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jueves, 4 de mayo de 2017

Mayo 2017




Para ser honestos, yo me lo tendría que haber imaginado. Una charla sobre la ayahuasca en el Sheraton de Punta carretas... No pega. 
Pero fui. 
Tal vez cuando entré al enorme salón con sus arañas gigantes de símil cristal y lo vi repleto de unas 300 personas de lo más variopintas tuve que pensar que aquello no era muy lógico. Algo no me cerraba.
Pero me senté en la tercera fila. 
En una de esas cuando empezó la cosa y un cincuentón de pañoleta en el pelo, blusa onda hindú anaranjada y pantalón blanco rodeado por dos muchachos de camisa blanca y con instrumentos musicales tomó la palabra y arrancó diciendo que todo comenzó cuando estuvo preso en España, algo en mi cerebro me tendría que haber enviado una señal de alarma, pero no. 
Es decir, que me quedé. Dos horas y media, me quedé. 
Tengo que reconocer que al principio un poquito dudé si la cosa era como me estaba pareciendo, porque siempre cabe la posibilidad de que una sea una escéptica de porquería y olfatee negocio allí donde otros ven santidad y buenas intenciones. Un poquito. Solo al principio. 
El capo de la cosa, el cincuentón de anaranjado, contó de su presidio por consumo de ayahuasca y de cómo decidió desde allí dar un buen golpe... un golpe de conciencia, que derribara sus muros interiores, etc. Los dos músicos contaron algo de su historia y cantaron varias canciones. Luego pasaron al frente otros tres de la organización; en total eran cinco hombres y una mujer, la única uruguaya. Los otros eran tres argentinos, un colombiano y un peruano. Todos se presentaron largo y tendido. Después pasaron videos de su empresa, los retiros, la experiencia de una chica barcelonesa que perdonó a sus padres muertos después de un retiro, etc. Todo en terribles chalets con piscinas y parques gigantescos, por toda Europa, con gente sonriente y bien alimentada que se abrazaba sobre alfombras y bailaba dando saltitos. 
Hubo preguntas de los asistentes, que se respondieron sin decir gran cosa. Todo era un juego con las palabras. Por ejemplo, el líder (Alberto) se presentó diciendo: 
_ Nací en Argentna, pero no soy argentino. Tengo seis hijos, pero no soy padre. Adoro escribir, tengo un blog con seis millones de lectores, pero no soy escritor. Tengo 5 empresas, pero no soy empresario. Tengo genes masculinos, pero no soy hombre. 
Y así. 
De la ayahuasca se habló menos de lo que puede uno aprender en la wikipedia. Yo saqué apuntes pensando hacer una crónica extensa a modo de autocastigo por no haberme ido antes, pero no, no da para tanto. A las diez menos diez me fugué de la sala, aunque para el final de la charla habían prometido que nos iban "a compartir una medicina que trajimos del Amazonas para acceder por la nariz..." 
Que la medicina que trajiste del Amazonas te ilumine, hermano empresario. Yo me voy a dormir, que mañana entro a primera.

Guarda e passa.





_ ¿Y por qué me decís infantil?- sonó una voz de chica en la parada, a mis espaldas.
_ ¡Porque tenés 14 años! Ya estás grande para esas cosas...- respondió otra voz femenina, probablemente de la madre.
_ ¿De qué te la vas? ¿Qué hay, si quiero mirar dibujitos?
_ Nada... Pero deberías estar en otra cosa...Mirando novios...
_ (sonido de asco)
_ ¿Qué tiene de malo? Mirá, ahí viene el ómnibus.
_ No sé... A mí me gustan los dibujitos, me gusta el animé... Cuando veo a mis amigas todo el tiempo hablando de novios me dan ganas de decirles: "¡Recapaciten, recapaciten!"
_ Ah, no, ese ómnibus no es el nuestro.

Pero sí era el mío, y me lo tomé, dejando interruptus el registro del diálogo entre Julieta y la Nodriza. Digo, entre las dos voces de mi parada. 
"_ 14 años, Julieta... Otras en Verona a tu edad ya son madres..."


Pucha, digo.





Primero fue el vaquero que había dejado en el piso y amaneció con una más que sospechosa mancha de humedad en una pierna. No tuve ni que mirar a la viejita que durmió conmigo para saber lo que había pasado y decidir que no puedo dejar más la puerta del dormitorio cerrada por la noche, o este episodio inaugural corre el riesgo de repetirse.
Después fue la charla por teléfono con mi madre, que no solía ser para nada demandante pero hoy me dijo varias veces que este era un fin de semana largo y que estaría bueno si me daba una vuelta por la laguna. "Lo que pasa es que hoy hay una marcha..." "Claro... Aunque igual tenés libre domingo y lunes..."
En fin.
Ahora estaba a punto de subir una foto a un álbum cuando se me dio por revisar y vi que ya había compartido exactamente lo mismo hace un par de días, pero me lo había olvidado. 
Vino bravo mayo. O 2017. 
No sé. 

Carpe Diem.






Estoy tratando de cargar la tarjeta del transporte en un Abitab cuando su voz con acento extranjero llama mi atención 
_ Va a ser en el Prado, el domingo. 
Y se enfrasca en una compleja descripción del lugar, la dirección, habla de cómo es la la puerta y hasta del timbre. Al parecer está invitando a todos los empleados del local a un almuerzo, que se pone a detallar de inmediato..
_ Habrá pescadix, saladix, queso, aceituna, longaniza...
Los empleados lo escuchan en silencio. Los clientes continúan esperando ser atendidos. Su voz retumba en el silencio del local de pagos. 
_ Prochuto de pollo, prochuto de queso... 
Brochette, pienso, debe querer decir brochette. Raro el acento; no logro identificarlo.
_ Y habrá colita de cuadril, chorizos, pollo, bondiola...
Es turco, me ilumino de inmediato. Es turco. Y sigue. 
_ Y café también habrá. Café a la turca. 
La voz de la empleada me vuelve abruptamente a mi rol de cliente en espera. Tomo el recibo y me voy, no sin antes pensar que este domingo, en el Prado, unos empleados de estos ahora flacuchos que tengo enfrente van a salir rodando por la bajada de alguna callecita gracias a la benerosidá del durco aquí bresente.
Igual no me tentó nada, quizá porque me fui del local antes de que arrancara a enumerar los postres, porque si resulta que también iba a haber baclavá para todos creo que ipso facto me autoinvitaba a la festichola dominguera. Pero no. Mejor así. Después de todo no sé quién iba a querer canilla libre de postres turcos, y ni siquiera estoy segura de que el baclavá sea una de sus especialidades. 

Al cabo que ni quería.




Cuando despertás y el cielo se viene abajo...
Cuando ves que hay alerta naranja...
Cuando presentís que no van a ir los estudiantes...
Cuando es viernes...
Cuando el lunes es feriado...
Ahí es cuando igual te levantás y salís de buen humor, porque como decía tu abuela no sos de azúcar, porque te gusta lo que hacés y porque el diluvio te da el lujo de parar justo justo cuando caminás hasta la parada. 
Feliz viernes. 

No es tan grave, ¿eh? ¡Arriba!





Yo no digo que nos vaya a pasar absolutamente a todos, pero para la mayoría de las personas la vejez es una etapa que viene con disminución de la vista, el oído y la movilidad. 
Él es pelado, de ochenta y pico de años. Viene súper abrigado y se apoya en un bastón. Charla en voz muy alta con una jovenzuela de sesenta mientras ellos y todos esperamos interminablemente que algún ómnibus se detenga, abra la puerta y nos diga: "suba... suba a mi mundo de veinte asientos..."
El anciano habla, habla, habla. La jovenzuela casi no puede meter un bocadillo entre su abigarrado discurso, que va de contar que una vez por mes se reúnen los de la colectividad de Calabria y son siempre los mismos a cómo evitó ser robado porque no le quiso entregar su bolsa a un ladrón y él no pudo quitársela es lo que yo digo hay cada vez más chorros qué barbaridad y quieren que uno los entienda yo no le iba a dar nada y mi señora anda bien con la diabetes allá arriba porque cocina y después come yo siempre le digo que
Uy. Perdón. De repente fui abducida por una maraña de circuitos chisporroteantes, pero creo que gracias a un 103 que se dejó invadir logré por un pelo escapar de Mundo Viejo y comienzo poco a poco a incorporar algo de oxígeno a mis neuronas. Estoy salvada.
Por ahora.







Estadísticas matinales desde la visión del aspirante a pasajero en 8 de Octubre y Comercio.:
# 8 omnibuses interdepartamentales que no me sirven.
# 1 546 que no me sirve.
# 3 Cutcsas que me servirían pero no se detienen, como no se detuvieron otros tantos en la primera etapa de aspirante a pasajero, en la cooperativa.
# 21 personas esperando ómnibus para el centro. Las conté cuando un 100 amagó a parar.
# Un 316 y un 404 que ni nos miran porque no es su parada. 
# Un 106 con espacio (aunque no mucho) que abre sus puertas frente a mis asombrados ojos y me invita en silencio a llegar en hora al trabajo. 
# 2 paradas más y me bajo. 
# 1 comienzo de miércoles. 

# 12 hs de trabajo por arrancar en 3... 2...





Jueves, seis de la tarde. 
Camino entre las sombras del atardecer por mi cooperativa cuando de la canchita de fútbol junto al Salón Comunal me llegan unos silbidos admirativos y el grito de una voz de púber que recién entra a la adolescencia:
_¡Divina!
Y al instante otra voz juvenil que le grita:
_¡Pará, que esa es mi tía, puto!
Era el hijo de una prima. 
Seguí mi camino como si no hubiera escuchado, pero me quedo pensando que los roles de piropeador de toda figura femenina y de defensor de la familia a como dé lugar están en los genes de algunos desde siempre, incluso desde antes de que dejen del todo la infancia, y el uso del "puto" como insulto también.

Somos unos bichitos. Todavía somos unos bichitos.





Ella tiene unos cincuenta años, o pocos más. Se despide de la anciana flaca que vive cerca del Salón Comunal y comenta algo de que se viene la lluvia. 
_¡Está feazo!- reconoce la viejita, que la mira alejarse y cuando la tiene como a veinte metros parece querer reanudar el diálogo y le pega el grito:
_¿Llevás todo, estás segura?
_ Sí, llevo todo, no te preocupes.- responde la mujer, sonriendo y sin detenerse. 
Camino detrás de ella pensando que podría hacer una crónica sobre las madres y cómo les cuesta asumir la adultez y autosuficiencia de los hijos, cuando la cincuentona se sube a un auto, me mira y me dice:
_ Hola, ¿cómo andás?
_ Todo bien, ¿vos? - le contesto a la desconocida, mientras la crónica indirecta del Día de la Madre se resbala de costadito hasta instalarse en el casillero Olvido y Desmemoria que transito desde hace años con cierta preocupante regularidad.
Por enésima vez, queridos: implantemos el saludo autonominatorio ya. "Hola, Fulana, soy Mengano, ¿cómo andás?".
Sea un buen ciudadano: colabore con el despistado, o resígnese a ser saludado en forma standard, y quédese con la duda de si el otro sabe o no quién es usted.

