede ser de mañana o de tarde. _ Perfecto. "Me taparon la boca", se llama la historia. Aún no lo puedo creer. Con la emoción no registré ni la hora que me dieron; voy a tener que llamar mañana y preguntar. Se viene un nuevo mundo, estimados. No sé si mejor o peor, pero imprevisible (sin dudas) y de contornos definidos (espero).




Estimados, en los últimos meses me han llegado mensajes de personas conocidas por acá y por Instagram pidiendo dinero o queriendo cambiar dólares. Evidentemente, proceden de cuentas pirateadas. Quiero que sepan que si les llega algo así “de mi parte”, es falso. Y si les llegan fotos de mi gato… bueno, también sería falso, pero ahí no hay problemas: lo admiran y listo. 🙂 Buenos días.



Primero me ofrecieron 127.000 personas solteras en Montevideo. Después dijeron que eran 2000 más. Probaron con otras ciudades. Sondearon mis preferencias de género. Ahora arremeten con la promesa de confidencialidad, pero de paso me sugieren que varios de mis amigos ya les dijeron que sí.
Y yo que estaría tan tentada si me ofrecieran cosas al estilo de:
* Hay 50.000 hombres solteros en Montevideo que viven con uno o más gatos.
* 80.000 personas hacen pizzas deliciosas y te pueden invitar a degustarlas.
* En tu ciudad 18.000 jugadores de TEG están en busca de contrincantes.
* Hay 57 personas que te acompañarían a buscar fósiles a Rocha.
Bueno, ta, hay categorías minoritarias, pero en líneas generales… Es por ahí.




Este año la despedida del IAVA la tuvimos que hacer en dos turnos, porque el espacio del patio no daba para todos juntos. Generalmente armamos un evento en las canchas que dan sobre Guayabos pero esta vez, con el liceo intervenido, no hubo apoyo de "autoridades" y terminamos gestando la fiesta docentes y familiares. Fieles a nuestra impronta descontracturada, hicimos una merienda compartida para los tres niveles y dedicamos un rincón especial, un encuentro en el Salón de Actos, para los de sexto. Empezamos compartiendo un video con saludos de algunos docentes que terminó con un mensaje del Director, al que todos aplaudimos largamente. Después hablamos un par de docentes y bajamos al patio, donde cantamos Resistiré por última vez en este año, todos juntos, mientras arriba de nuestras cabezas se iba ennegreciendo el cielo. Fotos, canciones, reparto de recuerdos, torta, refrescos y unas pizzas que fueron ofrecidas a viva voz por "el" Walter, mientras en la Dirección se desarrollaba una ceremonia privada, porque una de las interventoras deja el liceo y otra inspectora va a tomar su lugar. Qué suerte que nosotros estábamos del otro lado. Muchos padres, madres y abuelos acompañaron el encuentro. Al decir de una compañera: "una abuela tenía un ramito de flores para darnos y humilde dijo 'No sabía a quién dárselo. Ustedes hicieron todo lo posible por mi nieta' (no sé de quién hablaba). Todo emoción, sembramos y germinó." Ni bien terminamos con las pizzas y tortas, se largó el diluvio. Muchos chiquilines se quedaron en los patios, disfrutando de la lluvia, y algunos organizaron chapoteos varios, porque los charcos no demoraron en empezar a desbordarse. Nos quieren partir a la mitad, pero no pudieron sacarnos la alegría. Qué suerte que nosotros estábamos del otro lado.




Tengo poca experiencia en la educación de adultos. En 2021 di un par de semestres de ProCES, por zoom. Recién este año di clases presenciales, esta vez en el programa Uruguay Estudia (PUE), en la escuela Sanguinetti. 
El jueves asistí al cierre de cursos, que implicaba la presentación y defensa de un proyecto realizado en forma grupal. Los docentes ya habíamos corregido los trabajos y todos los estudiantes sabían que estaban aprobados, pero aún así hubo unos cuantos que sufrieron unos nervios como nunca vi en adolescentes. Transpiraban, se les olvidaba la letra mientras ensayaban en los pasillos, nos decían "me voy a quedar en blanco, estudié pero me voy a olvidar de todo". Trabajaron diversos temas, entre ellos la importancia de la música en los adultos mayores, el maltrato animal o el reciclado de alimentos. Algunos presentaron ppt, otros carteleras; hicieron representaciones teatrales o llevaron invitados (por ejemplo unos viejitos que cantan en un coro, a los que nombraron "sus preferidos"). Muchos fueron con sus familias y nos presentaron a todos. 
Al terminar cada proyecto hubo abrazos y emociones; algunos se largaron a llorar y terminamos todos conmovidos. Quién sabe qué historias estaban detrás del cierre de ese ciclo, cuántos años (o décadas) de postergación de un logro que para algunos va a significar una posibilidad laboral y para otros un mérito propio, la confirmación de que sí pueden. Las edades van de 21 a sesenta y pico. Los docentes conocemos algunas de sus historias, que no voy a contar pero créanme: son terribles. 
El último grupo presentó un proyecto sobre la conservación de las raíces africanas en el candombe de hoy. Eran siete u ocho mujeres que se vinieron maquilladas, con lunas y estrellas y en algún caso de pañuelos en la cabeza. Terminaron cantando una canción (cha cha mulato...), mientras entraban al salón los tambores, tocados por dos compañeros y una chica de otro grupo a la que veo todos los sábados, porque vende verduras en la feria de mi barrio. 
Fue una fiesta. Terminamos bailando con los tambores en el patio de la escuela. Yo venía de un día de locos en que me había levantado a las cinco de la mañana para hacer mil cosas para el IAVA, había dado la última clase en el colegio y me había pasado las horas armando doscientos llaveros con mensajes y códigos para los gurises de 17 años del liceo y fui un poco sin energías, pero volví renovada. Esta gente es todo lo que está bien. 
No sé cómo me he pasado tantos años sin encarar trabajar con los adultos, pero qué bueno que llegué a conocerlos. 
Fue una fiesta.




Afuera: la tormenta. Adentro: paz. Paz ahora, porque cuando llegué a casa en medio del diluvio el pobre gato estaba refugiado debajo de unas plantas, tan ensopado como yo. En general tiene refugios, y vuelve seco de las lluvias, pero hoy le fallaron los radares o algo le pasó. Traté de secarlo con toalla pero no se dejó mucho; estuvo media hora acicalándose y recién después pidió comida. No podía dejarle una ventana abierta con alerta naranja, pero debo reconocer cierta culpa. Curioso que me dé culpa dejar al gato afuera pero no me cuestiono haber salido de casa sin paraguas, en fin. Cosas que pasan.




Trivia: Ustedes dirían que esta es la foto de alguien que…? a) se despertó a las cuatro de la mañana porque tenía demasiadas tareas pendientes. b) aún no cerró todos los promedios. c) ayer hizo 200 llaveros de recuerdo para los estudiantes de sexto del IAVA d) diseñó un sitio ESPECTACULAR para dejarles de recuerdo (por eso los llaveros) e) pensó un discurso a las cinco de la mañana f) ayer se despidió de todos los estudiantes del PUE en una fiesta increíble de la que todavía no pudo escribir nada g) editó un poco la foto porque estaba inmirable e) todas las anteriores