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domingo, 5 de marzo de 2017

DESCUBRIMIENTOS DE DOMINGO





1. De la instauración de nuevas (y sanas) costumbres.
A partir de hoy la perrita se acostumbró a salir a corretear un rato por Arbolito y volver a los quince minutos. No sé si viene por los cachorros o para pedir comida, pero se trata de un hábito feliz y saludable que decido alentar, por el momento.

2. De la resistencia de las mascotas
_ ¿Y, Gómez, cómo está el gato?
_ Ahí anda… La veterinaria dice que tiene cáncer, pero ayer le dieron una inyección y volvió a comer y a andar por todos lados. Vamos a ver.
Gomecito es mayor que Roldana, y hace semanas que no lo veo en la vereda. Viene bravo el verano en Arbolito para los viejos felinos. Cruzo los dedos.

3. De la integración a las actividades barriales.
Cuando salí no tenía la menor idea de por qué estaba cortada Camino Maldonado, hasta que mi vieja (por teléfono) me contó que hoy llegaban los ciclistas. Vivo a dos cuadras del Fénix pero no tengo ni la menor idea. Ni falta que hace. 

4. De hallazgos callejeros.
a) Una ovejita rosada de plástico de 3 cm.
b) Dos cordones de championes azul bolita.
c) Muchas flores de madera al pie de un árbol en el Prado, de esas que hace añares no encontraba en Montevideo (la última vez que las vi fue al pie de la iglesia en lo alto de Barga).
d) Dos sillones violeta en la vereda.
e) Una mesada que parecía de mármol al costado de un contenedor.

5. De las excursiones al Prado al mediodía.
Quiero vivir en el Prado, ir a caminar bajo la sombra de los árboles del Botánico y sentarme a leer en los bancos del rosedal, pero la próxima vez tengo que investigar mejor el tema panaderías o bien llevarme comida hecha desde casa, porque el tiempo pasa muy rápido entre lo verde y el hambre no admite autoengaños.

6. Del fantasma de la envidia
Vi la exposición de fotos a cielo abierto que registra los hallazgos de los últimos años en el arroyo Vizcaíno. Quiero todos esos huesos en mi casa. No, no tengo lugar. Pero igual.

7. Del registro indiscreto de los diálogos ajenos.
Familia de tres mujeres de distintas generaciones sentadas en el pasto mientras dos niños correteaban en la vuelta. Empieza la viejita: 
_ Yo tuve una vida buena. 
_ ¿Y ahora no la tenés?
_ No, ahora no. Ya casi no oigo, no veo bien...
_ ¡Pero estás viva, abuela! ¿Qué edad tenés?
_ 94.
_ No podés quejarte así… ¡Vos estás bárbara! ¿Sabés a dónde te vamos a llevar de paseo la próxima vez?- interviene la hija- A un asilo. Ahí vas a ver lo que es una vejez complicada. Pobre gente que no tienen familia o que no se pueden mover. Vos tenés una buena vejez, ¿y sabés por qué? Porque dios se está acordando de vos y te da una vejez como esta, con tu familia y bien. Así que no te quejes. 
Me interno de nuevo en el rosedal para sacar unas fotos y de pronto siento unos ruidos a mi espalda: son los dos niños de la familia, un nene de 6 y una niña de 3. Él me mira, levanta los ojos a la bóveda de ramas y flores y concluye:
_ Este es un precioso lugar para sacar fotos. 
_ Tenés razón.- le digo. 
Se van de la mano, mirando todo con ojos embelesados, mientras a unos metros la viejita de 94 comienza a hacer la cuenta de todos sus conocidos que ya no están y concluye que sí, que evidentemente dios se está acordando de ella y por eso le da tantos años de vejez tranquila con la familia. 


8. De la pertinencia de ciertas músicas de bus.
El chofer de la vuelta (195) vino a todo Redondos las cuatro horas de viaje de Paso Molino hasta el Intercambiador Belloni (que estaba a pura cumbia). Me dieron ganas de abrazarlo con lágrimas en los ojos: ¡gracias, gracias!

9. De sospechosos intentos de transacción comercial en mi barrio.
Puerta del Disco. Una chica jovencita, con un vestido gris y turquesa con pinta de nuevo en las manos.
_ Hola, ¿no querés comprar un vestido? $100.
_ Hola. No, gracias.
_ Por 60 te lo puedo dejar. 
_ No, gracias. 
Algo huele mal en la puerta del Disco, y esta vez no son productos con fecha de vencimiento adulterada. A esa altura yo moría de hambre y no me dio ni para pensarlo: eran las tres de la tarde y la causa de mi estómago no admitía la menor demora, pero algo huele mal. Seguro. 
Y me fui. 

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