Feliz fin de domingo.





_ Son 194 pesos. Mire que otro le puede cobrar un recargo.
_ ¿Por transporte de animales, decís?
_ Sí. No mucho, treinta o cuarenta pesos. Pero yo no le voy a cobrar. Estamos todos en la misma. 
_ Muchas gracias. Que tengas buen día. 
Bajé del taxi con el pet carrier en la mano y la mochila al hombro. Roldana había dejado de maullar hacía un ratito. El guardia de la puerta me explicó cómo llegar al edificio del hospital y arranqué a caminar entre las sombras. 
Apenas eran las siete de la mañana y el cielo estaba empezando a aclarar entre las nubes. La Facultad de Veterinaria es un mundo mucho más grande de lo que parece. Hay varios edificios del mismo tamaño y estructura del que se ve por la entrada principal, bajo los árboles había un caballo pastando y entre las ramas sonidos de pájaros raros para Montevideo. 
Ni qué decir que me perdí. Terminé en Histología, donde una amable limpiadora, cual improvisado Virgilio de túnica azul, me guio hacia mi destino. 
En el edificio me recibió un barcino gordo, antes de ingresar a la sala de espera llena de dueños y mascotas. Hay un perro que camina mal, otro envuelto en una frazadita, otro acostado entre sus dueños que me mira con los mismos ojos de la ex Innominada en sus épocas de enfermedad y unos cuantos más, algunos en pet carriers como Roldana, que espera tranquila. 
Hace un siglo que llegamos. Son las siete y media. Hace frío. La gente es silenciosa. Hay poca luz. Tengo el pet carrier en la falda y me doy cuenta de que tiembla, pero no es ella, soy yo, que me vine de championes livianos 

Ampliaremos.




El BROU te acerca los mejores regalos para que sorprendas a mamá en su día, dice el mailing que me llega con la factura de la tarjeta, y a continuación promociona 12 (sí, DOCE) artefactos de cocina, dos "set de recién nacido" (uno rosado y uno celeste), un esterilizador eléctrico, un calentador de mamaderas, dos depiladoras, un secador de pelo y una planchita. 
Gracias, BROU; qué sería de los hijos sin tus maravillosas ideas para sorprender a mamá en su día. 
2017... ¿te suena a algo? 

En pleno siglo diecin... veinte... ¿Veintiuno?





A las ocho en punto se oscureció la sala grande del teatro Solís y comenzó a sonar el habitual anuncio de apagar los celulares: la obra estaba por comenzar. 
Lástima que mi entrada era en la cuarta fila de la tertulia baja, digamos que en el segundo nivel sobre el escenario. No es que estuviera tan lejos, pero los asientos de la cuarta fila solo son taburetes, de respaldo duro y tan altos (para ver el escenario) que las patitas nos quedaban colgando en el aire. Sí, había apoya pies, pero me quedaban los pies torcidos cual Edipo en pañales, y mi tendinitis empezó a quejarse ya en los primeros minutos. 
Lo que fuimos a ver era una compañía de actores argentinos haciendo una obra en función inclusiva para sordos y ciegos. Y viejos, faltó agregar.
Ni bien empezó la representación nos quedó claro que la pareja de ancianos en la fila 1 iba a hablar casi toda la obra. Hay algo en la tercera edad que anula la posibilidad de susurrar, de permanecer en silencio o de captar las señales de incomodidad del entorno, parece. 
Por otro lado los ciegos tenían un audífono por donde una voz les iba describiendo prolijamente las acciones mudas sobre el escenario: "en este momento el actor mira al público... se sienta... entra Fulano por la derecha... etc). El tema es que al comienzo hay un largo silencio donde no pasa nada, y los pobres se entraron a preocupar de que los audífonos no anduvieran bien, y cuando comenzó la acción resultó que la voz de los audífonos era claramente audible desde dos filas de asientos a la redonda por lo menos. 
Los sordos, por su parte, tenían una pantalla sobre el escenario con subtítulos y aclaraciones de lo que iba sucediendo a nivel sonoro ("tararea", por ejemplo), pero además en la platea, no sé bien por qué, había una persona que les traducía la obra en lengua de señas, persona que debía sí o sí estar muy iluminada, para incomodidad de los espectadores de las filas de atrás, que tuvieron esa luz todo el tiempo entre ellos y el escenario. 
A todo esto hubo un celular que sonó y sonó en vibrador, como si el dueño creyera que de ese modo no era audible, y hubo tres personas en mi sector que apenas fue redondeando el final se levantaron y se fueron, como para evitar las montoneras de la salida, onda recital del Indio, no importa si los actores seguían o no concentrados en el escenario, como en efecto sí lo estaban.
Es verdad, la obra no era gran cosa, lo admito, pero aún así, hubiera podido ser apreciada de otra manera si cada uno podía concentrarse en la escena menos que en el público o en la propia incomodidad.
En resumen, el tema de la inclusión tendría (a mi juicio) que organizarse mejor. Los ciegos hubieran estado mejor en el mismo sector, con alguien que los guiara o auxiliara si había problemas técnicos con los audífonos. Los sordos y su intérprete, ídem. Los viejos... Bueno, los viejos que hablan en el teatro son un tema a esta altura insolucionable. El Solís hace décadas que debería clausurar ciertas filas de asientos propios de la tortura medieval, y la compañía argentina pudo y debió rendir más. 

Feliz última media hora de domingo.





Me pasé los domingos de la infancia cuidada por mis abuelos mientras la Choli y el Cele hacían feria. El viejo Barreto trabajaba de sereno en el Club Naval, y además de alguna bandejita de canapés y masitas después de un cumple de 5 o algún casamiento también le daban los diarios, entre ellos un suplemento (creo que de "El Diario", "Mundocolor", una cosa por el estilo) lleno de historietas que se abría con una página a todo color de Clemente, por Caloi. 
Mis abuelos ya no están, la Choli y el Cele dejaron de hacer feria y yo no leo diarios ni historietas, pero siempre me quedo de boca abierta con la genialidad de Tute, quizá confirmando aquello que de tal palo, etc. 
Caloi se fue hace 5 años. Comparto el homenaje de su hijo y me sumo al recuerdo; la canción que le dedica al padre es... sin palabras.





INNOMINADO

1. Mi vieja me lo había dicho apenas me desperté: anda un gatito barcino perdido en la cuadra, pero yo (aunque lo busqué toda la mañana) no pude encontrarlo. Ella andaba con un misterioso paquetito en la mano que a la postre resultó ser comida que le había birlado a Roldana para ver si podía alimentar a la criatura (¿o de dónde se creen que soy como soy?) pero para mantener las apariencias me dijo varias veces que no fuera a agarrar ese bichito, que era muy lindo y comprador pero etc. 
Hace un rato llegué a casa bajo la lluvia y lo escuché desde mucho antes de verlo, porque estaba maullando a todo volumen, pobre. Apenas lo aupé se puso a ronronear; es precioso, sedoso, ojos enormes y verdes, aún no me fijé si hembra o macho. Tiene unos dos meses, supongo. Con Roldana no hubo mucho feeling, por ahora, porque la criatura estaba asustada y terminé dejándola en el galpón con manta, comida y agua. 
Después saco fotos lindas y empiezo campaña de adopción. Empezamos, quise decir. 
Entienden la indirecta, ¿no?

Ta mañana.

2. Un segundo. Un segundo de ponerlo en el baño, moverle las manos en las piedritas, y el tipo entiende que ese y no otro es el lugar para ir al baño en una casa humana. 
Gatos: inteligencia.

3. _ ¡Salí de arriba de los libros! ¡No, no me muerdas, no quiero jugar si mordés! ¿Qué hacés arriba de la mesa? ¿Desde cuándo te subís a la cocina? ¡Dejá ese cable! ¡Basta de atacar al paraguas, dejalo en paz! ¡Las botellas... no me rompas las botellas!
8 horas, 8 horas de clase di esta mañana y no rezongué ni el 1% de lo que me hace mandonear esta criatura en dos minutos. Después me mira con ojazos y se pone a ronronear, pero no me engaña: yo sé que es un demonio de Tazmania con envoltorio peludo y bigotes.
Aunque se me suba a la falda y levante la cabecita como diciendo que no va a destrozar más la casa. Aunque maúlle suavecito y se acurruque contento. Aunque ponga cara de angelito y se vaya durmiendo de a poquito, como bebito que todavía es. Aunque se ponga a amasar abriendo y cerrando las patitas.
Salí de mi casa lo antes posible, Innominado. Salí. 

4. Acabo de dejar a Innominado en su nuevo hogar en Malvín, con una humana amorosa y un cachorro terrier que es el doble de activo que él. 
Final feliz.





Oíme, inconsciente. 
Sí, sí, a vos te hablo, no te hagas el desentendido. Ya fue con tus arrogancias, ¿me oís? ¿Quién te creés que sos? ¿Kim Jong Un? No, no es así, viejo, la cosa no es así. Ya sé que contigo no se puede razonar, por eso te lo digo bien claro y con todas las letras: yo soy quien decido a qué hora despertarnos, no vos. Sí, ya sé que si abrimos los ojos a las siete igual llegamos en hora al liceo, pero por algo puse el despertador a las seis, para bañarme, corregir y trabajar en las redes, ¿entendés? Media pila, viejo, media pila. Y dejá de pelearme. Mirá que el yo sin nosotros no llega a nada y acá solo podemos funcionar en equipo, ¿eh? Dale. Dejame laburar, al menos de lunes a viernes. Igual ahora el fin de semana es tuyo y yo no me meto. Dale, dejá de decidir cosas que no te corresponden, que después el yo se preocupa, termina comiendo demasiados dulces y nos complica la vida a todos. Cuento contigo, viejo. Uno para todos y todos para uno, como cuando éramos chicos, ¿te acordás? Un abrazo, ello. Nos vemos. 
Te quiero (pero solo si te portás bien).
Súper Yo.






Jueves, siete y media de la mañana. El 103 va lleno y yo me distraigo pensando en temas trascendentes, como el de las moneditas. 
No me gustan las moneditas. No valen nada. Tintinean si camino con apuro, me rompen los bolsillos si las uso en el pantalón y pesan si las llevo en la cartera. A las de 50 me da miedo perderlas, las de 1 y 2 solo sirven si tengo que pagar un ómnibus en efectivo y las nuevas de 10 me rebotan en la máquina de café del liceo. Las de 5 no fallan, ellas sí, siempre son bienvenidas en mi mundo. Las únicas.
En esos pensamientos ando cuando escucho que una señora al darle el asiento a su amiga le dice:
_ Pasá vos, que trabajás ocho horas. 
_ ¿Ocho? ¡Once!- responde la aludida, agradeciendo el gesto. 
Once horas, mete la doña. 
Y una aquí pensando intrascendencias. 
Y otros allí, leyéndolas. 
Lo siento mucho, amigo lector, pero sabido es que la culpa pesa menos si se reparte.
Feliz jueves.





"No todos tenemos a alguien en quien confiar", dice escuetamente alguien en twitter, ante un post del CES que recomienda contárselo a alguien de su confianza y no aislarse si siente que solo se relaciona con personas a través de las redes sociales, que sus opiniones no tienen valor o que el resto de la gente va a estar mejor sin su presencia, entre otras cosas.
El nombre y la foto vienen de un animé, ni siquiera sé si es un chico o una chica. Tiene 9 seguidores y su descripción personal es "armonía rota". 
"No todos tenemos a alguien en quien confiar", dice, y no sé por qué pero no me suena a bardero de twitter sino a alguien de verdad solo. Le contesté lo mejor que pude, pero su frase me sigue dando vueltas en la cabeza, como un eco de tantas veces que siento que quisiera hacer algo por otro y no puedo. 
"No todos tenemos a alguien en quien confiar", dice, y me partió el alma. ¿Exagerada, yo? Puede ser, pero a veces me parece que uno percibe cuando el dolor de otro es profundo y verdadero, aunque se trate de una voz anónima, a través de una pantalla fría, impersonal. Pero capaz que solo son cosas mías. 

Ojalá.

domingo, 2 de abril de 2017

Abril 2017





Voy subida a una tortuguita gris y metalizada. Es amable y tranquila, pero lenta. Oye noticias a volumen aceptable pero avanza con demasiada calma. No tiene amiguitos que canten o que ofrezcan cosas por la módica suma de, pero tampoco avanza, o eso parece. Voy sentada junto a la ventanilla, cosa de ir viendo en detalle el lento transitar de las casas y las personas en la vereda, y eso me está poniendo la ansiedad en nivel de alerta naranja oscuro. Uuuuuna cuadra... Comenzamos la oootra... Con calma y sin prisas, vamos empezando el díaaa...
Listo, lo confirmé: soy un digno producto del estrés y la alienación ciudadanos. Me dan ganas de bajarme y subirme a un 103 gacela, aunque venga repleto y a los gritos por la selva de cemento. 
¿Mucha telenovela brasilera en mi infancia, vos decís? 

Vale todo.




Viaje de un largo día de miércoles hacia la noche
Tranqui, Marielita, tranqui, que el 316 de las siete se dejó tomar y el 109 pasó apenas te bajaste en Propios; te va a dar para tomar un café de la máquina antes de la primera hora de clase y todo. 
Tranqui, repito. Tranqui. Después de todo perder quince pesos porque en vez de café salió un agua coloreada no es el fin del mundo. Y vamos a por ese quinto Biológico. 
Ya sabés que cuando hay alerta amarilla algunos grupos se pasan de listos y te viene la mitad aunque no haya ni lluvia ni viento, no es ninguna novedad entrar al segundo grupo y verlo por la mitad, tranquila. Dejamos la clase de la practicante para el viernes y sacamos una tarea grupal de la galera, que los que faltaron se merecen quedarse sin apuntes pero la practicante también se merece debutar con un grupo completo. Tranqui. 
Una sola paloma en todo el patio, una blanca jaspeadita caminando sola, como despistada. Sospechoso. Alguien vio al muchacho con el halcón en el liceo hace un par de días. Mejor no preguntar. 
No, no estuvo bien que una profe de Matemática decretara que a partir de ahora todos los miércoles te cambiás de salón para darle clase al último grupo, es verdad, pero tampoco es culpa de ella que el salón 14 estuviera lleno de mosquitos talla XXL y que terminaran vos y los Artísticos yéndose a otro salón a la media hora, acosados por los enemigos y dejando como recuerdo un montón de manchas rojinegras en las paredes del sacrosanto y nunca bien ponderado monumento histórico nacional alias IAVA. No fue nada. Vos tranquila. 
Maldita china, no sé cómo diablos hace para taparme siempre la balanza y cobrarme lo que se le canta, no importa que tanto me descogote para relojear lo que pesa. Me debe robar diez o veinte pesos por vez, seguro que no más, pero por algo cuando me pesa el chino la comida siempre sale menos que si lo hace ella. Igual es muy barato. No da para quejarse. Tranqui, Marielita, que recién es mediodía. 
De vuelta en el liceo entrás a la Sala de Profes con un budín de pan gigante de la cantina que es grande como una cuarta asadera, más o menos, y sos la envidia de medio mundo, incluyendo a la profe de Inglés a la que le vendés la mitad dado que aquello era una enormidad se lo mirara por donde se lo mirara y además tenías que comerlo rápido porque a la una empezaba la mesa especial.
Una alumna, una sola alumna para un extraño examen a la hora de la coordinación. Que es reglamentada pero que es libre, que Uruguayos por el Mundo pero que lo da acá, que nos instalamos en un salón vacío pero al rato llega una clase, que no hay llave de biblioteca, que cuando entramos perdemos a una de las tres profesoras, que después no encontramos la Biblia, que la chica se quiebra en el oral, que si no salva no pasa a sexto, que no sabe nada de nada, que la madre la obligó a presentarse, que prefiere perder que cursar sexto a lo loco, que terminamos charlando con ella como media hora, que ese único examen nos llevó tres horas y media y no nos quedó claro por qué ni cómo pero en cierto momento se salió del IAVA y había un mundo afuera, quién lo hubiera dicho, había vida después del liceo. 
Tranquila, Marielita, que aunque sea tarde hay que sacar un boleto céntrico, bajarse en el huracán de la Independencia y trabajar un rato más hasta que dan las seis y salgas disparada, porque te acabás de enterar de que la función de teatro a la que vas es mucho más temprano de lo que creíste y o volás o no llegás, pero vos tranqui, no te alteres, dale, tranqui que se puede. Capaz que se puede. 
Las piedritas. Tenés que comprar piedritas porque el baño de Roldana está con una capa de un milímetro y la pobre se merece algo más digno. Bajás en la Unión. Cerrado. Caminás a Tienda Inglesa. Comprás. Perdés un 103. Subís a un 100. Estás tan cansada que no te das cuenta y te bajás una parada antes. Llegás a tu casa y en diez salís de nuevo mientras tus amigas te bombardean a mensajes de voz y de texto a ver si querés que pasen por tu casa, que pueden ir, que no hay problema que ¿estás segura?… Marielaaaaa… querés que pasemos… Contestales o siguen… Marielaaaaa… Llamada de voz… Mensaje… Llamada… 
Pero tranqui. Vos, tranqui. 
Esperás un COPSA que nunca pasa, tomás un 103, bajás en Comercio y te prendés al primer taxi. A Plaza Independencia, decís, y recién en el Cordón lo mirás y le aclarás que vas al costado del Solís. El Solís… Es un teatro, ¿no?, te llega desde el asiento del chofer con acento dominicano. Uy, Marielita… Tranquila, que falta poco. Tranquila aunque el dominicano se pase en amarirrojo un semáforo atrás de otro. Tranquila aunque en las noticias que va oyendo el tachero sobre la interpelación de hoy un señor de pronto diga “estoy profundamente dolido e indignado porque en las redes sociales…” ¿Redes sociales? ¡Liceos en Red! ¿Qué cagada me mandé en Liceos en Red o en el twitter? Ah, no, era en las redes del Frente, respire, profe, respire. Uno… dos… profundo… Oooom…
Al final llegás al teatro antes que la mayor parte de tus amigas, ves la obra, encontrás a dos ángeles bajo la forma de Artísticas del IAVA, te tomás un último 103 de la jornada y volvés a tu casa celebrando que el partido de Peñarol haya sido en tu barrio y no en el estadio, así la pesada no viene saltando y gritando en tus orejas como otras veces. 
¿Viste que se podía? 
No era tan difícil, ¿no?
Bueno, ahora despertate, que tenés que ir a dormir a tu cama, no sobre el teclado de la computadora en la mesa de la cocina. Despertate, che. ¿Me oís? No sigas de largo, ¿eh? Y estate atenta, que en seis horitas más arrancamos de nuevo. 

Pero por ahora vos, tranquila, que este miércoles se acaba en diez minutos. Tranqui.





Esto de salir de la Ciudad Vieja tiene evidentemente sus ventajas. El 103, por ejemplo, viene vacío, y una puede elegir siempre la ventanilla que más se adapte a las necesidades de ver gente o ver calle, siempre del medio para atrás, si se quiere continuar en posesión del asiento hasta el final. 
Como el viaje es largo y la luz no da para leer mucho se impone una mirada distraída sobre comercios y transeúntes en plena caída de la tarde.
Primero veo a una alumna del IAVA que tuve en clase esta mañana. Camina apurada, aún con la tabla de Dibujo, como si todavía no hubiese terminado la jornada de estudio.
Después un amigo de hace años, siempre igual, siempre con aire de buena gente y no mucho más. El mismo que una vez, cuando le pregunté si se iba de vacaciones a algún lado, me respondió: "yo no hago vacaciones, yo ahorro", y con eso está todo dicho. 
Unas paradas más adelante, una prestigiosa académica con muchos libros y títulos a su nombre, la misma que intentó analizar un poema de Quevedo confundiéndolo con uno de Fray Luis, en fin, todos nos podemos equivocar.
Sigo mirando a la gente distraídamente, hasta que tomo conciencia de que solo estoy buscando identificar una silueta, un rostro o unos ojos en particular entre la anónima multitud que camina, espera un ómnibus o envía mensajes de voz. Es lo mismo que me pasa con las cartas que encuentro cuando voy caminando: si las veo es porque ando con un moldecito de carta en mi cabeza. Solo que el moldecito de la silueta, del rostro o de los ojos que ando buscando en modo random es infinitamente mas fácil de interpretar que una carta cualquiera de la baraja, y sé que en cualquier lugar y a cualquier hora que lo encuentre no significa más que una cosa para mí: peligro. 
Quizá es por eso que de vez en cuando, cuando vengo de bacana con asiento de ventanilla propio en el 103, me zambullo en alguna crónica que me saque de las siluetas, los rostros y los ojos de las personas que me cruzo, por si acaso. 

Solo por si acaso.





Ella no era, evidentemente, una de esas personas que pueden enfrentar un viaje de bus sin llamar la atención. Muy rubia, muy voluminosa, muy gritona y con ganas de hacerse ver, subió al Cutcsa con un varón de tres años y una nena de unos cinco, se me sentó al lado con un sonoro "¡Permiso!" y comenzó a increpar al nene, que se había mandado raudo y veloz para el fondo. 
_¡Sarajani! ¡Venís inmediatamente para acá y te sentás ahí enfrente! ¡Que vengas te digo, Sarajani! Te estoy hablando a vos; no hay nadie más con ese nombre. ¡Sarajani!
Y Sarajani vino, refunfuñando, y se sentó enfrente con cara de dignidad ultrajada, pero Miss Gritos no estaba conforme, y al instante pegó otro rezongo:
_ ¡Sarajani cerrá YA MISMO esa ventanilla! Y no te hagas más la viva, ¿estamos?_ante lo cual fue la nena la que obedeció, bajo la mirada fulminante de la matrona, dejándome con más dudas que certezas. 
¿Es que ahora Sarajani es un sustantivo común que yo desconozco? ¿Y qué viene a significar: niño, m'hijito, botija o guacho de m?

Desásnenme, por favor. Piensen que mi cerebro ya es del siglo pasado y no procesa con rapidez los cambios lingüísticos. Se los agradezco mucho.





Cuando estaba en Bellas Artes tenía un amigo que sabía pila de música, de buena música, era un experto, y el chiste era preguntarle cuál era su músico preferido del siglo, o de la Argentina, o del mundo; él siempre decía lo mismo: el flaco Spinetta. Años después salí con un porteño que también lo amaba, tanto que en nuestra única noche compartida en Buenos Aires fuimos a ver Fuego Gris, una película videoclipsosa que recorría muchas de sus canciones. Qué grande cuando los amigos y los amores del pasado la llevan a una por el buen camino del arte. Entre otras cosas.





Salgo de casa y me enfrento al espectáculo del amanecer en mi barrio, pero mi día no se despega del gris y la tristeza. Roldanita está mal. Casi no come. Tiene hambre, y hasta ayer pedía comida pero casi no comía, porque no podía reconocerla. Hoy ni pidió nada. Mi veterinario del barrio ya no puede hacer nada. Una amiga me dice que la lleve a la facultad, que hay oncólogos, pero no pude comunicarme y además los 17 años de mi gata y el tumor enorme que tiene desde hace meses me pesan a la hora de seguir luchando. O sea que no sé. capaz que soy insensible si no la llevo y capaz que soy insensible si no la dejo morir en casa y en paz. No sé. No sé nada. No sé.





_ Hola...
_ Hola, ¿cómo andàs? ¿Estás extrañando a la perrita?
_ No... Pero algunos me preguntan por ella... ¿Le gustó a la señora?
_ ¡Sí, claro! Está lo más bien. La señora que la tiene ama a los animales. Se le había muerto una perra hace poco y ella no quería tener un cachorro, así que le vino bárbaro que se la lleváramos. Yo la bañé y desparasité antes de entregársela; quedó encantada. Salió todo redondo.
_ ¡Ah, qué bien, me alegro!
Y me fui de la veterinaria, no sin antes comprarle una lata de comida hipermegacara a la pobre Roldana, que anda cada día más desmejorada y flaquita, pobre.

El ciclo de la vida, nivel mascotas.





Ellos son dos, y vienen charlando en el 316 de las siete de la mañana.
_ La macana es que tengo escrito de Biología y no estudié nada.
_¿Y no podés faltar a algo antes?
_ Tengo Química...
_ No, a Química no podés faltar. Faltate a Literatura.
_ Sí... ¡Qué materia al pedo!
_ Los Biológicos no tendríamos que tener Literatura.
_ No... Es una cagada este plan.
Los miro. No son mis alumnos. El bus sigue avanzando. 
Al ratito uno envía un mensaje de voz.
_ Che... Te faltó una coma en el mensaje, no entendí...¿Dijiste que sí o que no?
Sonrío en modo Gioconda y me preparo para bajar.

Feliz miércoles.





La felina pasa pidiendo comida, pero ya casi nada le gusta. Está medio sorda y su problema de columna alcanza proporciones alarmantes. 
La humana, por su parte, no cesa de estornudar y de tirar pañuelitos descartables a la basura. 

Comenzó el año en Arbolito.




Colonizando abril

Las playas

En Colonia el río es ancho y con poca arena, pero alguna playita pequeña hay, donde incluso se pueden ver patos biguás pescando y donde a veces se pican las olas, cuando hay viento. La zona de las barrancas es también playa de baños, con arena medio húmeda pero limpia. En Conchillas la pequeña bahía se ve y se escucha contaminada por la gigantesca Montes del Plata, que resulta imposible de ignorar. A la altura de Carmelo ya no vemos el Río de la Plata sino el Arroyo Las Vacas, manso y con mucho verde alrededor. Zagarzazú, por último, es una especie de remanso de calma, con playas anchas de arena blanca y olas tranquilas, pegado a un monte natural que es un área protegida, como nos contó un pescador de la zona. Las calles son muy arboladas, con pinos, todo tiene un aspecto a balneario de la Costa de Oro pero en otra punta del mapa. Lo raro es que en el pueblo hay un hotel gigante (un Four Seasons, creo), con aeropuerto incluso, aunque no llegamos a verlo.

La historia

En Colonia es imposible no maravillarse ante el pasado que te encontrás a cada paso. Todo pide foto, y toda palabra es escasa, así que no haré crónica de la ciudad. Solo comparto fotos, algunas de las cuales fueron sacadas a muy tempranas horas de la mañana y por eso las calles se ven extrañamente desiertas.

Colonia Estrella: un país independiente
No parece Uruguay. No parece Colonia, ni mucho menos Carmelo. Es una república independiente, habitada por bodegueros y chefs, almaceneros y turistas. 
Se llega pasando Carmelo, y es una zona donde hay almacenes de campo, posadas, restaurantes, todo muy muy muy cuidado, bellamente presentado y tranquilo. Mucho objeto antiguo, mucha delicatessen a la venta, productos orgánicos, pastas caseras, comercio slow que invita a caminar, a sentarse bajo los árboles, a degustar productos y a gastar mucho. 
Un mundo raro, porque nos recomendaron una casa donde solo los domingos se vende comida (siempre pasta) y cuando llegamos no podíamos creer: en el medio del campo había más de cincuenta autos, de otras tantas familias, que se habían dado cita para almorzar todas en el mismo lugar. No nos quedamos, y fue una buena idea, porque caímos en otro sitio, donde los ñoquis de boniatos con salsa Alfredo (sic) eran una delicia, y donde nos regalaron dos huevitos de pascua, amén de los cafés que fueron cortesía de la casa porque era mi cumpleaños, como Marila se encargó de contarle a todas y cada una de las personas que nos cruzamos durante la jornada. 
Lo más raro que me compré fueron unos caramelos de tannat, que aún no probé, en un almacén de campo donde nos atendió una chica francesa que había venido desde su país especialmente para aprender sobre las variedades del tannat uruguayo.. 
El momento Intrusos del almuerzo fue cuando el pelado de la mesa de al lado fue al baño y vimos que la rubia que andaba con él le revisó el celular que había dejado sobre la mesa. Él no se dio cuenta.
Otra pareja, al costado, cayó con una perrita caniche toy muy mimosa, que Marila calculó que sería más o menos como su gato de tamaño. Después charlamos con el dueño: la caniche pesaba 1.400... un poquitititito menos que Pipín, que anda por los seis kilos, en fin. :)

Estuvimos recorriendo Colonia Estrella unas horas, al mediodía del domingo, y valió la pena, sin la menor duda. Un mundo raro pero digno de verse. Y de degustarse. Sobre todo de degustarse.

Barrancas de San Pedro: versión coloniense del paraíso.
Esto es así: saliendo de Colonia hay kilómetros y kilómetros de playa de río, flanqueada por unas murallas altísimas de piedra y tierra. Unas pocas bajadas permiten descender cada tanto a la playa, y hay carteles que indican que toda la zona es un yacimiento paleontológico, lo que quiere decir que uno no debe andar por ahí bobeando, escarbando o llevándose cosas. Ejem. 
Lo primero que vimos fueron huellas: marcas en la barranca de antiguas ostras, que estaban duras como piedra y a veces coloreadas de una sustancia con tono levemente mostaza. 
_ Si no encontrás una placa de gliptodonte por acá toda la salida resultó en vano- me había presionado mi amiga, provocándome cierta desazón, que de todo modos terminó pronto, cuando encontré la primera placa a los cinco minutos de revisar el borde del agua. Igual no es que hallara muchas: solo dos, pero bien enteras y definidas. Después encontramos un par de dientes, otros fósiles indeterminables, pedazos de escudos, moldes perfectos de ostras y caracoles, etc. 
Quiero vivir en las barrancas. 
Aunque ahí también estaba la araña gigante...

No sé. Lo voy a pensar.

Nosotras y los bichos

I: El roedor de playa
Estaba medio acostado sobre la arena; yo pensé que muerto pero no, porque de repente movió una patita, se puso derecho y se quedó quieto, sin miedo. Nos acercamos, Marila le dio de comer, y él lo más pancho. Al final se refugió metiéndose bajo la pierna de mi amiga y hubo que explicarle que lo sentíamos mucho pero no nos íbamos a quedar con él para siempre. 

Simpático, el bicho. Marila dice que es un minerito pero para mí que no. ¿Alguien sabe?

II: La araña negra.

Estábamos recorriendo las barrancas de San Pedro, en Colonia. Un amigo nos había mandado un mensaje recordándonos que en la parte que había sido mar se podían encontrar dientes de tiburón, por lo cual yo andaba recorriendo palmo a palmo las paredes de greda y piedra, a ver si encontraba algo interesante, cuando de repente la vi. A veinte centímetros de mi cara, la vi. Era enorme, era negra, era peluda, pero también era lenta e indiferente. No digo que se me haya ido el miedo, pero al ratito de convivencia casi la aceptamos como una compañera más de labor. Nosotras buscábamos fósiles y ella algo para picar, porque era casi mediodía y se ve que le había pintado el hambre. Nos acompañó un cuarto de hora hasta que la dejamos sola en la inmensidad de la barranca y pegamos la vuelta, pero nunca la olvidaremos.

III: Los de siempre
En Colonia encontramos unos cuantos perros vagabundos y unos pocos gatos. Los primeros, siempre gordos y viejos, de paso cansino, un tanto reumático. Los segundos, jóvenes, flacos, hambrientos. Cada día cumplimos con el ritual de salir disimuladamente del desayuno con unas fetas de fiambre en la mano para dejarlas al alcance de los gatos de la casa abandonada de enfrente, que eran tres: uno amarillo, otro negro y una barcina preñada, muy jovencita. 

El perro de la foto en la maleza es Mosh, la mascota de Campotinto, que es la bodega cercana a Carmelo en la que almorzamos ayer. Mosh apareció por el lugar muy lastimado y desmejorado y la gente del restaurante (que había perdido a la otra perra que tenían, la Lola, también callejera) lo aceptó y curó de inmediato. Después del almuerzo me acompañó a la caminata por los viñedos y alrededores: la felicidad hecha perro. I love Mosh.





VOCES LAGUNERAS
_ ¡Vecina! ¿Usté sabe qué es lo que pasa que a la salida del pueblo está la policía parando los autos y pidiendo documentos a la gente ?- pegó el grito una señora, mirando a alguien en la vereda de enfrente.
_ No supe nada...- respondió la aludida, dejando por un momento de hace tortas fritas para la venta, al tiempo que mi vieja empezaba como siempre a especular al mejor estilo Pseudo Matlock. 
_ Yo me imagino... Deben andar buscando a la señora esa que desapareció con un montón de guita hace unas semanas...
_ ¿Cuál? ¿La jugadora? 
_ Sí, esa. El vidente dijo que la veía en un balneario con poca gente y con agua en las cunetas. Seguro que anda por acá.
_ ¡Ay, María, el Garoto con el nuevo corte de pelo quedó precioso!
_ Sí... Pero yo le dije al veterinario que lo bañara sin shampoo oloroso, y él igual le puso perfume: cuando volvió a la casa los otros perros lo desconocieron y no lo querían, pobre...
Lunes, 18 hs. Temporal. 
_ ¿Vamos mañana a la desembocadura del Tacuarí?
_ ¡ Sííí, si no llueve vamos!
Martes, 9 de la mañana. Sol. 
_ ¿Vamos?
_ Dale.
Martes, 9.40. Sol con ventarrón.
_ Mucho viento, no?
_ Sí, demasiado. ¿Volvemos? 
_ Volvemos. Queda para otra vez. 
_ Hecho.

_ Portate bien, Gatoncito, eh? Dejá de perseguir picaflores. Vení, vení de vuelta conmigo a la hamaca, vení. Gatón... ¿Dónde estás? ¡Gatón, soltá esa pobre mariposa, ¿querés? Sí, no te hagas el santito, a vos te hablo. Dámela, pobre. No, no te la pienso devolver. Fuiste.





Llueve manso y sin pausas sobre la Merín. 
Los dos gatos duermen sobre la cama que tienen más a mano, mis viejos miran un programa matinal con la Obaldía y yo oscilo entre tomarme un vasito de grappamiel o un café, comerme un higo confitado made in Carioca o pecar con una hipercalórica passoca. La lluvia es lo que tiene, vio. 
Mi vieja ya me hizo cuentos de ahora y de antes, cuentos que incluyen a personajes de nombres pintorescos como el Gallina Degollada o el Venga Mañana. Hace un rato me llevó al galpón para mostrarme unos enormes zapallos que trajo de Ñangapiré, de 7 y 9 kilos respectivamente. En el patio el bananero ostenta un cacho con decenas de frutas chiquitas, del tamaño de un dedo, por ahora. 
Las caminatas que tenía previstas la Intendencia de Cerro Largo para hoy y para mañana quedan suspendidas mientras no pare el agua. 
Tiempo de lectura y descanso, entonces, en los límites de Villa Makurero, durante la tradicional visita de Post cumpleaños del Cele. 
Tiempo de paz, familia y calorías.

Estoy tentada de creer que son la misma cosa.





Estaba por escribir una crónica que empezara con: "Ella es joven, bajita, de hermosos y bien maquillados ojos negros. Viene sentada a mi lado en el ómnibus y cubre su cabeza con un velo liviano, todo bordado de lentejuelas doradas. Debe ser siria. Viene oyendo música que desconozco. Me encantaría pedirle una foto pero nunca jamás voy a animarme.".
En eso la veo escribir en su celular y me imagino que pone: "voy en uno de los viejos vehículos públicos de Montevideo, sentada con una señora rubia. Lleva la cabeza descubierta y usa una musculosa ajustada que deja ver demasiada piel por debajo del cuello. Su collar plateado llama la atención, y aún no aprendió bien cómo delinearse los ojos".
Que en este mundo traidor
Nada es verdad ni es mentira: 
Todo es según el color

Del cristal con que se mira.





Voy en un ómnibus semi vacío, con menos de diez pasajeros Uno de ellos habla a los gritos por teléfono ("Voy en el bondi... me viá bajá na feria..."), otro escucha una música espantosa a todo volumen y una mujer flaca viene hace rato cantando y desafinando en voz muy alta algo que no logro identificar. El guarda es viejito y no oye nada. Los vendedores desfilan uno tras otro sin realizar ni una venta. Una chica viene contando su vida de manera audible para todos, mientras la rubia de rulos sentada en la mitad del coche trata de leer una novela y estornuda varias veces seguidas. 
Mañana de domingo sobre ruedas.
Empezaron las vacaciones y una reencuentra tiempo para las crónicas de bus y las encara con cariño aunque venga viajando en un ómnibus tranquilo, sin apretujes ni cantores a la gorra. 
Y en eso estamos. 

_¡Atchís!





Nos fuimos. 
Su nuevo hogar la está esperando a partir de esta tardecita; en estos momentos le están dando un baño coiffeur en la veterinaria para dejarla re chuchi. 
Sí, me dio culpa dejarla.
No, no me arrepiento. 

Y hasta aquí llegamos.




Desperté en hora, me bañé y desayuné sin apuros, la perrita comió y se echó a dormir, Roldana lo mismo, no había un alma en la parada y al instante en que llegué pasó (y paró!!!) un 103. 
Visto y considerando tanta fortuna no puedo quejarme ante el insignificante detalle de la música tropical del vehículo, y no voy a hacerlo. 
¡Porque bailar una plena saca las penas de amor, aquí te traigo una buena pa' que te sientas mejor!
#Viernes
#Vacaciones

#Vida




En diciembre fueron unos ojos enormes y una cola entre las patas, al principio, y una jauría de galanes solicitando sus favores, después. 
En enero se hizo amiga del barrio y adquirió patente de propiedad dudosamente colectiva. 
Febrero vino con dos criaturas y un enredo en cactus y alambre de púas que se terminó convirtiendo en asilo galponero, en medio de la ola de calor más interminable de la que tengo memoria.
Marzo se complicó. Enfermedad del cachorro, días y días en la veterinaria, suero, quietud, ojos tristes, inyecciones. 
Abril la encontró pidiendo mimos, como siempre, hasta que la llevé dos cuadras con colar y correa en medio de la culpa, porque ella encaró la caminata radiante, feliz, pero yo sabía que íbamos rumbo a la operación. 
Ahora está pasando la noche enfrente, con su amigo el sereno. Mañana vienen a buscarla para llevarla a un hogar propio y no prestado y no, no estoy triste. Roldana va a sentirse liberada, yo recobraré cierta paz, ella va a tener una casa y la dueña se habrá ganado una fuente inagotable de lametazos y miradas amorosas.

Repite conmigo: no debes volver a mirar a un perro vagabundo a los ojos. No debes. No debes. No. Un gato, puede ser. Tú ves. Pero recuerda estos meses y repite, repite conmigo: no debes volver a mirar a un perro vagabundo a los ojos. Que la cosa salió bien pero no es cuestión de andar tironeando al destino de la manga, por si se calienta y nos desbarajusta las decisiones tomadas. 




Nuevas imágenes made in Arbolito:
Triste como perra operada que te mira con ojos enormes desde un collar isabelino.
Indiferente como gata añosa que pide atún y no importa más nada en el mundo.

Culposa como humana que deja a sus mascotas solas todo el día aunque sea por laburo.




Situación levemente tensa en Arbolito.
Una no entiende por qué he vuelto a no dejarla salir al patio, la otra está contenta de haber retornado pero reclama la comida y el agua que por unas cuantas horas no va a tener.
A las cinco será la castración, y el tiempo pasa lento lento. 

Ampliaremos.




Salgo a hacer mandados y me cruzo con la vecina que adoptó a la perrita hija de Innominada.
_ ¿Qué sabés del cachorrito que regalaste?
_ Ah, bien, anda bárbaro. ¿Y la tuya?
_ ¡Pah, divina! Está enorme. Y eso que no quiere comer ración, ¿eh? Solo comida.
_ Capaz que no tiene dientes...
_ ¡Que no va a tener! ¿Sabés cómo me mordisquea jugando? Y quiere huesos, pero crudos. Si se los doy cocidos ni los mira. El otro día entré y la veo muy tranquila al lado del loro. 
_ ¿Tenés un loro?
_ Sí. Anda suelto por la casa. Bueno, los veo lo más bien juntos pero cuando aparecí yo ella lo agarró de la cola y se puso a zamarrearlo, como si lo estuviera rezongando por haberse portado mal, ¿te das cuenta?
Sí, me doy cuenta... La madre hace lo mismo, si la dejo. Todo bien con Roldana, pero si me acerco le tira algún tarascón que hasta ahora nunca ha llegado ni a tocar a mi gata. Menos mal. Mejor. Mejor para Innominada, digo. 




Una vez, mientras yo cursaba quinto en el IAVA, me quedé una semana en casa con mi amiga Graciela, mientras mis viejos y los dos perros andaban de gran descanso en Ñangapiré. Éramos compañeras de clase, estábamos preparando Matemática para dar en febrero y ese año la ASCEEP y el gremio del IPA habían hecho un acuerdo por el cual los estudiantes de profesorado iban a dar clases de apoyo gratis a diversos puntos de la ciudad, entre ellos mi cooperativa. 
Yo había vuelto de Cerro Largo a Montevideo esa misma tarde, y después de la clase ambas enfilamos a mi hogar dulce hogar, a seguir estudiando y a sacarle el cuero a nuestros compañeros del liceo, como hacíamos día por medio, más o menos. 
Lo que no sospechábamos ni ella ni yo era que una sorpresa nos aguardaba ni bien abriéramos la puerta de casa. Fuimos recibidas por decenas, tal vez cientos de pulgas hambrientas tras dos semanas de abstinencia de sangre canina, y tuvimos que taparnos los pies con insecticida para poder empezar a salir del ataque de histeria que nos ganó en un minuto. Se nos habían subido como peregrinos yendo a un encuentro místico, con fervor y devoción, en incesantes multitudes que no atendían gritos ni reclamos. 
¡Dios mío, qué papelón! ¡Traía a mi amiga del Buceo y resulta que la Curva de Maroñas hacía honor a todos los conceptos de desprolijidad y desidia que en el mundo han sido! 
Ahí aprendí que si uno tiene perros (o gatos) con pulgas y se los lleva, las bichitas no mueren de inanición sino que vaya a saber por qué se reproducen de modo exponencial, las muy malditas.
Supongo que habrá sido mi vecina La Ñata, o tal vez mi abuelo, el Viejo Barreto, quien me recomendó pasarle agua con querosén a todos los pisos, especialmente al del galpón, que era la Zona de Alerta Roja, y lo hice, mientras Graciela disimuladamente inventaba no sé qué excusas de extrañar a la familia y decidía faltar a un par de clases, medio zonceando. No parecía un remedio muy sofisticado, pero dio resultado, y zafamos de la crisis.
Al año siguiente sucedió lo mismo aunque con menor virulencia, o tal vez atajé a tiempo la expansión pulguienta, no lo sé. Después nos fuimos quedando sin perros, pasó el tema, y la Terrible Invasión del 84' se quedó convertida casi en leyenda.
Hasta ayer. 
Sí, se me llenó el galpón de pulgas, y la culpa es de Innominada. Había entrado a buscar la aspiradora, me detuve un momento junto a la puerta y de pronto... ellas. Muchas de ellas, en patota, hambrientas, decididas. 
Vacié un aerosol de veneno en el piso, me refugié en la casa confiando en no haber llevado ninguna a la Zona Hogareña, y me fui lejos, a otro barrio, porque para otra ciudad ya no me daba el tiempo. 
Ahora acabo de pasarle de todo al galpón, a los patios y al piso de arriba, y estoy esperando que se asiente un poquito el olor a insecticida (Jimo, en este caso) para confinar en un dormitorio a Roldana y en otro a la computadora y a mí, luego de hacer lo propio con el piso de abajo. Creo que la plaga ha sido conjurada, aunque con estos bichos nunca se sabe, porque son muy resistentes.
Si ahora en un minuto empiezan a sentir que les caminan cositas casi intangibles por los dedos de los pies o les da por rascarse una pierna sin motivo a la vista no se preocupen: es el efecto psicológico de las crónicas como esta, cuyo único fin es diluir la histeria propia repartiéndola entre todos los lectores. 
Buen domingo. 

Y que sean felices.




El Intercambiador Belloni es tranquilo, luminoso, seguro. Lo presiden tres enormes ombúes que están aquí desde que tengo memoria; aún no están habilitados el teatro ni los locales comerciales pero sí hay baños, asientos, música y wifi. Los niños patinan o andan en sus bicicletas con rueditas en la explanada y los jóvenes se juntan a mirarse y a presumir de sus championes o sus motos. 
Yo creo que de alguna manera todos sentimos lo mismo: al fin alguien se acuerda de nosotros y mejora nuestra calidad de vida. Puede sonar a resentimiento histórico o a alabanza frentista pero yo creo que esto es diferente. Nos tratan como personas dignas de transitar por espacios nuevos, limpios, funcionales. Cuál fue la última obra importante en este barrio antes que esta? Acá no hay muchas plazas, parques ni ciclovías.
Bienvenidos los cambios humanizantes. 

Y que nunca falten.

domingo, 5 de marzo de 2017

DESCUBRIMIENTOS DE DOMINGO





1. De la instauración de nuevas (y sanas) costumbres.
A partir de hoy la perrita se acostumbró a salir a corretear un rato por Arbolito y volver a los quince minutos. No sé si viene por los cachorros o para pedir comida, pero se trata de un hábito feliz y saludable que decido alentar, por el momento.

2. De la resistencia de las mascotas
_ ¿Y, Gómez, cómo está el gato?
_ Ahí anda… La veterinaria dice que tiene cáncer, pero ayer le dieron una inyección y volvió a comer y a andar por todos lados. Vamos a ver.
Gomecito es mayor que Roldana, y hace semanas que no lo veo en la vereda. Viene bravo el verano en Arbolito para los viejos felinos. Cruzo los dedos.

3. De la integración a las actividades barriales.
Cuando salí no tenía la menor idea de por qué estaba cortada Camino Maldonado, hasta que mi vieja (por teléfono) me contó que hoy llegaban los ciclistas. Vivo a dos cuadras del Fénix pero no tengo ni la menor idea. Ni falta que hace. 

4. De hallazgos callejeros.
a) Una ovejita rosada de plástico de 3 cm.
b) Dos cordones de championes azul bolita.
c) Muchas flores de madera al pie de un árbol en el Prado, de esas que hace añares no encontraba en Montevideo (la última vez que las vi fue al pie de la iglesia en lo alto de Barga).
d) Dos sillones violeta en la vereda.
e) Una mesada que parecía de mármol al costado de un contenedor.

5. De las excursiones al Prado al mediodía.
Quiero vivir en el Prado, ir a caminar bajo la sombra de los árboles del Botánico y sentarme a leer en los bancos del rosedal, pero la próxima vez tengo que investigar mejor el tema panaderías o bien llevarme comida hecha desde casa, porque el tiempo pasa muy rápido entre lo verde y el hambre no admite autoengaños.

6. Del fantasma de la envidia
Vi la exposición de fotos a cielo abierto que registra los hallazgos de los últimos años en el arroyo Vizcaíno. Quiero todos esos huesos en mi casa. No, no tengo lugar. Pero igual.

7. Del registro indiscreto de los diálogos ajenos.
Familia de tres mujeres de distintas generaciones sentadas en el pasto mientras dos niños correteaban en la vuelta. Empieza la viejita: 
_ Yo tuve una vida buena. 
_ ¿Y ahora no la tenés?
_ No, ahora no. Ya casi no oigo, no veo bien...
_ ¡Pero estás viva, abuela! ¿Qué edad tenés?
_ 94.
_ No podés quejarte así… ¡Vos estás bárbara! ¿Sabés a dónde te vamos a llevar de paseo la próxima vez?- interviene la hija- A un asilo. Ahí vas a ver lo que es una vejez complicada. Pobre gente que no tienen familia o que no se pueden mover. Vos tenés una buena vejez, ¿y sabés por qué? Porque dios se está acordando de vos y te da una vejez como esta, con tu familia y bien. Así que no te quejes. 
Me interno de nuevo en el rosedal para sacar unas fotos y de pronto siento unos ruidos a mi espalda: son los dos niños de la familia, un nene de 6 y una niña de 3. Él me mira, levanta los ojos a la bóveda de ramas y flores y concluye:
_ Este es un precioso lugar para sacar fotos. 
_ Tenés razón.- le digo. 
Se van de la mano, mirando todo con ojos embelesados, mientras a unos metros la viejita de 94 comienza a hacer la cuenta de todos sus conocidos que ya no están y concluye que sí, que evidentemente dios se está acordando de ella y por eso le da tantos años de vejez tranquila con la familia. 


8. De la pertinencia de ciertas músicas de bus.
El chofer de la vuelta (195) vino a todo Redondos las cuatro horas de viaje de Paso Molino hasta el Intercambiador Belloni (que estaba a pura cumbia). Me dieron ganas de abrazarlo con lágrimas en los ojos: ¡gracias, gracias!

9. De sospechosos intentos de transacción comercial en mi barrio.
Puerta del Disco. Una chica jovencita, con un vestido gris y turquesa con pinta de nuevo en las manos.
_ Hola, ¿no querés comprar un vestido? $100.
_ Hola. No, gracias.
_ Por 60 te lo puedo dejar. 
_ No, gracias. 
Algo huele mal en la puerta del Disco, y esta vez no son productos con fecha de vencimiento adulterada. A esa altura yo moría de hambre y no me dio ni para pensarlo: eran las tres de la tarde y la causa de mi estómago no admitía la menor demora, pero algo huele mal. Seguro. 
Y me fui. 

miércoles, 1 de marzo de 2017

Marzo 2017




.
El cuerpo tiene memoria. 
Sabe que después de este movimiento viene este otro, y por eso evitamos exactamente ese reborde desparejo de la vereda o agachamos la cabeza justo lo justo para barrer el espacio debajo de la escalera. Mis vecinos de la cooperativa, por ejemplo, siempre tropiezan al entrar a mi casa porque lo hacen confiando que es igual a la de ellos y no: nosotros por ser punta de tira tenemos un escalón más chiquito junto a la puerta. Pero ellos no lo saben. 
Hace unos minutos acabo de tener dos oportunidades de recordar esto de la memoria animal, automática. 
La primera, cuando pasé por 8 de Octubre y Belloni y la curva hacia el Intercambiador me descolocó momentáneamente. Toda una vida de pasar en el ómnibus por esa esquina sin doblar y el 405 es el único de los míos que entra por la terminal, mi cuerpo no esperaba el movimiento y me exigió levantar los ojos del teléfono y aferrarme al pasamanos. 
La segunda, cuando estaba escribiendo esto y una alarma me dijo que la prolongada quietud del bondi en una parada era sospechosa. Ahí vi que estábamos en Comercio, casi por dejar 8 de octubre, y me bajé de inmediato. El 103 pasa por las paradas a un ritmo parejo, pero el 405 en la última parada de la Unión demora una vida entre los semáforos y las multitudes que lo acechan.
Van tres veces este mes que me paso (o casi) de parada por hacer crónicas, y en este momento una oscuridad atenuada me anuncia que pasamos el túnel, así que, con su permiso, hay una memoria que me dice que es tiempo de moverse, en más de un sentido. 

Será hasta la próxima.





Una se siente poderosa cuando con solo mover un dedo logra movilizar a las personas a su alrededor. 
Hace dos minutos, por ejemplo, con solo enchufar la jarra eléctrica en mi trabajo hice saltar la llave en la mitad del piso y salir de sus oficinas a varios informáticos con cara de que se acaba el mundo. 
#MarielaSúperPoderosa.

Igual no hay que abusar, por las dudas. A partir de hoy, el café me lo caliento en el microondas.




Sube al 103 e inicia su discurso. Es joven y flaco, lleva camisa a cuadros y gorra de artista. 
_Buenos días, señoras y señores. Traigo para ofrecerles un gran instrumental que es una fusión de música hindú, celta y otras, o (como le llamo yo) música pagana, porque es una mezcla de todas las cosas, de todas las armonías. No es como Márama y Rombai. Para ustedes...

Y arranca algo distorsionado y aturdidor con su guitarra. Creo que prefiero a Mårama y Rombai, mirá lo que te digo. El concepto de música pagana te lo quedo debiendo, y el "gran instrumental" me sonó un poquitito a pecado de hybris, en fin. Un poco.





Tengo que cambiar mi dieta. A partir de hoy mucha agua, 4 frutas por día, volver a las verduras, cortar con los vicios...

_ Buenas tardes. ¿ Gusta probar nuestro budín granizado de chocolate? ¿Y ya conoce el licor de vino de Fun Fun? ¿Una copita?
_Eeeeeh... Esteeem...


Mañana tengo que cambiar mi dieta. A partir de mañana mucha agua, 4 frutas por día, volver a las verduras y cortar con los vicios.




Paso por el outlet de Los 4 Ases y veo que siguen las
OFERTAS
IM
PRECIO
NANTES!!
Igual que el año pasado, me rechina el cartel, casi tanto como me molesta mi compañero de asiento en el 103, que viene resfriado y haciendo ruidos con la nariz desde la C Vieja. No sé cuál es peor: uno molesta a la vista y otro al oído. Menos mal que tengo poco olfato. 
Del Manual de No Se Conforma El Que No Quiere, capítulo 3, p. 56: Cómo Sobrevivir al Lunes. 
Por suerte ya me bajo. 

_ Guardaaa! La próxima.






_Ay, sí... Nada mejor un domingo al mediodía que salir a dar una vueltita por el barrio, ¿viste, Mechi?... Sí, con la Elías Regules... Gente como una. No cómo los que nos cruzaron desde un ómnibus amarillo... 306, creo que decía... Nos sacaron fotos, podés creer? Ellos no deben haber visto un caballo sin carro en su vida, Mechi, jaja! Ay. Pará Mechi que dejo de reírme porque si me río me arrugo y una mujer arrugada es horrible. Sí, Mechi, adorada. Nos vemos en el Club. Saludos a los chicos. Bye.




Mientras espero el tercer bus de la mañana se detiene un 427 en la parada y de él baja renqueando una joven rubia y muy pálida, de unos quince años. Tal vez se torció un tobillo en una fiesta ayer de noche, pienso, al ver que no apoya un talón y pone caras de dolor a cada escalón que baja del ómnibus. La acompaña una señora de unos 60, que la mira con impaciencia y le dice:
_ Más rápido, apurate. ¡Dale! 
_Sí, trato_ dice la joven, y ambas se ajejan de la parada: Blancanieves y la abuelastra malvada, celosa de la juventud y belleza de la muchacha. 
La renquera es pasajera. 
La maldad y la edad no lo son. 

Y ahí pasó mi cuarto ómnibus, y me lo tomé.




Nueve mujeres van sentadas delante de mí en el 103, nueve, y todas, absolutamente todas, llevan el cabello atado. Con gomitas negras, cucarachas celestes o pañuelitos animal print, pero atado. Una de remera con la huella de un perro estampada en la espalda, dos con niños en la falda, una adolescente con el desorden hormonal pintado en el cutis, otra de unos sesenta, de esas que intentan con todas sus fuerzas abrir la ventanilla trancada y no lo logran: un universo heterogéneo, salvo en lo del pelo. 
Comienzo a sentirme un alien de rulos.
Resistiré el mandato de la manada, porque sé que este no es más que el primer bus de una serie de varios, y quizá en otros los imperativos estéticos y/o morales no sean los mismos. Por ahora me lo corro discretamente sobre el hombro derecho y miro hacia adelante, como si no me diera cuenta de que estoy en falta. 
Igual ya falta poco. 

Ustedes disimulen.




Deben ser estudiantes de facultad. Tienen unos veinte años, son bellos, prolijos, radiantes y se los ve enamorados. Vienen parados a mi costado. 
Ella saca algo de la cartera y se le cae un papelito. Lo mira durante un segundo, hasta confirmar que es un boleto, y sigue la charla con su novio. Él se queda medio en duda durante cinco segundos, hasta que no se aguanta: se agacha, levanta el boleto y se lo guarda en el bolsillo. 
_Si no empezamos por nosotros... No hay que hacer mugre. Alguien tiene que ser el primero. 
_ Bien.- contesta ella, desarmada. Y siguen su charla. 
Me quedo pensndo que no todo está perdido, me concentro en esta crónica y me paso de parada. 
Pero no importa. 

No todo está perdido.




Cuando desperté el martes y recordé haber soñado que mi gata Tania estaba milagrosamente viva y se instalaba de nuevo en Arbolito no me preocupé, porque es normal extrañar a las mascotas. 
El miércoles abrí los ojos luego de un sueño triste en el que me reencontraba con un viejo amor del siglo pasado, y tampoco dio para cuestionarse demasiado, porque de viejos amores de siglos pasados está empedrado el camino del futuro (lo cual no significa nada pero no suena mal, ¿eh?).
Pero hoy algo me dice que me pasé de lista con esto de abandonar la racionalidad en mis paseos oníricos, luego de escapar toda la noche de un cocodrilo verde y enorme que me perseguía porque quería hacerme mimos en los pies, como si fuera... como si fuera... Como si fuera una perrita inadoptada que me persigue por fondo y frente noche y día de sol a sol y de sombra a sombra. Eso. Eso mismo. 

_ Freud, anulame el pedido de interpretación del sueño con el cocodrilo verde, ¿querés? Ya entendí todo.




_¿Así que las legendarias anécdotas de los ómnibus se hacen de pie, con un solo dedo y a punto de caerse con cada frenada?- me pregunta un pasajero del 103 de las siete y media. 
¡Soy tan famosa! 
O quizá es un alumno del año pasado, compañero del Mundo Maravilloso de la Línea A de la CUTCSA. 

Después de todo, en estos viajes somos todos sobrevivientes matinales. ¡Resistiremos! Y si es con asiento, mejor.




No hace falta que nos digan nada. Nos tienen miedo, lo sé. Se les nota en la cara. 
Vienen como a una cuadra, ven la masa de gente que espera y el chasis se les encoge de temor. Por eso no se detienen es la parada de la cooperativa, porque somos muchos y metemos un poco de miedo. 
_¡Pero ese tenía lugar! ¿ Por qué no paró?
Porque tenía eepacio para cuatro y nosotros somos veinte, pienso, mientras trato de forzar la miopía y adivinar si ya está viniendo el siguiente candidato a desilusionarnos. 
Somos muchos, esa es (paradójicamente) nuestra debilidad. Ellos también son muchos, pero secretamente todos en la parada de la cooperativa sabemos que no son reales, salvo que hayan salido de Libia. Ahí sí, suelen parar, a veces. 

El resto solo son espejismos del STM.




Ensayo y error. Sigo viviendo en el ensayo y error.
.Ayer de noche pasadas las diez saqué a la perrita, que se fue con su amigo el sereno. Antes de dormir fui a buscarla y vino sin problemas, pero después me dormí entre ladridos, porque se ve que hubiera querido quedarse afuera. 
Hoy me levanté 15 minutos antes, para poder salir a una hora en que los buses aún se detengan en mi parada. La saqué, al rato pidió para entrar y cuando yo iba a salir se puso a ladrar. No había comido lo que le di, se ve que tropezó con la bandejita y estaba todo tirado por el patio, así que tomé una decisión. Junté la comida, la puse en el frente, cerré el galpón, abrí la ventana y le dije a Roldana que saliera nomás al patio, que la intrusa hoy se queda afuera. 
Ella quiso entrar, obvio, pero SIEMPRE quiere entrar o salir. 
Me fui pegándole unos gritos y amenazándola, porque quería seguirme. Y aquí estoy, viendo si entre un COPSA y un Cutcsa llego a tiempo al liceo $ extra, cansancio y dudas, otra vez. 
Lo dicho: ensayo y error. 
Vamos q ver cómo le va volviendo al exterior durante el día.

Oooom.




21 de marzo:
* día internacional de los bosques
* día internacional de la eliminación de la discriminación racial
* día internacional del síndrome de down
* día internacional de la poesía
* día nacional de adopción de perritas jóvenes, simpáticas y lindas.
Ah... ¿No es oficial aún? 

Ufa.




Hay personas que ya vienen adosadas a ciertos lugares: uno no puede recorrerlos sin cruzárselos. Vienen en pack. Siempre están. 
El señor canoso que toma la presión a voluntad por 18 por las noches, por ejemplo. ¿Desde cuándo lo hace, por qué, con qué ganancia? 
O la chica muy flaca que eternamente me cruzo por la rambla, corriendo agitada y moviendo frenéticamente los bracitos para quemar una caloría más por lo menos. No importa a qué hora vaya yo o a qué altura baje, ella siempre va a estar.
Ahora que algunas veces por semana trabajo en la Ciudad Vieja estoy en condiciones de agregar un nuevo integrante a la tribu de los habitués urbanos: el treintañero del torso desnudo. Siempre lo veo cerca de la Plaza Independencia, caminando rápido de pantalón deportivo negro y sin camisa, como si el calor lo estuviera matando aunque sea a la tardecita y en momentos en que el resto de los mortales ya hemos echado mano a un saco por lo menos. Yo creo que él se debe de sentir muy sexy aunque no lo es, no lo es. Demasiado músculo y caja torácica para poca altura. Puro pecho y brazos. Y además semidesnudo por 18 en un atardecer otoñal... No da. 
¿Será que todos somos personajes para la mirada de un otro que nos tiene claros, y no precisamente porque le gustemos?

Mejor no hablar (ni enterarse) de cier tas co sas.




Después que salí del trabajo a las 17. 30
Después que bajé en Tienda Inglesa a comprar atún para Roldana
Después que fui a la veterinaria a pedir una correa prestada
Después que justo llegó mi vecina y llevamos a la perrita
Después que fui a hacer mandados porque la convaleciente ya está comiendo y en casa no había carne
Después que pasé por la veterinaria a comprar la latita cara que es lo que en realidad quiere Roldana
Después que hice arroz con carne, esperé que se enfriara y serví la cena en el patio
Después que le di de comer a las dos criaturas de mi casa
Siendo las 20.37

Voy a comer algo yo.




En cuestión de trabajo 2015 para mí fue el año de (re)descubrir el IAVA, con toda la maravilla que eso conlleva. 2016 significó un exceso de carretera y CITAs que se comieron demasiado de mi (poco) tiempo libre 2017, por ahora, se perfila como el año Ciudad Vieja. 
Esto de trabajar en una oficina, con adultos, de andar por las veredas angostas y ventosas, de no estar al frente de un grupo humano sino al costadito, me encanta. 
Hoy entré tanto en personaje que cargué una carpeta llena de documentos y hasta me compré un café para llevar en el CA1, onda persona apurada y con agenda rebosante de trabajo, aunque por fuera por ahora no doy ni bancaria ni ejecutiva ni secretaria. Ni lo voy a dar. 
Bienvenidos los cambios. 

Y que el 2018 se vaya preparando.




Escena ciudadana
_ ¿Me das 50 ravioles de verdura?
_ Sí... Le aviso que a partir de mañana solo se van a vender en cajas cerradas de 100, hasta que cierren. 
_ Ah, no sabía... ¿Van a cerrar esta sucursal?
_ No: van a cerrar la empresa entera. 
_...!!!
_ Sí. Los hijos del dueño fundieron todo. Él se jubiló hace 4 años y ya ve... 120 empleados quedamos en la calle. Algunos con 40 años de trabajo en la firma...No sé qué vamos a hacer.

La mirada de la mujer era triste y sin brillo; le deseé suerte y me fui con mis 50 ravioles de verdura. Cosa jodida que la vida te haga esta pirueta cuando ya no tenés 20 años, pensé. Y seguí mi camino hacia Arbolito, pensando que esto de ser docente de la enseñanza pública es una suerte por muchos motivos, algunos de los cuales ni me detengo a pensar cada día. Pero son.




El chofer del 112 viene charlando con un amigo.
¿Fútbol, tele, mujeres, política? 
No. No precisamente.
_ El gato de la vecina empezó a venir al patio a comer la comida de los perros, después se fue quedando... y se quedó. 
_Yo al gato lo encontré en un estado lamentable. La primera noche estaba con convulsiones Mi mujer y mi hija no durmieron en toda la noche para cuidarlo. 
_Cuando me mudé me llevé dos ovejeras, una al final se me murió por la enfermedad del cachorro. Estuvo pila sufriendo pero no había cura. 
_ Y ahora tengo 14 gatos. 

_ Antes apenas se movía, ahora cada vez que llega alguien hace un escándalo...




La buena noticia de las diez y media de la noche es que por primera vez desde el jueves pasado la perrita comió algo. 

La mala noticia (para mí) es que lo que quiere en su convalecencia es la comida hiper cara de Roldana, ay, dios...




Aquí estamos. 
Yo controlo que el suero siga bajando y que la perrita no arrolle la mano.
Ella solo me mira y de vez en cuando me lame los dedos. 

Aquí estamos. Aún.




Actualización de estado.
Hace días que no escribo mucho, porque he estado pendiente de los perros. Hay buenas y malas noticias. 
Lo malo es que la perrita, la madre, está con algo viral, tal vez joven edad o parvovirosis, y la tenemos desde el sábado meta suero, vitaminas y antibióticos, pero no repunta gran cosa. Se pasa el día tirada en un rincón del patio sin moverse, apenas prueba el agua y no quiere comer nada. Me mira con esos grandes ojos y me parte el alma, pero no se queja. Es lo más manso que he visto. 
Los cachorros han sido abandonados (ella no tiene recursos como para amamantarlos), por lo cual les he estado dando yo de comer (una papilla hecha de leche y comida para cachorros molida, porque no tienen dientes aún, andan por los 21 días). El problema es que yo paso la mayor parte del día fuera de casa, y entre atender a la perra y a Roldana no puedo ocuparme de ellos. La buena noticia es que hoy se los entregué a sus nuevas familias, que los recibieron con amor y cuidados infinitos. Ya sé que algunos de mis amigos fantaseaban con que yo me iba a quedar con todos ellos pero no, ya ven, no puedo. Ambos parecen muy capaces de desenvolverse en sus hogares humanos, de manera que a partir de ahora me concentro en la enfermita, y veremos qué pasa.
Estoy agotada. Enseñarle a comer a los cachorros, andar de acá para allá con la madre, cuidar un poco a la pobre Roldana para que no se sienta desplazada, y encima en los días de comienzo de clases me han dejado liquidada. Necesito un mes de vacaciones, o dormir una noche entera, al menos. 

Gracias por los buenos deseos, consejos y afecto que me (nos) han brindado en este capítulo del fin del verano. Gracias, en serio. Y crucemos los dedos.




_ Vo' ñeri, estos mosquitos son rottweilers... ¡te llegan hasta el hueso!

Los pibes de mi barrio capaz que no tienen claros conceptos como el vocativo, la metáfora y la hipérbole, pero que los saben usar, saben. Y además tienen razón. Malditos mosquitos superpoderosos.




_Colaboren un poquito más, por favor... A ver si pueden pasar por el lado del chofer... Gracias... Pasando, por favor. .
El año 103 arranca con una guarda muy amable y un ómnibus repleto que avanza a paso de caracol. 

En 2017 no habrá crónicas de la CITA, pero del STM es seguro que siempre al decir de Schellemberg, "tenemos que hablaaaar!"




Mañana de perros: parte médico
La criatura mayor (es decir, la perrita aún innominada) ha estado enferma desde el jueves, vomitando y muy decaída. Ayer de noche la saqué un rato a que fuera a saludar a su amigo el sereno y no volvió; esta mañana la encontré en el jardín de una vecina, justo la menos apropiada para esta clase de invasiones, aunque por suerte ni se enteró de su huésped nocturno. 
Ahora acaba de irse la veterinaria, que le dio tres inyecciones y me dijo que suspenda la ración que le había dado antes y que le dé arroz con carne, a ver si se recupera. 
Esto ha renovado las visitas a mi casa y me complica hasta salir, porque todos quieren ver cómo está y cómo andan los cachorros. Ya van tres diferentes vecinos (un veterano, una señora, un niño) que la visitan. El viejo Gómez cuando vio que la veterinaria se iba intentó detenerla porque parece que su gato está también enfermo, pero ella no lo vio.
La nota positiva de la mañana: ¡los cachorros ya ladran! Como fuimos a verlos con la veterinaria primero y con los vecinos después, mientras la perrita se quedaba un rato en el pasto del frente, nos pegaron unos ladriditos de lo más lindos. 

Mañana de sábado en la Guardería Arbolito.




_ ¿Y qué dieron en poesía el año pasado?- pregunté a los gurises del IAVA, que empezaron a nombrar: Delmira, Juana, Rubén Darío... 
_ Zitarrosa- dijo uno- Yo di Guitarra Negra. 
Y nos pusimos a hablar de don Alfredo y sus poemas, que para mi sorpresa los quinceañeros de cuarto conocían muy bien, aunque ni ellos ni yo nos acordábamos de que hoy era su aniversario. 

Inolvidable, Zitarrosa. No puedo ver su foto sin escuchar esa voz que te llegaba (que te llega) hasta el fondo del alma.




_ Pero decime, infeliz, ¿vos perdiste la cabeza? ¿No tenés códigos? ¿Cómo vas a picarme la pierna en pleno viaje de ómnibus y soñar con salir ileso? No, viejo. Fuiste. Y saludos a la abeja o similar que me clavó el aguijón en el meñique el otro día, en la marcha. Ella capaz que sobrevivió. Vos: lo siento. Ya sos historia. Desubicado




Leo por ahí que la NASA busca restaurar la atmósfera de Marte para que tenga un clima más cálido y sea un territorio habitable, y me parece estar viviendo en una novela de ciencia ficción. 
Después me cuentan que Melbourne coloca personajes femeninos en sus semáforos para sensibilizar sobre la igualdad entre sexos, y me doy cuenta de que seguimos en la era victoriana. 

¿Cuándo vamos a estar en el presente?




¿Se acuerdan que ayer contaba de una octogenaria con pinta de deportista? 
La acabo de ver de nuevo. Pelo corto (ondero), mochila Hi Tec, bastón, pantalón deportivo colorido y Crocs. azules 

Ella no me conoce, pero yo voy a fundar su Club de Fans.




Subo al ómnibus, veo una cara conocida del pasado y lo saludo.
_ Vos fuiste mi profesor en el IPA. Me acuerdo que era tu primer año ahí.
_¡No me digas! ¿Hace como 30 años?
_ Nooo... ¡Qué exagerado!
_ ¿No era en el 87?
_ Uh... Sí.

(Repite conmigo: el tiempo no existe... el tiempo no existe... lpm...)




Nobleza obliga.
Siendo las 12.47 del 2 de marzo de 2017, cuando estoy a pocos días de iniciar mi año lectivo número 28, debo reconocer que tengo los mejores horarios que me han hecho en un liceo en toda la vida. 
IAVA ♡
Toco madera. 

Y sonrío.




El señor nos ofrece medias en medio del calentamiento global versión 103 y a todos nos empieza a correr un hilito nuevo de transpiración por la cara. Vuelva mañana, buen hombre. Hoy imposible. Helados, no vende? Ah, no, comprendo... Mañana podremos volver a pensar en medias, dicen, y nosotros lo creemos. Por hoy imposible. Disculpe, eh? Y suerte. Para todos, suerte. Crucemos los dedos...




Parada de mi cooperativa, recién. 
4 personas además de mí: un padre joven, su hijo de dos años, una mujer de mi edad y una señora octogenaria. Durante los tres minutos que demoró en venir mi 103 el niño se mantuvo silencioso,:dando vuelta a uno de los pilares de la parada. El padre lo miraba sonriente mientras la señora de mi edad lo acribillaba a interrogantes previsibles y terminaba preguntándole dos veces:
_ ¿Qué pasa que no me contestás? ¿Te comieron la lengua los ratones? 
A todo esto la octogenaria esperaba el ómnibus concentrada en su mundo: bastón en mano, championes en los pies y mochila deportiva a la espalda. 
Las dos mujeres me parecieron de pronto actrices que hubieran cambiado de roles tradicionales pero olvidaron caracterizarse y seguían con la apariencia original. 

Eso, o el calor me está haciendo alucinar.





El vendedor de condimentos de REMAR que sube con un compañero al 316 hace quince minutos que cuenta historias tristes de su vida. Oscila entre querer dar lástima (mi madre me abandonó, mi padre se fue a España), mostrarse como un héroe (yo vi un niño en la calle y fui al supermercado a comprarle comida y le pregunté cómo se llamaba y por qué estaba ahí), dar un mensaje moral (la gente que está en la calle también tiene corazón, como ustedes...yo les pido que levante la mano el que nunca tomó una decisión equivocada...) y meter un poco de religión (hace poco volví a encontrar a mi madre, la llevé a la Iglesia.. ). 
Y yo no le creo nada. Solo veo un pibe ganándose unos pesos con un speech de libro. ¿Será porque a esta historia ya la he escuchado veinte veces en boca de diferentes emisores, o me estaré volviendo indiferente? No sé. 
Marzo arranca con calor y dudas. Mas calor que dudas. Oom.